Qué le pasa a un gato cuando está en celo

Si convives con una gata y un día empieza a maullar como si estuviera ensayando para una ópera a las tres de la mañana, se vuelve más cariñosa de lo habitual y parece incapaz de estarse quieta, es muy probable que haya entrado en celo.

Para quienes lo viven por primera vez, puede resultar desconcertante. De repente, esa gata tranquila que pasaba buena parte del día durmiendo al sol parece haberse transformado. Sin embargo, todos estos cambios forman parte de un proceso completamente natural relacionado con su ciclo reproductivo.

Entender qué ocurre durante el celo ayuda a acompañarla mejor durante esos días y a comprender que muchos de los comportamientos que muestra no son caprichos ni malos hábitos, sino respuestas instintivas de su organismo.

Cambios físicos y de comportamiento durante el celo

Cuando una gata entra en celo, su cuerpo experimenta una serie de cambios hormonales que desencadenan comportamientos destinados a atraer a los machos y facilitar el apareamiento.

Esta fase, conocida como estro, forma parte del ciclo reproductivo felino. Aunque la duración puede variar de una gata a otra, suele prolongarse alrededor de una semana, aunque algunas pueden permanecer en celo menos tiempo y otras algunos días más.

Durante este periodo es habitual observar cambios muy evidentes en su comportamiento. Muchas gatas se muestran más activas, inquietas y pendientes de lo que ocurre a su alrededor. Otras buscan más contacto físico de lo habitual y parecen necesitar compañía constantemente.

Es importante recordar que no se trata de un cambio de personalidad. Simplemente están respondiendo a las señales hormonales propias de esta etapa.

Más cariñosa y necesitada de atención

Uno de los comportamientos que más suelen llamar la atención es el aumento de la afectividad.

Muchas gatas comienzan a buscar el contacto con más frecuencia, se frotan contra las piernas de sus humanos, reclaman caricias y parecen querer compañía a todas horas. Incluso aquellas que normalmente son más independientes pueden mostrarse especialmente cercanas durante estos días.

Además de buscar el contacto con las personas, también es habitual que se froten contra muebles, puertas, paredes u otros objetos de la casa. Este comportamiento no es casual. Forma parte de su manera de dejar señales olfativas y comunicarse con otros gatos.

Para quien no esté familiarizado con el celo, esta actitud puede parecer simplemente una muestra de cariño extra. Y aunque efectivamente muchas gatas se vuelven más mimosas, detrás de ese comportamiento también existe una función relacionada con la reproducción.

Las vocalizaciones se vuelven mucho más intensas

Si hay algo que suele identificar rápidamente a una gata en celo son los maullidos.

Y no hablamos de los maullidos habituales con los que pide comida o reclama atención. Durante el celo, las vocalizaciones suelen ser más fuertes, prolongadas y repetitivas.

El objetivo es muy claro: atraer a posibles machos que se encuentren en la zona.

Por eso muchas personas describen estos sonidos como lamentos o llamadas insistentes. Además, suelen intensificarse durante la noche, cuando la casa está en silencio y cualquier maullido parece multiplicarse por diez.

Aunque puede resultar agotador para quienes conviven con ella, es un comportamiento completamente natural dentro del ciclo reproductivo.

Marcaje territorial y señales olfativas

Además de las vocalizaciones, las gatas en celo utilizan otros métodos para comunicar que están receptivas.

Uno de ellos es el marcaje mediante señales olfativas. Al frotarse contra distintos objetos dejan feromonas que forman parte de su forma natural de comunicación.

También puede aumentar la frecuencia con la que orinan o aparecer conductas relacionadas con el marcaje. A través de la orina liberan señales químicas que ayudan a atraer a los machos y a comunicar su estado reproductivo.

Este comportamiento puede resultar incómodo dentro de casa, especialmente cuando aparece en lugares poco apropiados, pero forma parte de un proceso instintivo asociado al celo.

La característica postura de apareamiento

Otro signo muy común es la adopción de una postura corporal muy característica.

Muchas gatas arquean la espalda, elevan la parte trasera del cuerpo y colocan la cola hacia un lado cuando reciben estímulos o caricias en determinadas zonas. Esta postura, conocida como lordosis, es una respuesta refleja relacionada con el apareamiento.

También pueden revolcarse con frecuencia por el suelo o mostrarse especialmente inquietas.

A veces, quienes nunca han convivido con una gata pueden interpretar estos movimientos como una simple forma de jugar o buscar atención, cuando en realidad forman parte del comportamiento reproductivo propio del celo.

Su principal objetivo: atraer a los machos

Durante estos días, gran parte de los comportamientos de la gata tienen una finalidad común: llamar la atención de los machos.

Las vocalizaciones, las feromonas, el lenguaje corporal y el marcaje trabajan conjuntamente para comunicar que está receptiva.

Cuando hay gatos machos en las inmediaciones, esta situación puede generar una gran actividad alrededor de la vivienda. No es raro que aparezcan gatos en jardines, patios o ventanas atraídos por las señales emitidas por la hembra.

En algunos casos incluso pueden producirse enfrentamientos entre machos que compiten por acercarse a ella.

Cuánto dura el celo y con qué frecuencia aparece

La duración del celo no es exactamente igual en todas las gatas.

Lo más habitual es que se prolongue entre tres y diez días, aunque existen diferencias individuales. Si no se produce el apareamiento ni una gestación, la gata abandona temporalmente esta fase y, pasado un tiempo, vuelve a iniciar un nuevo ciclo reproductivo.

La frecuencia con la que aparecen estos ciclos puede verse influida por distintos factores, entre ellos la fisiología de cada animal y las condiciones ambientales.

Por eso algunas gatas parecen entrar en celo con bastante frecuencia, mientras que otras presentan ciclos más espaciados.

Las gatas de interior pueden tener celo durante todo el año

Existe un detalle que sorprende a muchos cuidadores.

Las gatas que viven dentro de casa suelen estar expuestas a iluminación artificial durante muchas horas al día y disponen de alimento de forma constante. Estas condiciones pueden alterar las señales naturales que regulan la reproducción.

Como consecuencia, algunas gatas de interior pueden presentar ciclos de celo durante prácticamente cualquier época del año.

Esto suele diferenciarse de lo que ocurre en muchas gatas que viven al aire libre, donde los cambios de luz entre estaciones tienen una influencia más evidente sobre el ciclo reproductivo.

Por ese motivo, quienes conviven con una gata exclusivamente en interior pueden encontrarse con episodios de celo incluso en momentos del año en los que no los esperarían.

Comprender el celo ayuda a cuidar mejor de tu gata

El celo puede ser una etapa intensa tanto para la gata como para quienes viven con ella. Los maullidos constantes, la inquietud, la necesidad de atención o los comportamientos de marcaje pueden resultar difíciles de gestionar, especialmente cuando se presentan por primera vez.

Sin embargo, entender que todos estos cambios forman parte de un proceso biológico natural ayuda a afrontarlos con más paciencia y tranquilidad.

Una gata en celo no está comportándose mal ni intentando poner a prueba a nadie. Simplemente está siguiendo los impulsos naturales de su organismo.

Conocer las señales y saber qué está ocurriendo permite acompañarla mejor durante este periodo y valorar las distintas opciones de manejo disponibles para garantizar su bienestar y una convivencia más tranquila para todos.

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