Tu gato lleva años utilizando su arenero sin ningún problema y, de repente, aparece un pis junto al sofá. Lo limpias pensando que habrá sido un accidente aislado.
Al día siguiente vuelve a ocurrir.
Y entonces empieza el interrogatorio doméstico: ¿se está vengando de algo?, ¿se ha enfadado?, ¿por qué demonios ha decidido que la alfombra es mejor sitio que una bandeja llena de arena limpia?
Cuando un gato rechaza el arenero, casi nunca lo hace para castigarnos. Hay algo que está haciendo que utilizarlo resulte incómodo, desagradable, difícil o inseguro. Y cuando el cambio aparece de repente en un gato que siempre había usado correctamente su bandeja, merece todavía más atención.
Las causas por las que un gato rechaza el arenero pueden ir desde algo tan sencillo como una arena nueva que no soporta hasta un problema de salud. Por eso, antes de enfadarnos con él o empezar a probar soluciones al azar, toca hacer un poco de investigación.
Importante: Este artículo tiene un carácter exclusivamente informativo y no sustituye la valoración de un veterinario. Si tu gato deja de utilizar el arenero de forma repentina, especialmente si hace esfuerzos para orinar, elimina muy poca cantidad, presenta sangre en la orina o parece sentir dolor, consulta con un profesional veterinario. La imposibilidad de orinar puede constituir una urgencia veterinaria.
¿Por qué un gato deja de usar el arenero de repente?
Para nosotros, un arenero es básicamente una caja donde el gato hace sus necesidades. Para él intervienen bastantes más cosas.
Importan la limpieza, el tipo de arena, el tamaño de la bandeja, su ubicación, la facilidad para entrar y salir y lo tranquilo que se sienta mientras la utiliza.
Además, orinar o defecar fuera del arenero puede aparecer cuando existe dolor o alguna enfermedad.
Por eso la primera pregunta no debería ser «¿cómo consigo que vuelva a utilizarlo?», sino «¿qué ha cambiado?».
A veces la respuesta está en casa. Otras, necesitamos al veterinario para encontrarla.
Primero hay que descartar un problema de salud
Si un gato que utilizaba normalmente el arenero empieza de repente a hacer pis o caca fuera, una de las primeras cosas que debemos descartar es que exista una causa médica.
Los problemas urinarios pueden provocar dolor, urgencia o una mayor frecuencia de micción. También existen enfermedades que hacen que el gato produzca más orina de lo habitual.
La enfermedad renal crónica, por ejemplo, puede provocar un aumento de la sed y de la cantidad de orina, especialmente en gatos mayores.
También puede haber dificultades relacionadas con la defecación o problemas de movilidad que hagan incómodo entrar en la bandeja y adoptar la postura necesaria.
Lo importante es no asumir que se trata de un problema exclusivamente de comportamiento, sobre todo cuando aparece de forma repentina.
Si además observas que entra muchas veces al arenero, hace esfuerzos para orinar, vocaliza, elimina cantidades muy pequeñas, hay sangre o parece dolorido, necesita valoración veterinaria. La dificultad para orinar, especialmente si apenas sale orina o no sale nada, puede constituir una urgencia veterinaria.
Quizá el arenero está demasiado sucio para su gusto
Hay gatos bastante tolerantes con la limpieza de su baño.
Y luego están los que encuentran un pequeño pis en una esquina y consideran que el establecimiento ha perdido oficialmente sus cinco estrellas.
Muchos gatos prefieren utilizar una bandeja limpia. Si hemos empezado a retirar los residuos con menos frecuencia, hay varios gatos utilizando el mismo arenero o simplemente se ensucia más rápido que antes, nuestro gato puede buscar otro lugar.
Los areneros automáticos intentan precisamente mantener la arena limpia durante más tiempo retirando los residuos después del uso, aunque también requieren mantenimiento periódico.
Con una bandeja tradicional, retirar con frecuencia las deposiciones y los aglomerados de orina ayuda a mantener unas condiciones más agradables.
Pero cuidado con el extremo contrario: limpiar no significa convertir el arenero en una perfumería.
Has cambiado la arena y no le ha hecho ninguna gracia
Ese saco nuevo estaba de oferta, prometía controlar mejor los olores y a ti te parecía prácticamente igual al anterior.
A tu gato, por supuesto, no.
Cambiar de arena puede modificar la textura que siente bajo las patas, el olor, la cantidad de polvo o incluso la forma en la que se mueve el sustrato cuando escarba.
Algunos gatos aceptan estos cambios sin pestañear. Otros se plantan delante del arenero, meten una pata y parecen decirnos que ahí va a entrar quien yo me sé.
Si el rechazo ha comenzado justo después de cambiar de producto, tenemos una pista bastante buena.
Cuando sea posible, los cambios de arena pueden hacerse de manera gradual. Y si el problema ha aparecido inmediatamente después de introducir una nueva, recuperar la anterior puede ayudar a comprobar si realmente estaba ahí la causa.
Los perfumes que te gustan a ti pueden no gustarle a él
Aquí existe otro pequeño choque entre humanos y gatos.
Nosotros queremos que la zona del arenero huela a cualquier cosa menos a arenero, así que las arenas perfumadas parecen una idea fantástica.
El gato puede tener otra opinión.
Los felinos tienen un sentido del olfato muy desarrollado y un perfume intenso puede resultarles desagradable. Algo parecido puede ocurrir si utilizamos productos de limpieza con olores fuertes.
El objetivo debería ser mantener la bandeja higiénica, no conseguir que huela como la sección de ambientadores de un supermercado.
Si has cambiado recientemente de arena, limpiador o producto desodorizante y justo entonces ha empezado el problema, merece la pena volver atrás y observar qué ocurre.
Si el control del olor es una prioridad en casa, existen alternativas que no dependen únicamente de perfumar la arena. Puedes consultar nuestro artículo sobre areneros con filtro de olor para conocer cómo funcionan y qué opciones existen.
El arenero es demasiado pequeño
Un cachorro cabe prácticamente en cualquier bandeja. El problema llega cuando aquel pequeño delincuente de kilo y medio se convierte en un señor gato considerable y nosotros seguimos esperando que utilice el mismo cuarto de baño.
El gato necesita espacio para entrar, colocarse, girarse, escarbar y adoptar una postura cómoda.
Algunos areneros cerrados o automáticos tienen dimensiones interiores más reducidas, por lo que es especialmente importante comprobar que el gato dispone de suficiente espacio.
Si empieza a colocarse con medio cuerpo fuera, parece incómodo al girarse o hace sus necesidades justo al lado de la bandeja, el tamaño merece una revisión.
Puede que no le guste que sea cerrado
Los areneros con tapa tienen ventajas evidentes para nosotros: contienen mejor la arena que sale disparada al escarbar y disimulan un poco lo que ocurre dentro.
Pero no todos los gatos los prefieren.
Una bandeja cerrada puede concentrar más los olores y ofrece menos posibilidades de observar el entorno mientras el gato hace sus necesidades.
Esto último puede tener especial importancia en hogares con varios animales. Si un gato teme que otro aparezca en la entrada mientras está dentro, quizá empiece a considerar aquel espacio poco seguro.
Si sospechas que el problema puede estar relacionado con la cubierta, probar temporalmente una bandeja abierta puede aportar información bastante útil.
Los areneros cubiertos pueden ayudar a contener mejor la arena y los olores, pero no todos los gatos se adaptan igual a ellos. Si estás valorando esta opción, puedes consultar nuestro artículo sobre areneros con tapa para gatos y sus ventajas e inconvenientes.
La ubicación del arenero puede haberse convertido en un problema
El lugar perfecto para nosotros no siempre es el lugar perfecto para un gato.
Quizá hemos escondido la bandeja en el lavadero porque allí molesta menos, pero resulta que está junto a una lavadora que empieza a centrifugar sin previo aviso.
O la hemos colocado en una zona por donde pasan continuamente niños, personas u otros animales.
Un gato necesita poder utilizar el arenero con cierta tranquilidad y tener acceso fácil a él.
También conviene pensar si algo ha cambiado alrededor. Un arenero que llevaba dos años en el mismo lugar puede empezar a generar problemas si ahora hay un electrodoméstico nuevo, hemos cambiado los muebles o un segundo gato ha comenzado a bloquear el paso.
A veces no hemos movido el arenero. Ha cambiado todo lo demás.
En casas con varios gatos puede existir un conflicto
Tener dos gatos que duermen juntos no significa necesariamente que compartan absolutamente todos sus recursos encantados de la vida.
Puede existir tensión alrededor de comida, zonas de descanso, puertas, pasillos y también areneros.
Y no siempre veremos peleas espectaculares.
Un gato puede simplemente quedarse cerca de la bandeja, mirar fijamente al otro cuando intenta acercarse o bloquear un lugar de paso. El gato que se siente inseguro termina buscando un sitio diferente para hacer sus necesidades.
Por eso, en hogares con varios felinos resulta útil distribuir los recursos en diferentes lugares en vez de concentrarlo todo en un único punto.
Si todos los areneros están juntos, desde el punto de vista práctico pueden funcionar casi como un único recurso: el mismo gato puede controlar el acceso a todos.
La edad también puede cambiar su relación con el arenero
Un gato mayor puede haber utilizado durante años una bandeja alta sin ninguna dificultad y empezar a encontrarla incómoda.
Los problemas articulares, la debilidad y otras limitaciones de movilidad pueden hacer más difícil levantar las patas para superar un borde alto, entrar en determinados modelos o desplazarse hasta una bandeja situada lejos.
Aquí conviene observarlo en lugar de centrarnos únicamente en dónde aparecen los accidentes.
¿Duda antes de entrar? ¿Parece más rígido? ¿Le cuesta subir escaleras o saltar a lugares que antes alcanzaba fácilmente?
Un arenero amplio y con una entrada más baja puede resultar mucho más accesible para algunos gatos senior.
Una experiencia desagradable puede hacer que evite la bandeja
Imagina que un día el gato entra en el arenero y siente dolor al orinar.
Él no sabe qué está pasando dentro de su aparato urinario. Solo sabe que estaba en aquel lugar y algo dolió.
Puede terminar desarrollando una asociación negativa con la bandeja y empezar a buscar otros lugares.
Algo parecido puede ocurrir después de un susto. Si mientras utilizaba el arenero cayó un objeto, arrancó un electrodoméstico ruidoso o fue sorprendido por otro animal, podría mostrarse más reacio a regresar.
En estos casos no basta con obligarlo a volver a entrar. Hay que solucionar la causa y conseguir que vuelva a disponer de una opción cómoda y segura.
¿Está rechazando el arenero o está marcando?
No todo el pis fuera de la bandeja significa exactamente lo mismo.
El marcaje con orina y la eliminación fuera del arenero son comportamientos diferentes, aunque desde nuestra perspectiva ambos terminen con nosotros sujetando un producto de limpieza.
En el marcaje, el gato suele depositar una cantidad relativamente pequeña de orina y con frecuencia lo hace sobre superficies verticales. Puede permanecer de pie, levantar la cola y expulsar la orina hacia atrás.
Cuando simplemente está orinando fuera del arenero, es más habitual que adopte una postura parecida a la que utilizaría dentro de la bandeja y deje una cantidad mayor sobre una superficie horizontal.
Distinguir ambas situaciones es importante porque las posibles causas y la manera de abordar el problema pueden ser distintas.
Si sospechas que no está evitando el arenero sino marcando territorio, puedes consultar nuestro artículo sobre por qué los gatos marcan orinando fuera del arenero, donde explicamos cómo reconocer este comportamiento y qué puede provocarlo.
Qué hacer si tu gato rechaza el arenero
La solución depende de la causa, así que cambiar diez cosas a la vez suele ser menos útil de lo que parece.
Empieza pensando en cuándo apareció el problema y qué ocurrió alrededor de ese momento. ¿Cambiaste la arena? ¿Compraste una bandeja nueva? ¿Moviste el arenero? ¿Llegó otro animal? ¿Ha cambiado alguna rutina?
Mientras investigas, asegúrate de que dispone de una bandeja limpia, suficientemente grande, accesible y situada en un lugar tranquilo. Si conviven varios gatos, ofrecer diferentes puntos donde hacer sus necesidades puede reducir conflictos.
Limpia bien las zonas donde haya eliminado fuera para evitar que el olor residual favorezca que vuelva a utilizarlas.
Y, sobre todo, no lo castigues.
Regañarlo, llevarlo a la fuerza hasta el arenero o restregarle el hocico —algo que nunca debería hacerse— no le explica qué queremos de él. Solo puede aumentar su miedo y estrés y empeorar todavía más la situación.
Los areneros automáticos tampoco gustan a todos los gatos
Cambiar una bandeja convencional por un arenero automático puede parecernos una mejora indiscutible.
Desde nuestro punto de vista, probablemente lo sea: menos residuos acumulados y menos trabajo diario.
El gato, sin embargo, no ha participado en la compra.
Estos dispositivos pueden cambiar el tamaño, la forma de entrada, el espacio interior y los sonidos que escucha alrededor de su baño. Algunos gatos se adaptan rápidamente y otros necesitan más tiempo. Los animales especialmente sensibles a sonidos inesperados pueden mostrarse desconfiados ante determinados sistemas.
Si el rechazo coincide exactamente con la llegada del nuevo arenero, no descartes que exista una relación. Mantener temporalmente disponible una bandeja conocida mientras se realiza la adaptación puede evitar que el gato se quede sin una alternativa que considere segura.
Si estás valorando utilizar uno, puedes consultar nuestra comparativa de los mejores areneros automáticos para gatos, donde analizamos los aspectos más importantes antes de elegir un modelo.
No esperes demasiado si el cambio ha sido repentino
Cuando un gato rechaza el arenero de repente, la tentación es pensar que se ha vuelto maniático o que está protestando por algún cambio.
Puede ser algo relacionado con el propio arenero, sí.
Pero también puede ser la primera señal visible de dolor, dificultades urinarias, problemas de movilidad o alguna enfermedad que esté modificando sus hábitos.
Por eso merece la pena observar el contexto completo: qué hace fuera de la bandeja, con qué frecuencia ocurre, cómo se comporta cuando intenta utilizarla y qué otras cosas han cambiado.
Los gatos no hacen pis en la alfombra para sentarse después a disfrutar de nuestra desesperación. Aunque mientras limpiamos a las siete de la mañana pueda costar creerlo.
Si ha dejado de utilizar un lugar que llevaba meses o años usando sin problemas, hay una razón detrás.
Nuestra tarea no es convencerlo de que el arenero es estupendo.
Es descubrir por qué, de repente, él ha decidido que ya no lo es.