Señales de que tu gato está feliz y satisfecho

Los gatos tienen una habilidad especial para hacernos dudar de nuestra capacidad como humanos responsables.

Les compramos una cama estupenda y duermen en la caja. Les servimos su comida favorita y la huelen como si estuviéramos intentando envenenarlos. Les ofrecemos cariño y, después de tres caricias maravillosas, se levantan y se marchan sin dar explicaciones.

Así que es bastante normal preguntarse alguna vez: ¿mi gato es realmente feliz conmigo?

Por suerte, no necesitamos que venga a agradecernos personalmente todos nuestros esfuerzos. Existen diferentes señales de felicidad en gatos que podemos observar en su comportamiento cotidiano: cómo descansan, cómo exploran, cómo juegan, cómo se relacionan con nosotros y hasta la forma en que utilizan los espacios de la casa.

Eso sí, ninguna señal funciona por sí sola como un «medidor de felicidad». Lo interesante es observar el conjunto y, sobre todo, conocer cómo se comporta normalmente nuestro propio gato.

Un gato feliz se siente seguro en su propia casa

Para mí, esta es una de las señales más importantes.

Un gato que se siente bien en su entorno no necesita permanecer constantemente en alerta. Utiliza diferentes habitaciones, tiene lugares favoritos para descansar y puede moverse por casa con normalidad sin comportarse como si esperara que apareciera un peligro detrás de cada esquina.

Eso no significa que tenga que estar siempre a nuestro lado.

Hay gatos tremendamente sociables y otros que valoran bastante su independencia. Uno puede instalarse encima de tus piernas en cuanto te sientas y otro preferir la misma habitación, pero a una distancia prudencial desde la que supervisar tus actividades.

Ambos pueden estar perfectamente a gusto.

Lo importante es que el gato pueda elegir dónde estar, esconderse cuando necesite tranquilidad y volver a salir cuando quiera.

Su postura mientras descansa dice bastante

Observa a tu gato cuando está tranquilo.

Un gato relajado puede tumbarse de lado, estirarse, hacerse una bolita o adoptar esas posturas aparentemente imposibles en las que uno no termina de comprender dónde empieza una pata y acaba la otra.

También puede descansar con las patas recogidas bajo el cuerpo, la famosa postura de «pan de gato».

Más que buscar una posición concreta, debemos fijarnos en el conjunto de su lenguaje corporal.

Un cuerpo relajado, músculos sin tensión evidente, orejas en una posición natural y una expresión tranquila indican que en ese momento el animal no percibe una amenaza.

Y cuando un gato se permite dormir profundamente en mitad del salón mientras la familia continúa haciendo su vida alrededor, podemos sacar una conclusión bastante sencilla: se siente suficientemente seguro como para bajar la guardia.

Teniendo en cuenta que los gatos pueden pasar una parte enorme del día descansando, disponer de lugares donde hacerlo cómodamente es bastante importante para su bienestar.

Parpadear lentamente puede ser una buena señal

Esta es una de esas conductas felinas que resulta especialmente bonita cuando empiezas a reconocerla.

Tu gato te mira y cierra lentamente los ojos antes de volver a abrirlos.

Ese parpadeo lento suele aparecer en interacciones relajadas y amistosas. De hecho, investigaciones sobre la comunicación entre gatos y personas han encontrado que las secuencias de parpadeo lento pueden favorecer interacciones positivas entre ambos.

La mirada de un gato puede transmitir cosas muy diferentes según el resto de su lenguaje corporal. En nuestro artículo sobre por qué los gatos miran fijamente sin parpadear explicamos cómo distinguir una mirada relajada de otras situaciones de mayor alerta o tensión.

Puedes probar a devolvérselo.

No hace falta quedarte delante de él organizando una competición de pestañeo. Simplemente míralo con una expresión relajada, entrecierra suavemente los ojos y vuelve a abrirlos.

Si responde, estupendo.

Y si te ignora porque acaba de descubrir algo muchísimo más interesante en la pared, también entra dentro de lo normal.

La cola también participa en la conversación

La cola de un gato proporciona mucha información sobre su estado emocional, aunque siempre debemos interpretarla junto al resto del cuerpo y la situación.

Cuando un gato se aproxima voluntariamente con la cola levantada, normalmente estamos ante un saludo amistoso. Algunos incluso curvan ligeramente la punta.

Es esa entrada triunfal que conocemos bien: aparece en la habitación con la cola hacia arriba, se acerca, nos roza las piernas y después continúa su camino porque, aparentemente, tenía asuntos importantísimos que atender.

También puede rodearnos con la cola o mantenerla relajada mientras interactúa con nosotros.

En cambio, una cola erizada, movimientos fuertes de un lado a otro o una postura corporal rígida pueden indicar excitación, miedo, irritación o incomodidad dependiendo del contexto.

Por eso nunca conviene interpretar un único gesto de forma aislada.

Busca tu compañía, aunque sea a su manera

Una de las señales de felicidad en gatos que más fácilmente reconocemos es que busquen voluntariamente el contacto social.

Pero cuidado con esperar que todos lo hagan igual.

Algunos gatos quieren dormir directamente encima de su humano. Otros se tumban al lado. Los hay que nos siguen al baño, a la cocina y prácticamente a cualquier lugar en el que intentemos tener treinta segundos de intimidad.

Si el tuyo parece especialmente interesado en acompañarte en esos momentos, puedes consultar nuestro artículo sobre por qué los gatos siguen a su dueño al baño y qué puede explicar este comportamiento.

Y también existen gatos mucho más discretos.

Quizá no quieran estar en brazos, pero aparecen en la habitación donde estamos. Se acomodan cerca del ordenador mientras trabajamos o eligen dormir en una silla desde la que pueden observarnos.

La clave está en que ellos deciden aproximarse.

Cuando un gato busca nuestra presencia de forma voluntaria y se muestra relajado durante esas interacciones, podemos considerarlo una buena señal sobre la relación que mantiene con nosotros.

Frotarse contra ti tiene más significado del que parece

Cuando un gato acerca la cabeza, las mejillas o el cuerpo y se frota contra nosotros, no está simplemente pidiendo caricias.

Los gatos poseen glándulas odoríferas en diferentes zonas de su cuerpo y utilizan el marcaje mediante olor como parte de su comunicación.

Al frotarse contra personas, otros gatos u objetos familiares dejan señales químicas que contribuyen a crear un olor conocido dentro de su entorno.

Desde nuestro punto de vista, la escena suele ser bastante menos científica.

Llegas a casa cargada con bolsas, intentas abrir la puerta y tienes un gato haciendo ochos entre tus piernas con evidente desprecio por tu equilibrio.

Pero ese comportamiento social y de marcaje forma parte de la manera en que los gatos interactúan con aquello que consideran familiar.

Un gato que juega está mostrando un comportamiento saludable

El juego es otra pista interesante, especialmente cuando conocemos bien la actividad habitual de nuestro gato.

Acechar un juguete, perseguirlo, esconderse detrás del sofá para preparar una emboscada o lanzarse sobre una pelota permite expresar conductas relacionadas con la secuencia natural de caza.

En gatos jóvenes suele resultar bastante evidente.

Con los adultos y especialmente con los mayores, el juego puede hacerse más breve o menos intenso. No necesitamos que un gato de doce años corra por el pasillo como uno de seis meses para considerar que está bien.

Lo importante es valorar su comportamiento habitual.

Si tu gato siempre ha jugado y de repente pierde completamente el interés, especialmente si aparecen otros cambios, conviene prestar atención.

Tener curiosidad por lo que ocurre también es buena señal

Pocas cosas definen mejor a muchos gatos que esa necesidad aparentemente irresistible de investigar.

Caja nueva: inspección.

Bolsa de la compra: inspección.

Armario abierto durante cuatro segundos: inspección urgente.

Paquete que acabas de recibir: propiedad inmediata del gato.

Un animal cómodo en su entorno suele mostrar interés por determinados estímulos y novedades, siempre según su carácter. Algunos investigan cualquier cosa inmediatamente y otros necesitan observarla desde una distancia respetable durante media hora antes de decidir que no intenta matarlos.

Las dos personalidades son perfectamente posibles.

Lo relevante es que conserve interés por su ambiente y pueda explorar a su ritmo.

Come con normalidad

Un apetito estable también forma parte de un comportamiento cotidiano saludable.

Esto no significa que un gato feliz tenga que abalanzarse sobre cualquier alimento. Algunos son auténticas aspiradoras con bigotes y otros analizan cada plato como críticos gastronómicos.

Lo que importa vuelve a ser la normalidad individual.

Si come aproximadamente como siempre, mantiene sus rutinas y no aparecen cambios importantes, perfecto.

En cambio, una pérdida de apetito no debería interpretarse simplemente como tristeza o enfado. Puede estar relacionada con diferentes problemas médicos y merece atención, especialmente cuando se mantiene o aparece junto con otros síntomas.

En gatos mayores debemos estar especialmente atentos. La disminución del apetito, por ejemplo, puede acompañar a enfermedades como la enfermedad renal crónica, junto con otros signos como aumento de la sed, pérdida de peso, vómitos o menor actividad.

Se acicala regularmente

El aseo ocupa una parte importante de la rutina felina.

Un gato sano suele dedicar tiempo a mantener su pelaje, aunque la cantidad y facilidad para hacerlo varían según la edad, el peso, la longitud del pelo y las características de cada animal.

Un pelaje cuidado puede ser una buena pista dentro del conjunto.

Lo que debería llamarnos la atención son los cambios.

Si un gato que siempre se ha aseado con normalidad deja de hacerlo y empieza a presentar el pelo descuidado, grasiento o enmarañado, puede existir alguna razón física o emocional detrás.

También merece atención el extremo contrario: un acicalamiento excesivo que termine provocando zonas con pérdida de pelo o lesiones.

La felicidad felina no consiste en que el gato esté continuamente lamiéndose, sino en que pueda desarrollar sus comportamientos normales de manera equilibrada.

Amasa mantas, camas… o tu barriga

El famoso amasado consiste en alternar las patas delanteras contra una superficie blanda.

Es un comportamiento que comienza durante la etapa de lactancia, cuando los gatitos realizan movimientos con las patas alrededor de las mamas de su madre.

Muchos gatos continúan amasando durante la edad adulta en situaciones relajadas. Pueden hacerlo sobre una manta, una cama, otro animal o directamente encima de nosotros.

Y sí, cuando pesa seis kilos y decide acompañar el amasado sacando las uñas, el momento de conexión emocional pierde algo de encanto.

Aun así, cuando aparece en un contexto tranquilo y acompañado de un lenguaje corporal relajado, suele asociarse con comodidad.

Ronronear puede indicar bienestar, pero no siempre

Aquí tenemos uno de los errores más frecuentes.

«Está ronroneando, así que está feliz».

Puede ser.

Los gatos ronronean habitualmente durante momentos agradables: cuando descansan cómodamente, reciben caricias o interactúan de manera amistosa.

Pero el ronroneo no demuestra por sí solo que un gato sea feliz.

También puede aparecer en situaciones de estrés, dolor o enfermedad. Por eso debemos mirar qué está ocurriendo alrededor.

Un gato tumbado relajadamente sobre nuestras piernas, con los ojos entrecerrados y el cuerpo suelto mientras ronronea ofrece un contexto muy diferente al de un animal encogido, inapetente y poco activo que también está ronroneando.

Con los gatos, el contexto manda.

Utiliza normalmente el arenero

Quizá no sea la primera cosa que imaginamos cuando pensamos en un gato feliz, pero sus hábitos de eliminación proporcionan información muy valiosa.

Un gato que utiliza con normalidad un arenero adecuado, limpio y situado en un lugar donde se siente seguro está realizando una conducta básica sin dificultades aparentes.

Los problemas con el arenero pueden tener muchas causas. Algunas son ambientales y otras médicas, así que no deberíamos interpretar automáticamente que un gato que orina fuera está «protestando» o castigándonos.

Si tu gato utilizaba normalmente su bandeja y ha empezado a evitarla de repente, puedes consultar nuestro artículo sobre por qué un gato deja de usar el arenero, donde repasamos las principales causas que pueden explicar este cambio.

En hogares con varios gatos resulta especialmente importante ofrecer suficientes recursos y mantener unas buenas condiciones de higiene. Una bandeja limpia suele resultar más cómoda para el gato y puede ayudar a evitar ciertos problemas relacionados con el rechazo del arenero.

Puede relajarse sin necesitar estar pegado a ti

Esta señal me parece especialmente importante porque a veces confundimos felicidad con afecto constante.

Un gato feliz no tiene que pedir caricias todo el día.

De hecho, que pueda marcharse tranquilamente a otra habitación, dormir solo, observar por la ventana o entretenerse explorando sin necesitar nuestra atención permanente también puede reflejar seguridad.

Tiene sus recursos.

Conoce su territorio.

Sabe dónde esconderse, dónde descansar y dónde encontrar agua y comida.

Y sabe que nosotros seguimos ahí.

Una buena convivencia no consiste en conseguir que el gato dependa continuamente de nuestra presencia, sino en proporcionarle un entorno donde pueda elegir qué hacer.

¿Cómo saber si un gato no es feliz?

Aquí conviene cambiar ligeramente la pregunta.

Más que intentar decidir si un gato está «triste» basándonos en una expresión facial o en una conducta aislada, debemos buscar cambios persistentes en su comportamiento.

Un gato que empieza a esconderse mucho más, deja de jugar, reduce sus interacciones, pierde apetito, se acicala menos, modifica sus hábitos en el arenero o parece continuamente tenso está diciendo que algo ha cambiado.

Y ese cambio no tiene por qué ser emocional.

El dolor y diferentes enfermedades pueden modificar notablemente el comportamiento. Un gato mayor que duerme mucho más, come menos y está perdiendo peso, por ejemplo, no debería considerarse simplemente «menos feliz» o «más viejo». Necesita una valoración veterinaria.

Los gatos son bastante buenos disimulando que algo no va bien, así que conocer sus rutinas normales nos proporciona una ventaja enorme.

Importante: Este artículo tiene únicamente fines informativos y no sustituye la valoración de un veterinario. Si observas cambios persistentes en el apetito, la actividad, el acicalamiento, el uso del arenero o el comportamiento habitual de tu gato, consulta con un profesional para descartar posibles problemas de salud.

La felicidad de un gato suele esconderse en cosas bastante sencillas

No necesitamos comprarle veinte juguetes nuevos cada mes ni convertir nuestro piso en una selva de lujo para conseguir que un gato tenga una buena vida.

Necesita sentirse seguro.

Poder descansar sin ser molestado, esconderse cuando quiera, trepar, rascar, jugar, explorar y disponer de comida, agua y un arenero adecuado. También necesita interacciones sociales respetuosas y la posibilidad de decidir cuándo quiere participar en ellas.

Después cada gato añade sus propias preferencias.

Uno será feliz durmiendo encima de nosotros. Otro preferirá vigilarnos desde una estantería. Uno jugará hasta quedarse sin pilas y otro considerará suficiente perseguir el juguete durante cuarenta segundos antes de retirarse.

Por eso las señales de felicidad en gatos tienen mucho más sentido cuando dejamos de buscar una conducta concreta y empezamos a observar al animal completo.

Si tu gato come con normalidad, descansa relajado, se acicala, explora, utiliza sus recursos, muestra interés por lo que le rodea y mantiene interacciones voluntarias y tranquilas contigo, tienes bastantes motivos para pensar que se siente bien en su pequeño reino.

Aunque después le compres una cama nueva y vuelva a elegir la caja.

Hay tradiciones felinas que ni la felicidad consigue cambiar.

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