Encontrar sangre en el arenero es una de esas cosas que consiguen que pases de estar tranquilamente recogiendo la arena a inspeccionar una caca como si fueras detective de homicidios. Y sí, impresiona bastante.
La buena noticia es que ver sangre en las heces de un gato no significa automáticamente que tenga algo grave. Las causas pueden ir desde irritaciones relativamente leves hasta problemas digestivos que necesitan tratamiento, por lo que conviene valorar tanto el aspecto y la cantidad de sangre como si vuelve a aparecer y el estado general del gato. Pero tampoco es algo que convenga ignorar, sobre todo si ocurre más de una vez o viene acompañado de otros síntomas.
Además, el aspecto de la sangre nos puede dar alguna pista sobre dónde se está produciendo el sangrado. No sirve para hacer un diagnóstico en casa —ojalá fuera tan sencillo—, pero sí para saber cuándo debemos llamar al veterinario.
Importante: Este artículo tiene únicamente fines informativos y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de un veterinario. Si encuentras sangre en las heces de tu gato, especialmente si el sangrado se repite, es abundante, las heces son negras o aparecen otros síntomas, consulta con un profesional veterinario.
Sangre roja o heces negras: no significan exactamente lo mismo
Antes de hablar de las posibles causas de sangre en las heces de un gato, merece la pena fijarse en cómo es esa sangre.
Cuando aparece roja y fresca, normalmente procede de la parte final del aparato digestivo, como el colon, el recto o la zona anal. Puede verse como unas pequeñas vetas sobre la caca, gotas o sangre mezclada con unas heces más blandas.
En cambio, unas heces muy oscuras, negras y con aspecto parecido al alquitrán pueden contener sangre que ya ha sido digerida. Esto se conoce como melena y suele estar relacionado con sangre que ha sido digerida durante su paso por el aparato digestivo, por lo que puede indicar un sangrado procedente de zonas superiores del tracto gastrointestinal. Cornell señala que las hemorragias del estómago o del intestino pueden producir este tipo de deposiciones negras.
Esta diferencia es importante porque no es lo mismo encontrar una pequeña veta roja después de que el gato haya hecho una deposición especialmente dura que descubrir de repente unas heces negras y pegajosas.
Gato con sangre en las heces: causas más frecuentes
Hay bastantes motivos por los que puede aparecer sangre al defecar y, solo mirando el arenero, normalmente no podremos saber cuál es el responsable.
Lo que sí podemos hacer es conocer las posibilidades más habituales.
Estreñimiento y esfuerzo al defecar
Si las heces están muy secas o duras, su paso puede irritar la zona final del intestino o el ano y provocar una pequeña cantidad de sangre fresca.
En estos casos puedes notar que el gato permanece mucho tiempo dentro del arenero, hace varios intentos, adopta la postura para defecar sin conseguirlo fácilmente o termina expulsando pequeñas bolitas muy duras.
Aquí hay un detalle especialmente importante: asegúrate de que realmente está intentando defecar y no orinar. Un gato que entra repetidamente al arenero, hace fuerza y no consigue orinar puede estar sufriendo una obstrucción urinaria, una situación que necesita atención veterinaria urgente.
Si no tienes claro si está intentando defecar u orinar, puedes consultar nuestro artículo sobre los síntomas de problemas urinarios en gatos, donde explicamos qué señales pueden indicar una urgencia.
Diarrea y colitis
La diarrea también puede irritar el intestino y hacer que aparezcan pequeñas cantidades de sangre o moco.
Si tu gato presenta además deposiciones blandas o líquidas, puedes consultar nuestro artículo sobre la diarrea en gatos, donde explicamos sus posibles causas y cuándo conviene acudir al veterinario.
Cuando la inflamación afecta especialmente al colon hablamos de colitis. El gato puede hacer deposiciones pequeñas pero frecuentes, tener urgencia para defecar y presentar moco o sangre roja fresca.
La inflamación intestinal puede tener diferentes orígenes. Cornell incluye entre las posibles causas de diarrea los cambios bruscos de alimentación, situaciones de estrés y enfermedades inflamatorias, infecciosas o neoplásicas.
Vamos, que el intestino de algunos gatos tampoco lleva demasiado bien eso de cambiarles el menú de un día para otro.
Parásitos intestinales
Los parásitos son otra posibilidad, especialmente en gatitos o animales que tienen acceso al exterior, aunque un gato que vive dentro de casa tampoco está completamente libre de riesgo.
Algunos parásitos intestinales pueden provocar diarrea, inflamación y sangrado. Los anquilostomas, por ejemplo, se alimentan de tejidos intestinales y las infestaciones importantes pueden producir pérdida de sangre, anemia y heces negras.
Por eso, cuando aparece sangre recurrentemente, el veterinario puede solicitar una muestra de heces para buscar parásitos u otros agentes infecciosos.
La prevención y el tratamiento de los parásitos deben adaptarse al estilo de vida y al riesgo de cada animal. En nuestro artículo sobre cómo desparasitar a un gato correctamente en casa explicamos qué tipos de desparasitación existen y por qué conviene establecer la pauta con el veterinario.
Cambios de alimentación e intolerancias
Ese nuevo pienso que parecía estupendo o una comida diferente introducida demasiado rápido también pueden terminar manifestándose en el arenero.
Los cambios bruscos de dieta pueden provocar diarrea y molestias gastrointestinales. Algunas intolerancias o reacciones adversas a determinados ingredientes también pueden estar relacionadas con problemas digestivos.
Esto no significa que cualquier gotita de sangre sea culpa de la comida. Simplemente es una información que merece la pena contar al veterinario si el problema apareció justo después de modificar la alimentación.
Enfermedad inflamatoria intestinal
Cuando los problemas digestivos se mantienen durante semanas o aparecen repetidamente, el veterinario tendrá que investigar otras posibilidades.
Una de ellas es la enfermedad inflamatoria intestinal felina. Puede producir síntomas como vómitos, pérdida de peso, diarrea, disminución del apetito y sangre en las heces. Cuando la inflamación afecta principalmente al colon, la diarrea puede aparecer precisamente acompañada de sangre.
No se puede diagnosticar simplemente observando estos síntomas porque muchas enfermedades digestivas producen signos muy parecidos.
Cuerpos extraños
Los gatos tienen una capacidad sorprendente para convertir objetos completamente absurdos en juguetes. Hilos, trozos de plástico, gomas y pequeñas piezas pueden acabar donde definitivamente no deberían.
Un cuerpo extraño ingerido puede irritar o lesionar el aparato digestivo y provocar sangrado. Los cuerpos extraños se encuentran entre las posibles causas veterinarias de sangre gastrointestinal.
Si sospechas que tu gato se ha tragado algo, especialmente un hilo o una cuerda, no esperes a comprobar si termina apareciendo alegremente en el arenero. Consulta con el veterinario.
Problemas en la zona anal
No siempre la sangre viene realmente del intestino.
Una pequeña lesión alrededor del ano o determinados problemas de los sacos anales pueden provocar sangrado. Aunque las enfermedades de los sacos anales son menos habituales en gatos que en perros, pueden aparecer inflamaciones, infecciones e incluso abscesos cuya secreción llegue a ser sanguinolenta.
Pólipos, tumores y otras enfermedades
Existen causas menos frecuentes pero más importantes que también deben tenerse en cuenta, especialmente en gatos mayores o cuando el sangrado se repite.
Entre las posibles causas gastrointestinales se encuentran pólipos, úlceras y tumores. También existen enfermedades que alteran la coagulación y pueden provocar sangrados anormales.
Precisamente por la cantidad de posibilidades existentes, un sangrado persistente no debería tratarse en casa intentando adivinar qué lo está provocando.
¿Cuándo es urgente llevar al gato al veterinario?
Una pequeña veta de sangre roja que aparece una sola vez en un gato que come, juega y se comporta completamente normal no tiene la misma importancia que una diarrea llena de sangre en un animal decaído.
Hay que valorar la cantidad de sangre, si vuelve a aparecer y, sobre todo, cómo se encuentra el gato.
Busca atención veterinaria con rapidez si hay una cantidad considerable de sangre, las deposiciones son negras y alquitranadas, el sangrado se repite o aparece junto con vómitos, debilidad, fiebre, dolor abdominal, deshidratación, pérdida de apetito o un deterioro evidente del estado general. La diarrea intensa acompañada de sangre y otros signos de enfermedad puede ser seria.
También conviene actuar rápidamente ante la posibilidad de una intoxicación. Algunos tóxicos pueden provocar sangre en las heces o la orina junto con vómitos, diarrea, apatía, hematomas u otros síntomas.
¿Qué puedo hacer si encuentro sangre en el arenero?
Lo primero es observar al gato, no solamente la caca.
Fíjate en si está comiendo y bebiendo normalmente, si tiene diarrea, si vomita, si hace esfuerzo al defecar, cuántas veces entra al arenero y si se comporta como siempre. También es útil recordar si ha habido recientemente un cambio de alimentación, algún medicamento nuevo o la posibilidad de que haya ingerido algo extraño.
Y aunque resulte poco glamuroso, hacer una fotografía de las heces puede ser muy útil. Cuando llegues a la consulta probablemente ya habrás limpiado el arenero, y explicarle al veterinario que había «un poquito de sangre, pero tampoco mucha» deja bastante margen a la imaginación.
También puede pedirte una muestra fecal fresca, especialmente si necesita investigar parásitos u otras causas digestivas.
Lo que no conviene hacer es administrar por nuestra cuenta medicamentos humanos, antidiarreicos u otros tratamientos que tengamos por casa. Algunos fármacos de uso habitual para nosotros pueden resultar perjudiciales para los gatos.
La sangre en las heces es un síntoma, no una enfermedad
Encontrar sangre en las heces de un gato nos dice que existe algún tipo de sangrado, pero no nos explica por sí solo cuál es la causa.
Puede tratarse de una pequeña irritación después de unas heces demasiado duras, una colitis, parásitos o un problema digestivo que necesite tratamiento. En otras ocasiones puede ser la primera señal de una enfermedad que merece una investigación más completa.
Así que toca hacer algo que quienes convivimos con gatos terminamos dominando bastante bien: observar. Mira el color y la cantidad de sangre, comprueba cómo son las heces y, sobre todo, presta atención al comportamiento de tu gato.
Porque sí, acabar examinando cacas probablemente no estaba entre tus planes cuando decidiste compartir casa con un felino. Pero ellos tienen esa maravillosa habilidad para convertirnos en expertos en cosas que jamás pensamos que necesitaríamos saber.