Por qué los gatos no pueden saborear lo dulce

Si alguna vez has ofrecido a tu gato un trocito de fruta o has visto que ignora por completo un alimento muy dulce, probablemente te hayas preguntado si simplemente no le gusta… o si ocurre algo más.

La respuesta es bastante sorprendente: los gatos prácticamente no pueden percibir el sabor dulce.

No se trata de una cuestión de preferencias. Es una característica de su biología que está directamente relacionada con su evolución como cazadores.

Los gatos han perdido el receptor del sabor dulce

Los mamíferos detectamos los sabores gracias a unos receptores situados en las papilas gustativas de la lengua.

Para percibir el sabor dulce hacen falta dos proteínas que trabajan juntas formando un receptor específico.

En los gatos ocurre algo diferente.

Uno de los genes responsables de fabricar ese receptor dejó de funcionar correctamente durante su evolución. Como consecuencia, el receptor del sabor dulce no se desarrolla de forma funcional y los gatos no pueden detectar este sabor como lo hacemos nosotros.

¿Por qué ocurrió esto?

La explicación está en la alimentación.

Los antepasados de los gatos eran cazadores especializados que obtenían prácticamente toda su energía de animales.

Las presas contienen abundantes proteínas y grasas, pero muy pocos azúcares.

Como el sabor dulce no aportaba información útil para encontrar alimento, la capacidad para detectarlo dejó de ser importante desde el punto de vista evolutivo.

Con el paso de miles de generaciones, el receptor acabó perdiendo su función.

Un carnívoro estricto no necesita buscar azúcar

Muchos animales omnívoros o herbívoros utilizan el sabor dulce para identificar frutas maduras y otros alimentos ricos en carbohidratos.

Los gatos, en cambio, son carnívoros estrictos.

Su organismo está diseñado para obtener los nutrientes esenciales principalmente de tejidos animales, por lo que no necesitan localizar alimentos dulces para sobrevivir.

Esta diferencia explica por qué su sentido del gusto funciona de manera distinta al nuestro.

Entonces, ¿por qué algunos gatos parecen interesarse por los dulces?

A veces un gato intenta probar un helado, un yogur o un trozo de pastel.

Sin embargo, normalmente no lo hace porque perciba el azúcar.

Lo que suele atraerle son otros componentes presentes en esos alimentos, como:

  • La grasa.
  • Las proteínas de la leche.
  • La textura cremosa.
  • El olor.

Es decir, el interés suele estar relacionado con características distintas al sabor dulce.

¿Qué sabores sí perciben?

Aunque no detecten el dulce, los gatos sí pueden identificar otros sabores.

Por ejemplo:

  • Salado.
  • Ácido.
  • Amargo.
  • Umami, que está asociado a aminoácidos presentes en la carne.

Este último resulta especialmente importante para un depredador cuya alimentación depende casi por completo de alimentos de origen animal.

¿Tienen menos papilas gustativas?

Sí.

Los seres humanos tenemos alrededor de 8.000 a 10.000 papilas gustativas, mientras que los gatos poseen aproximadamente unas 470.

Eso no significa que tengan un mal sentido del gusto.

Simplemente dependen mucho más del olfato que del sabor para decidir si un alimento les resulta atractivo.

El olfato manda mucho más que el gusto

Cuando un gato se acerca al comedero, lo primero que hace es oler cuidadosamente la comida.

Su nariz desempeña un papel mucho más importante que la lengua a la hora de aceptar o rechazar un alimento.

Por eso dos comidas con una composición muy parecida pueden provocar reacciones completamente distintas si desprenden aromas diferentes.

¿Puede esto influir en su alimentación?

Sin duda.

Comprender que los gatos no perciben el dulce ayuda a entender por qué ciertos alimentos que para nosotros resultan irresistibles no despiertan ningún interés en ellos.

También explica por qué la mayoría prefieren un pequeño trozo de pollo o pescado antes que cualquier postre.

Su cerebro simplemente está programado para buscar aquello que realmente necesita.

Conclusión

Los gatos no sienten el sabor dulce porque, durante su evolución, perdieron el funcionamiento de uno de los receptores necesarios para detectarlo. Como carnívoros estrictos, nunca necesitaron identificar alimentos ricos en azúcar para sobrevivir.

En cambio, dependen mucho más del olfato y muestran una gran sensibilidad hacia los sabores relacionados con la carne.

Así que, si alguna vez tu gato ha ignorado por completo un trozo de tarta mientras observaba con absoluta concentración un filete de pollo, no estaba siendo difícil. Simplemente estaba siguiendo millones de años de evolución que le recuerdan qué alimentos tienen realmente sentido para un pequeño depredador.

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