Ver a un gato rascarse de vez en cuando es completamente normal. Igual que nosotros nos rascamos una pierna porque nos pica y seguimos con nuestra vida, ellos también tienen picores ocasionales.
La cosa cambia cuando parece que tu gato ha declarado la guerra oficialmente a su propio cuerpo.
Se rasca detrás de las orejas una y otra vez, se lame compulsivamente la barriga, se mordisquea las patas o empiezan a aparecer zonas con menos pelo. Revisas su pelaje buscando al sospechoso habitual y nada: ni una pulga a la vista.
Entonces surge la duda inevitable: ¿por qué mi gato se rasca sin pulgas?
Hay varias explicaciones posibles. Y la primera, aunque resulte un poco frustrante, es que no encontrar pulgas no significa necesariamente que podamos descartarlas.
Importante: Este artículo tiene únicamente fines informativos y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de un veterinario. Si tu gato se rasca de forma frecuente o intensa, presenta pérdida de pelo, heridas, costras u otras lesiones en la piel, consulta con un profesional para determinar la causa.
Mi gato se rasca mucho pero no veo pulgas
Las pulgas son pequeñas, rápidas y bastante buenas pasando desapercibidas entre el pelo. Además, los gatos dedican muchísimo tiempo a acicalarse, por lo que pueden eliminar algunas mientras se lamen.
Por eso es perfectamente posible que exista una infestación pequeña y que tú no llegues a ver ninguna pulga adulta.
A veces resulta más fácil encontrar sus excrementos. Son pequeños puntos negros parecidos a granitos de tierra que suelen localizarse pasando un peine fino por el pelaje, especialmente alrededor del cuello, el lomo y la base de la cola.
Pero hay otro motivo por el que unas pocas picaduras pueden provocar muchísimo picor: la alergia a la saliva de la pulga.
Alergia a las picaduras de pulga
Algunos gatos desarrollan una reacción alérgica frente a componentes presentes en la saliva que la pulga introduce cuando se alimenta.
En estos animales no hace falta encontrarse ante una invasión digna de película de terror para que aparezcan síntomas. Un número reducido de picaduras puede desencadenar un picor intenso.
El gato puede rascarse, lamerse o mordisquearse constantemente y terminar provocándose pérdida de pelo, pequeñas costras y lesiones en la piel. La zona del lomo, la parte posterior del cuerpo y la base de la cola suelen estar especialmente afectadas.
Por eso, cuando un gato tiene mucho picor, las pulgas siguen estando entre las primeras posibilidades que debe valorar el veterinario aunque nosotros no hayamos encontrado ninguna.
Si necesitas protegerlo frente a estos parásitos, puedes consultar nuestra guía sobre qué productos antipulgas son seguros para gatos, donde explicamos las principales opciones y las precauciones que debes tener en cuenta antes de utilizarlas.
Otros parásitos que también provocan picor
Las pulgas se llevan casi toda la fama, pero no son los únicos bichitos capaces de convertir la piel de un gato en un auténtico suplicio.
Diversos ácaros pueden provocar picor, irritación y lesiones cutáneas.
Los ácaros del oído, por ejemplo, afectan principalmente al conducto auditivo. Un gato que los tiene puede rascarse insistentemente las orejas y sacudir mucho la cabeza. También puede aparecer una secreción oscura dentro del oído.
Existen además otros ácaros que afectan directamente a la piel y cuyo diagnóstico puede requerir una exploración veterinaria y pruebas específicas. No esperes necesariamente encontrarlos separando el pelo: algunos son microscópicos.
La protección frente a los parásitos debe adaptarse al riesgo y al estilo de vida de cada animal. En nuestro artículo sobre cómo desparasitar a un gato correctamente en casa explicamos las diferencias entre parásitos internos y externos y cómo plantear una pauta adecuada.
Alergias ambientales
Los gatos también pueden desarrollar alergias frente a sustancias presentes en su entorno.
Polen, ácaros del polvo, mohos y otros alérgenos ambientales pueden desencadenar problemas cutáneos en animales sensibles. En veterinaria suele hablarse de síndrome cutáneo atópico felino cuando aparecen determinadas manifestaciones relacionadas con hipersensibilidades ambientales.
Y aquí las cosas empiezan a complicarse un poco porque las alergias felinas no siempre se presentan de una forma que nos permita identificar inmediatamente el desencadenante.
Puede haber picor en distintas zonas del cuerpo, pérdida de pelo por lamido excesivo y diferentes tipos de lesiones cutáneas. Algunos gatos presentan problemas durante determinadas épocas del año, mientras que otros tienen síntomas prácticamente todo el tiempo.
¿Puede ser una alergia alimentaria?
También puede.
Una reacción adversa a determinados componentes de la alimentación puede manifestarse mediante problemas dermatológicos, entre ellos picor y lesiones producidas por el propio rascado.
Un detalle importante es que un gato puede desarrollar una reacción frente a un alimento que lleva tiempo comiendo. Que haya tomado el mismo pienso durante meses sin problemas no basta para descartar esta posibilidad.
Además, cambiar aleatoriamente de marca cada pocas semanas tampoco sirve para confirmar una alergia alimentaria.
Cuando existe una sospecha real, el veterinario puede recomendar una dieta de eliminación durante un periodo determinado y controlar posteriormente la respuesta. Para que esta prueba tenga valor debe realizarse de manera estricta, sin premios, restos de comida u otros alimentos que interfieran.
Así que antes de iniciar la famosa peregrinación por veinte sacos distintos de pienso, merece la pena consultar.
Infecciones de la piel
A veces el picor está relacionado con una infección bacteriana o por hongos. También puede ocurrir que la infección aparezca de manera secundaria después de que otro problema haya hecho que el gato lleve días rascándose y lesionándose la piel.
Esto crea un círculo bastante desagradable: algo provoca picor, el gato se rasca, daña la barrera de la piel y las lesiones pueden complicarse.
Por eso conviene revisar bien las zonas donde se rasca. Enrojecimiento, heridas, costras, secreciones, mal olor o áreas claramente inflamadas son motivos para consultar con el veterinario.
La tiña también puede provocar problemas en la piel
Pese al nombre, la tiña no está causada por ningún gusano. Es una infección producida por hongos dermatofitos.
Puede provocar áreas de pérdida de pelo, descamación, pelos rotos y lesiones en la piel. El grado de picor es variable: algunos gatos apenas se rascan y otros sí presentan molestias.
Hay además una razón importante para no ignorarla. La dermatofitosis puede transmitirse entre animales y también a las personas.
No todas las calvas que aparecen en un gato son tiña —ni muchísimo menos—, así que el diagnóstico debe hacerlo un veterinario mediante las pruebas adecuadas.
¿Se rasca o en realidad se está lamiendo demasiado?
Esta diferencia puede parecer pequeña, pero merece atención.
No todos los gatos con picor se rascan frenéticamente con una pata. Algunos responden lamiéndose o mordisqueándose.
Y como los gatos suelen acicalarse cuando están solos, puede que nunca los veamos hacerlo. Lo único que encontramos es una barriga prácticamente sin pelo o unas patas traseras que parecen haber pasado por la peluquería.
En esos casos, el pelo puede haberse perdido porque el propio gato lo ha ido arrancando con su lengua.
Las alergias y los parásitos pueden producir este comportamiento, pero también existen otras causas. El dolor localizado puede hacer que un gato lama repetidamente una zona y, en algunos animales, el estrés o determinados problemas de comportamiento pueden contribuir al acicalamiento excesivo.
Por eso no conviene asumir directamente que una calva es «por ansiedad» sin descartar antes problemas médicos.
Si el veterinario ha descartado una causa física y sospechas que puede existir un componente ambiental, puedes consultar nuestro artículo sobre las señales de estrés en gatos para identificar otros posibles cambios en su comportamiento.
¿Cómo saber qué está provocando el picor?
Aquí es donde inspeccionar al gato bajo la lámpara del salón empieza a quedarse corto.
El veterinario tendrá que valorar dónde aparecen las lesiones, cuánto tiempo lleva rascándose, si el problema es estacional, qué antiparasitarios utiliza, si convive con otros animales y si existen otros síntomas.
Según lo que encuentre, puede necesitar realizar pruebas dermatológicas para buscar parásitos, hongos, infecciones u otras alteraciones.
Las alergias suelen requerir un proceso diagnóstico más largo porque varias enfermedades cutáneas pueden producir síntomas muy similares. En ocasiones hay que ir descartando posibilidades hasta encontrar la causa.
Puede resultar desesperante cuando lo único que queremos es saber qué demonios le pica al gato, pero tratar únicamente el rascado sin averiguar su origen puede hacer que el problema vuelva una y otra vez.
Cuándo deberías llevarlo al veterinario
Si tu gato se rasca ocasionalmente y su piel y pelaje tienen un aspecto normal, basta con observarlo.
En cambio, merece una valoración veterinaria si el rascado es frecuente o intenso, persiste durante varios días, aparecen calvas, costras, heridas, inflamación o secreciones, o el gato se hace daño al rascarse.
También conviene consultar si sacude repetidamente la cabeza, mantiene una oreja inclinada, parece sentir dolor o presenta cambios importantes de comportamiento.
Y si se ha provocado una herida extensa, existe hinchazón importante, supuración o su estado general empeora, no esperes a ver si se soluciona solo.
No trates el picor por tu cuenta
Cuando vemos que el pobre animal no deja de rascarse, es tentador buscar algo que pueda aliviarlo inmediatamente. Pero aplicar cremas, medicamentos o productos antiparasitarios sin saber qué ocurre puede causar más problemas de los que resuelve.
Esto es especialmente importante con los antiparasitarios. Nunca utilices en un gato un producto destinado exclusivamente a perros sin comprobar que sea seguro para felinos. Algunos productos caninos que contienen permetrina pueden resultar muy tóxicos para los gatos.
Tampoco conviene administrar antihistamínicos, corticoides u otros medicamentos humanos sin indicación veterinaria.
El tratamiento correcto dependerá completamente de la causa: eliminar unos ácaros no tiene nada que ver con manejar una alergia alimentaria o tratar una infección cutánea.
Si tu gato se rasca sin pulgas, busca la causa del picor
Que no encuentres ninguna pulga es una información útil, pero no resuelve el misterio.
Un gato que se rasca sin pulgas visibles puede tener desde una pequeña infestación que ha pasado desapercibida hasta ácaros, una alergia ambiental o alimentaria, una infección cutánea u otro problema dermatológico. Incluso puede que aquello que interpretamos como picor sea un lamido excesivo relacionado con dolor u otras causas.
Lo importante es fijarse en la frecuencia y en las consecuencias. Si el rascado empieza a dejar calvas, costras o heridas, ya no estamos hablando del típico picorcillo ocasional.
Y sí, probablemente acabarás examinándole el pelo, las orejas y hasta la base de la cola con una dedicación que jamás imaginaste tener.
Forma parte del contrato no escrito de convivir con un gato: ellos ponen los pelos en el sofá y nosotros nos convertimos, poco a poco, en investigadores privados de cualquier cosa rara que hagan.