¿Por qué los gatos tienen tanto sueño y duermen más de 12 horas?

Si convives con un gato, probablemente hayas pensado alguna vez que tiene una vida bastante bien montada. Se levanta, come algo, se pega una sesión de aseo, contempla el mundo desde la ventana durante cinco minutos… y vuelve a dormir como si acabara de terminar una jornada laboral de doce horas.

Y no, el tuyo no es especialmente vago. Los gatos duermen muchas horas por naturaleza. Lo habitual en un gato adulto es pasar alrededor de 12 a 16 horas al día durmiendo o echando pequeñas siestas, aunque la cantidad puede variar bastante según la edad, la actividad y el propio individuo. Los gatitos y algunos gatos mayores pueden necesitar todavía más descanso.

Pero ¿qué necesidad tienen de dormir tanto si viven en casa, tienen el plato lleno y su mayor esfuerzo del día consiste en perseguir una pelota por el pasillo? La explicación está, en buena medida, en el gato que siguen llevando dentro.

Los gatos duermen muchas horas porque están diseñados para ahorrar energía

Aunque nuestro gato doméstico no tenga que perseguir ratones para conseguir la cena, conserva buena parte del comportamiento de sus antepasados cazadores.

Cazar exige energía. Acechar, esperar el momento adecuado, correr, saltar y atrapar una presa supone realizar esfuerzos muy intensos durante periodos relativamente cortos. El descanso permite reservar energía para esos momentos de actividad.

En casa la situación es bastante diferente, claro. Mina puede estar convencida de que abalanzarse sobre una goma del pelo constituye una auténtica expedición de caza, pero su comida seguirá apareciendo igualmente en el plato.

Aun así, ese patrón no desaparece.

Por eso es perfectamente normal encontrarnos con un gato que lleva un buen rato aparentemente derretido sobre el sofá y, unos minutos después, corre de una punta a otra de la casa como si alguien hubiera pulsado un botón secreto.

Descanso prolongado y pequeños estallidos de actividad forman parte de su comportamiento natural.

Este patrón no es exclusivo de los gatos que viven cómodamente en casa. Sus parientes salvajes también dedican buena parte del día al descanso; en nuestro artículo sobre cuántas horas duerme un gato salvaje en la naturaleza explicamos por qué esta estrategia resulta tan importante para un cazador.

No todo ese tiempo está profundamente dormido

Aquí hay otro detalle importante: cuando vemos a nuestro gato con los ojos cerrados no significa necesariamente que esté profundamente dormido.

Los gatos distribuyen buena parte de su descanso en pequeñas siestas a lo largo del día y de la noche. Durante algunas de ellas mantienen un sueño relativamente ligero que les permite reaccionar rápidamente ante lo que sucede alrededor.

Seguro que lo has comprobado alguna vez.

Tu gato parece completamente frito sobre la cama. Pasas por su lado y ni se inmuta. Abres discretamente el armario donde guardas sus premios y, misteriosamente, aparecen dos orejas levantadas.

No estaba tan dormido como parecía.

Ese sueño ligero también tiene sentido desde un punto de vista de supervivencia. Un animal que caza pero que también puede encontrarse ante peligros necesita descansar sin desconectarse completamente de su entorno.

Por eso los gatos son auténticos especialistas en las cabezaditas.

Su reloj funciona de manera diferente al nuestro

Otra razón por la que tenemos la sensación de que nuestro gato se pasa el día durmiendo es que sus periodos naturales de mayor actividad no coinciden exactamente con los nuestros.

Los gatos son animales crepusculares, no estrictamente nocturnos. Esto significa que tienden a mostrar más actividad alrededor del amanecer y del anochecer. Es un patrón relacionado con su comportamiento de caza, ya que tradicionalmente esas horas resultaban especialmente interesantes para localizar presas.

Y esto explica algunas escenas que conocemos demasiado bien quienes vivimos con ellos.

A las tres de la tarde: gato completamente desmayado.

A las siete de la tarde: otro pequeño descanso.

Cuando tú decides que ya es hora de meterte en la cama: empieza el campeonato mundial de carreras por el pasillo.

Los gatos domésticos pueden adaptar bastante sus horarios a las rutinas de las personas con las que viven. De hecho, muchos aprenden cuándo hay comida, juego o compañía y organizan parte de su actividad alrededor de esos momentos.

Pero su tendencia natural sigue estando ahí.

La edad también cambia cuánto duerme un gato

No todos los gatos necesitan exactamente las mismas horas de sueño.

Los gatitos, especialmente durante las primeras etapas de vida, pueden pasar gran parte del día durmiendo y llegar a acumular muchas más horas de sueño que un gato adulto. Tiene bastante lógica: están creciendo y, cuando están despiertos, suelen gastar una cantidad considerable de energía explorando, jugando y practicando todas esas conductas que necesitarán cuando sean adultos.

En un gato adulto sano podemos encontrar habitualmente esas 12-16 horas de descanso diario, aunque no merece la pena obsesionarse con contar cada siesta.

Los gatos mayores también suelen pasar más tiempo descansando. Con la edad disminuye la actividad y pueden aparecer cambios físicos que hagan que prefieran tomarse la vida con más calma.

Lo importante, por tanto, no es comparar las horas de sueño de nuestro gato con una cifra exacta, sino conocer cuál es su rutina habitual.

Un gato aburrido también puede dormir más

Hay otro factor mucho más cotidiano que puede aumentar esas interminables sesiones de sofá: no tener demasiado que hacer.

Imagina un gato que vive exclusivamente dentro de casa. Sus humanos salen por la mañana, no hay otro animal con el que interactuar, la comida aparece siempre en el mismo lugar y el paisaje desde la ventana tampoco ofrece demasiadas novedades.

Puede terminar pasando una buena parte de esas horas durmiendo simplemente porque su entorno proporciona pocos estímulos. La falta de estimulación puede favorecer una menor actividad y más tiempo de descanso.

Esto no significa que tengamos que impedirle dormir. El sueño es necesario y despertarlo constantemente para mantenerlo entretenido tampoco tendría sentido.

Lo interesante es que, cuando esté despierto, tenga oportunidades para comportarse como un gato.

Jugar a perseguir y capturar juguetes, disponer de lugares elevados, poder observar lo que sucede desde una ventana, investigar cajas o escondites y tener pequeños retos para conseguir parte de la comida puede hacer su día bastante más interesante.

Los túneles y escondites son una forma sencilla de añadir oportunidades de exploración y juego dentro de casa. Si buscas ideas, puedes consultar nuestro artículo sobre túneles y cuevas de juego para gatos de interior.

Porque un piso no tiene por qué ser aburrido para un gato. Todo depende de lo que pueda hacer dentro de él.

¿Por qué mi gato duerme durante el día y se vuelve loco por la noche?

Esta merece apartado propio porque es uno de los grandes clásicos felinos.

Si un gato pasa buena parte del día solo y sin demasiada actividad, probablemente aproveche esas horas para dormir. Cuando llegamos a casa empieza a tener estímulos: movimiento, comida, conversación, juegos y personas a las que perseguir por las habitaciones.

Si añadimos su tendencia natural a estar más activo alrededor del amanecer y del anochecer, tenemos todos los ingredientes para encontrarnos con un gato bastante animado precisamente cuando nosotros queremos descansar.

Una buena estrategia consiste en proporcionarle suficiente actividad durante sus periodos de vigilia, especialmente mediante juegos que imiten pequeñas secuencias de caza.

No hace falta convertir el salón en un parque temático felino. Un juguete que pueda perseguir, esconderse detrás de una caja y terminar atrapando su particular «presa» ya puede proporcionarle una actividad física y mental interesante.

Entonces, ¿debo preocuparme si mi gato duerme más de 12 horas?

En principio, no.

Dormir más de doce horas puede ser completamente normal en un gato sano. De hecho, entra dentro de lo esperable para muchos adultos.

Más útil que mirar el reloj es fijarnos en los cambios.

Si tu gato siempre ha sido un profesional de la siesta y continúa comiendo, jugando, acicalándose, utilizando normalmente el arenero e interesándose por las cosas que habitualmente le gustan, probablemente estés simplemente ante un gato haciendo cosas de gato.

La situación cambia cuando empieza a dormir claramente más de lo habitual o parece menos alerta cuando está despierto.

Dormir mucho y estar letárgico no son exactamente lo mismo

Esta diferencia es especialmente importante.

Un gato puede dormir quince horas y levantarse perfectamente dispuesto a jugar en cuanto aparece su juguete favorito. Eso es descanso.

Un gato letárgico muestra una disminución anormal de la actividad o del estado de alerta. Puede estar más apagado, esconderse, jugar menos, moverse poco o dejar de mostrar interés por cosas que normalmente provocarían una reacción inmediata.

Y aquí conocer a nuestro propio animal vale muchísimo más que cualquier cifra.

Si al escuchar abrir su comida favorita normalmente aparece desde la otra punta de la casa a velocidad de misil y de repente ni levanta la cabeza, ese cambio resulta más significativo que saber si ese día ha dormido catorce o dieciséis horas.

Además, dormir más puede acompañar a diferentes enfermedades o situaciones de dolor.

Especialmente en gatos mayores conviene no atribuir automáticamente cualquier aumento del sueño a que «ya tiene una edad». Algunos problemas de salud también producen menos actividad. Como ocurre con la enfermedad renal, por ejemplo, el letargo puede aparecer acompañado de otros cambios como aumento de la sed, pérdida de apetito o adelgazamiento.

Si tu gato es mayor y has observado varios de estos cambios, puedes consultar nuestro artículo sobre los síntomas de insuficiencia renal en gatos mayores para conocer otras señales a las que conviene prestar atención.

Si observas un aumento marcado del sueño junto con pérdida de apetito, adelgazamiento, vómitos, cambios en el consumo de agua, dificultades para moverse, menor acicalamiento o un comportamiento claramente diferente, merece la pena consultar con el veterinario.

Importante: Este artículo tiene únicamente fines informativos y no sustituye la valoración de un veterinario. Si tu gato empieza a dormir claramente más de lo habitual, está menos activo o alerta cuando se despierta, o presenta otros cambios como pérdida de apetito, vómitos, adelgazamiento o aumento de la sed, consulta con un profesional veterinario.

No hace falta despertar a un gato porque lleve horas durmiendo

A veces los vemos tan profundamente instalados en una manta que pensamos: «Como siga durmiendo, esta noche no pega ojo».

Y aparece la tentación de despertarlos.

En un gato sano no necesitamos controlar sus siestas como si estuviéramos intentando establecer el horario de sueño de un bebé. Dormir forma parte de sus necesidades normales.

Lo que sí podemos hacer es aprovechar sus momentos naturales de actividad para ofrecerle juego, interacción y estímulos. Especialmente si nuestro gato vive dentro de casa, esos ratos son importantes para que pueda moverse, explorar y utilizar sus habilidades.

Después seguramente volverá a su cama.

O a nuestra cama.

O a la caja de cartón que íbamos a tirar y que, inexplicablemente, prefiere antes que la preciosa cama para gatos que compramos.

Dormir media vida es bastante normal cuando eres un gato

Para nosotros, pasar 12, 14 o 16 horas al día durmiendo parece una barbaridad. Para un gato puede formar parte de una rutina completamente normal.

Su historia como cazador, su manera de administrar la energía, sus pequeñas siestas repartidas durante el día y su ritmo de actividad crepuscular ayudan a explicar por qué los gatos duermen tantas horas.

Así que no hace falta preocuparse simplemente porque tu gato sea un dormilón.

Lo verdaderamente importante es conocer sus costumbres. Saber cuánto suele dormir, cómo se comporta cuando está despierto y qué cosas consiguen levantarlo inmediatamente de su cama nos permite detectar mucho mejor cualquier cambio.

Porque dormir quince horas puede ser perfectamente normal.

Ahora bien, escuchar abrir una lata y no presentarse inmediatamente en la cocina… eso, dependiendo del gato, ya merece una investigación.

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