Ver a tu gato vomitar de vez en cuando puede ser algo relativamente habitual. Sin embargo, cuando ocurre después de casi todas las comidas, la situación deja de ser una simple molestia para convertirse en una señal de que algo no va bien.
Muchos propietarios piensan que algunos gatos son «vomitadores profesionales» por naturaleza. Y aunque es cierto que los felinos pueden regurgitar o vomitar con más facilidad que otras especies, hacerlo de forma frecuente nunca debería considerarse normal.
Si tu gato vomita después de comer, es importante intentar averiguar qué está provocando ese problema para poder actuar cuanto antes.
No siempre es un vómito de verdad
Lo primero que conviene diferenciar es si se trata de un vómito o de una regurgitación.
Aunque suelen confundirse, no son exactamente lo mismo.
La regurgitación ocurre poco después de comer. El alimento suele salir prácticamente sin digerir y el gato apenas realiza esfuerzo. A veces simplemente baja la cabeza y la comida vuelve a aparecer.
En cambio, el vómito suele ir acompañado de náuseas, arcadas y contracciones abdominales. Además, el contenido aparece parcialmente digerido y mezclado con líquidos gástricos.
Esta diferencia puede aportar información muy valiosa al veterinario.
Come demasiado rápido
Una de las causas más frecuentes es también una de las más simples.
Algunos gatos engullen la comida con una velocidad sorprendente. Parece que alguien les ha convencido de que otro gato invisible va a robarles el plato en cualquier momento.
Cuando comen demasiado deprisa, el estómago puede distenderse rápidamente y provocar que el alimento vuelva a salir poco después.
Esto suele ocurrir especialmente en gatos que han pasado épocas de escasez, en hogares con varios animales o en aquellos que muestran mucha ansiedad por la comida.
En estos casos, dividir la ración diaria en varias tomas pequeñas o utilizar comederos interactivos puede ayudar.
Cambios bruscos de alimentación
El sistema digestivo de algunos gatos es bastante sensible a los cambios.
Introducir un alimento nuevo de forma repentina puede provocar molestias digestivas, vómitos o diarrea.
Por eso, cuando se cambia de pienso, comida húmeda o dieta casera, lo recomendable es realizar una transición gradual durante varios días.
Así permitimos que el aparato digestivo se adapte poco a poco.
Bolas de pelo
Los gatos dedican buena parte de su tiempo a acicalarse y, durante ese proceso, tragan pelo.
Normalmente este pelo atraviesa el sistema digestivo sin problemas, pero en algunos casos puede acumularse y favorecer episodios de vómito.
Los gatos de pelo largo suelen ser más propensos, especialmente durante las épocas de muda.
Si además observas mechones de pelo en el vómito, esta posibilidad cobra más fuerza.
Intolerancias o sensibilidades alimentarias
Algunos gatos presentan dificultades para tolerar determinados ingredientes.
En estos casos pueden aparecer síntomas digestivos como vómitos recurrentes, diarrea o malestar después de las comidas.
Las proteínas son las responsables más habituales de estas reacciones, aunque identificar el ingrediente concreto no siempre resulta sencillo.
Por eso suelen ser necesarios cambios dietéticos controlados bajo supervisión veterinaria.
Enfermedades digestivas
Cuando los vómitos son frecuentes o persistentes, es importante considerar problemas gastrointestinales.
Algunas enfermedades inflamatorias del intestino pueden provocar vómitos repetidos, pérdida de peso y alteraciones del apetito.
También pueden existir problemas en el estómago, el esófago o el tránsito digestivo que dificulten una digestión normal.
En estos casos, el vómito suele ser solo uno de varios síntomas presentes.
Parásitos y otras infecciones
Aunque solemos asociarlos más a los gatitos, algunos parásitos intestinales también pueden afectar a gatos adultos.
Dependiendo del tipo de infestación, pueden aparecer vómitos, diarrea, pérdida de peso o alteraciones digestivas persistentes.
Las infecciones gastrointestinales también pueden provocar síntomas similares.
Por eso los programas de desparasitación periódica siguen siendo importantes incluso en gatos que viven exclusivamente dentro de casa.
Enfermedades fuera del aparato digestivo
No todos los vómitos tienen su origen en el estómago.
Existen enfermedades que afectan a otros órganos y que pueden manifestarse mediante vómitos frecuentes.
Por ejemplo, la insuficiencia renal crónica es relativamente común en gatos mayores y puede provocar náuseas, pérdida de apetito y vómitos recurrentes. También pueden aparecer otros síntomas como aumento de la sed, pérdida de peso o menor actividad.
Los problemas hepáticos, algunas alteraciones hormonales y otras enfermedades sistémicas también pueden estar detrás de este síntoma.
Cuándo debes acudir al veterinario
Un vómito aislado no siempre indica una enfermedad grave.
Sin embargo, conviene solicitar una revisión si observas cualquiera de estas situaciones:
- El gato vomita después de la mayoría de las comidas.
- Hay pérdida de peso.
- Aparece apatía o disminución de actividad.
- Se observa sangre en el vómito.
- Existe diarrea persistente.
- Ha dejado de comer con normalidad.
- El problema lleva varios días o semanas repitiéndose.
Cuanto antes se identifique la causa, más sencillo suele ser resolver el problema o controlar la enfermedad subyacente.
Conclusión
Las causas por las que un gato vomita después de comer pueden ser muy variadas. Desde algo tan sencillo como comer demasiado deprisa hasta enfermedades digestivas o problemas de salud más importantes.
Por eso no conviene asumir que los vómitos frecuentes forman parte de la personalidad del gato o que son algo normal por el hecho de ser felino.
Si tu compañero devuelve la comida de forma habitual, merece la pena investigar qué está ocurriendo. Porque aunque ellos tengan fama de misteriosos, cuando un gato vomita después de casi cada comida suele estar intentando decirnos que algo necesita atención.