Estás cortando fruta en la cocina y aparece tu gato. No porque tenga un interés especial por la alimentación saludable, sino porque has abierto algo, estás manipulando comida y, por tanto, considera imprescindible supervisar la operación.
Le das un trocito de melón, lo huele y se marcha. Después intenta robar exactamente aquello que no pensabas ofrecerle.
Hasta aquí, comportamiento felino perfectamente normal.
El problema es que no todas las frutas son apropiadas para los gatos y, en algunos casos, determinadas partes de la fruta pueden contener sustancias tóxicas. También circulan muchas listas por internet que mezclan alimentos realmente peligrosos con otros que simplemente pueden provocar molestias digestivas, así que conviene distinguir unas cosas de otras.
Si buscamos frutas prohibidas para gatos, hay además un matiz importante: a veces el peligro no está en la pulpa, sino en las semillas, huesos, piel, hojas o tallos.
Importante: Este artículo tiene únicamente fines informativos y no sustituye la valoración de un veterinario. Si tu gato ha ingerido una fruta o una parte de una planta potencialmente tóxica, especialmente semillas, huesos, pieles u otras partes no comestibles, consulta con un profesional indicando qué ha comido y, si es posible, la cantidad aproximada. No provoques el vómito ni administres remedios caseros sin indicación veterinaria.
¿Los gatos necesitan comer fruta?
No.
Los gatos son carnívoros obligados y sus necesidades nutricionales son muy diferentes de las nuestras. Una alimentación completa formulada para ellos ya debe proporcionar los nutrientes que necesitan sin que tengamos que añadir fruta para «completar» su dieta.
Eso no significa que un pequeño trozo de una fruta segura vaya a ser necesariamente perjudicial para un gato sano.
Simplemente, la fruta debería considerarse como un extra ocasional, no como una parte necesaria de su alimentación.
Además, contiene azúcares y calorías que también cuentan. Si tienes un gato con sobrepeso, diabetes, alguna enfermedad digestiva o una dieta veterinaria, conviene consultar antes de introducir extras.
Uvas y pasas: aquí conviene ser prudentes
Las uvas y las pasas aparecen constantemente en las listas de alimentos tóxicos para mascotas porque pueden producir lesiones renales graves en los perros. El mecanismo se ha relacionado con el ácido tartárico, aunque la toxicidad está mucho mejor establecida en perros que en gatos. La ASPCA señala actualmente que los gatos expuestos pueden presentar molestias gastrointestinales, mientras que el daño renal asociado a uvas y pasas está documentado principalmente en perros.
Entonces, ¿podemos darle uvas tranquilamente a un gato?
No merece la pena.
Existe información mucho más limitada sobre su efecto en gatos y no aportan ningún beneficio que justifique experimentar. Por prudencia, mantén uvas y pasas fuera de su dieta y consulta con un veterinario si ha ingerido una cantidad importante o presenta síntomas.
Esto incluye también alimentos que contienen pasas, como determinados panes, bizcochos, cereales o mezclas de frutos secos.
No hace falta comprobar personalmente si tu gato es la excepción científica que necesitábamos.
Cerezas: cuidado especialmente con el hueso, las hojas y los tallos
Las cerezas necesitan una explicación un poco diferente.
El problema principal no es la pulpa madura, sino otras partes de la planta y, especialmente, el hueso. Los huesos de algunas frutas del género Prunus contienen compuestos capaces de liberar cianuro cuando se dañan o mastican.
Además del posible problema tóxico, tragarse un hueso plantea riesgos mecánicos para el aparato digestivo. La ASPCA también advierte de que determinados huesos de frutas, como los de cereza, pueden liberar sustancias peligrosas cuando son masticados o triturados.
Por tanto, no dejes que el gato juegue con cerezas enteras ni con sus huesos.
Puede que tú veas una fruta.
Él puede ver una pelota pequeña, roja y sospechosamente divertida.
Melocotones, albaricoques y ciruelas: el problema está en el hueso
Algo parecido ocurre con melocotones, albaricoques y ciruelas.
Pertenecen al mismo grupo botánico que las cerezas y sus huesos no son algo que un gato deba morder o ingerir. La ASPCA incluye especies de Prunus como albaricoque, ciruelo, melocotonero y cerezo entre las plantas que presentan toxicidad para los gatos.
Además, un hueso tragado entero puede provocar problemas independientemente de su composición química.
Si estás preparando alguna de estas frutas, guarda inmediatamente los huesos en un lugar al que el gato no pueda acceder.
La pulpa madura y separada completamente del hueso no presenta el mismo riesgo, pero tampoco existe ninguna necesidad nutricional de ofrecérsela.
Manzana: la pulpa y las semillas no son lo mismo
Este es un buen ejemplo de por qué hablar simplemente de «frutas tóxicas» puede resultar confuso.
La pulpa de la manzana puede ofrecerse ocasionalmente en cantidades pequeñas a un gato sano. De hecho, la ASPCA la menciona entre los alimentos que pueden utilizarse como pequeños snacks cuando se retiran previamente el corazón y las semillas.
Las semillas son otra historia.
Al igual que ocurre con los huesos de determinadas frutas, contienen compuestos cianogénicos. Por eso, si alguna vez das un pequeño trozo de manzana, debe estar lavado y completamente libre de semillas, corazón y tallo.
No es probable que una semilla que cae accidentalmente al suelo provoque automáticamente una intoxicación grave, pero tampoco hay ningún motivo para permitir que el gato las coma.
Los cítricos tampoco son una buena elección
Limón, lima, naranja, pomelo y otros cítricos contienen aceites esenciales y otros compuestos que pueden causar problemas en los gatos.
La concentración no es igual en toda la fruta. La piel, las semillas y diferentes partes de la planta resultan más preocupantes que una pequeña cantidad de pulpa, y la ASPCA señala que la ingestión de pequeñas cantidades de la parte comestible puede provocar principalmente molestias gastrointestinales, mientras que la piel y otras partes de la planta concentran un mayor riesgo.
En el caso del limón y la naranja, la ASPCA identifica los aceites esenciales y los psoralenos como principios tóxicos y describe posibles signos como vómitos, diarrea, decaimiento y dermatitis. También especifica que la pulpa es comestible mientras que la piel y el material vegetal son los que plantean mayor problema.
Así que no hace falta entrar en pánico porque tu gato haya lamido una gotita de zumo de naranja.
Pero tampoco deberíamos ofrecer cítricos deliberadamente ni permitirle jugar con sus pieles.
La mayoría de los gatos, por cierto, probablemente estarán encantados de colaborar en este punto. El olor intenso de los cítricos no suele ocupar un lugar muy alto en su lista de placeres gastronómicos.
¿Y el aguacate?
El aguacate aparece con frecuencia en listas de alimentos prohibidos para todas las mascotas, pero también necesita matices.
Contiene persina, una sustancia que puede resultar especialmente problemática para determinadas especies. La ASPCA señala que los riesgos más graves asociados al aguacate afectan principalmente a aves, conejos, caballos y rumiantes.
Eso no convierte el aguacate en un alimento recomendable para los gatos.
Tiene un contenido elevado de grasa y el hueso supone además un peligro si el animal intenta morderlo o tragárselo. Por tanto, no hay ninguna ventaja en incluir aguacate en su dieta, aunque tampoco debemos tratar una pequeña lamida de pulpa como si tuviera el mismo riesgo que otras intoxicaciones mucho más graves.
Esta diferencia importa porque una buena lista de alimentos peligrosos debería ayudarnos a actuar con sentido común, no a entrar en pánico cada vez que cae algo de la encimera.
Frutas seguras que pueden comer ocasionalmente
No todas las frutas están prohibidas.
Un gato sano puede probar cantidades pequeñas de algunas frutas como melón, sandía sin semillas, arándanos, fresas o un trocito de manzana correctamente preparado.
Si quieres conocer con más detalle cuáles pueden ofrecerse y cómo hacerlo de forma segura, puedes consultar nuestro artículo sobre qué frutas pueden comer los gatos.
Pero aquí la palabra importante es pequeñas.
No necesitamos preparar una macedonia felina ni conseguir que coma cinco frutas al día. Los beneficios que asociamos al consumo de fruta en nuestra propia alimentación no pueden trasladarse directamente a un carnívoro obligado.
Si quiere probar un pedacito y la fruta es segura, perfecto.
Si lo huele, pone cara de absoluta decepción y vuelve a pedir pollo, tampoco estamos ante ninguna carencia nutricional.
Cuidado con las frutas preparadas para humanos
Aunque una fruta concreta sea segura, la forma en la que nosotros la consumimos puede dejar de serlo.
Mermeladas, frutas en almíbar, tartas, macedonias preparadas, zumos, batidos y postres pueden contener cantidades elevadas de azúcar y otros ingredientes que el gato no necesita.
Y en una receta pueden aparecer alimentos que sí resulten peligrosos.
Por eso no deberíamos decidir si puede comer algo mirando solamente el ingrediente principal.
«Es de manzana» no nos cuenta qué más lleva ese pastel.
Tampoco debemos ofrecer fruta deshidratada sin pensarlo
Al retirar buena parte del agua, la fruta deshidratada queda mucho más concentrada y resulta fácil proporcionar una cantidad excesiva en muy poco volumen.
Además, algunas mezclas comerciales incluyen azúcar añadido, edulcorantes u otros ingredientes.
Y recuerda que las pasas son precisamente uvas deshidratadas, así que siguen dentro del grupo que es preferible mantener completamente fuera del alcance del gato.
Para ofrecer un premio existen opciones mucho más apropiadas para su especie.
¿Qué hago si mi gato ha comido una fruta potencialmente tóxica?
Primero intenta averiguar qué ha comido exactamente, qué parte de la fruta y aproximadamente qué cantidad.
No es lo mismo lamer un poco de pulpa de naranja que masticar varios huesos de cereza.
Si ha ingerido una sustancia potencialmente tóxica, una cantidad desconocida o presenta vómitos, diarrea, babeo, decaimiento, dificultad para caminar, temblores, problemas respiratorios o cualquier comportamiento extraño, contacta cuanto antes con un veterinario.
También conviene consultar rápidamente cuando hablamos de un gatito, un animal muy pequeño o un gato con enfermedades previas.
No provoques el vómito en casa ni administres leche, aceite, sal u otros remedios improvisados salvo indicación expresa de un profesional.
Las frutas son solo una parte de los alimentos domésticos que pueden resultar peligrosos. En nuestra guía sobre qué comidas pueden intoxicar a un gato encontrarás otros alimentos que conviene mantener fuera de su alcance.
No todas las «frutas prohibidas para gatos» tienen el mismo peligro
Esta es probablemente la idea más importante.
Las listas de internet tienden a meter todo en el mismo saco: uvas, limón, aguacate, cerezas, manzana… y parece que un gato corre el mismo peligro si prueba cualquiera de ellas.
No es así.
En algunas frutas el problema se concentra principalmente en semillas, huesos, pieles o partes de la planta. En otras disponemos de mucha más información sobre toxicidad en perros que en gatos. Y otras simplemente no son alimentos apropiados para incorporar habitualmente a la dieta felina.
Por eso, entre las frutas prohibidas para gatos, resulta especialmente sensato evitar uvas y pasas por precaución, mantener fuera de su alcance los huesos y semillas potencialmente peligrosos de frutas como cerezas, melocotones, ciruelas y albaricoques, y no ofrecer cítricos, especialmente sus pieles y material vegetal.
Y si quieres darle un capricho, tampoco necesitamos complicarnos demasiado.
A tu gato probablemente le interesa bastante menos descubrir las propiedades nutricionales de los arándanos que conseguir que abras esa lata que lleva observando desde que entraste en la cocina.
En determinadas cosas, ellos tienen las prioridades muchísimo más claras.