¿Por qué mi gato tiene vómitos amarillos o con bilis? Causas más frecuentes

Encontrarte un charquito amarillo en el suelo a primera hora de la mañana no es precisamente la mejor manera de empezar el día. Y si convives con gatos, probablemente lo primero que hagas sea buscar al culpable y comprobar si está tan tranquilo como siempre o si realmente le pasa algo.

El vómito amarillo en los gatos puede contener bilis, un líquido producido por el hígado que participa en la digestión. Puede aparecer simplemente porque el estómago estaba vacío en el momento del vómito, pero también acompaña a numerosos problemas digestivos y a algunas enfermedades que necesitan tratamiento.

Por eso, más importante que el color es observar cuántas veces vomita, qué otros síntomas presenta y cómo se encuentra el gato después.

Importante: Este artículo tiene únicamente fines informativos y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de un veterinario. Si los vómitos se repiten, tu gato no puede retener agua o comida, presenta otros síntomas o sospechas que ha ingerido un tóxico o un cuerpo extraño, consulta con un profesional veterinario.

¿Por qué un gato vomita bilis?

La bilis puede aportar al vómito una tonalidad amarillenta o amarillo verdosa. Aunque se almacena en la vesícula biliar y se libera en el intestino delgado para ayudar durante la digestión, puede terminar apareciendo en el contenido expulsado cuando un gato vomita.

Si tiene el estómago vacío, es posible que apenas haya alimento que expulsar y veamos principalmente líquido, espuma y bilis.

Un episodio aislado en un gato que inmediatamente después vuelve a comportarse con normalidad no tiene por qué significar que exista una enfermedad grave. Sin embargo, los vómitos frecuentes no deberían considerarse normales en un gato, aunque tengamos la tentación de pensar que «siempre ha sido de vomitar mucho».

Y ahí está la diferencia importante.

Gato que vomita bilis por tener el estómago vacío

Una situación bastante habitual es encontrar el vómito amarillo después de que el gato haya pasado muchas horas sin comer.

Puede ocurrir, por ejemplo, durante la madrugada. Cena temprano, pasan muchas horas hasta el desayuno y termina vomitando por la mañana cuando su estómago está vacío.

En algunos gatos, repartir la cantidad diaria de alimento en varias comidas pequeñas puede ayudar. Pero antes de asumir que ese es el problema conviene preguntarse por qué está pasando tantas horas sin comer.

No es lo mismo un gato sano que tiene unos horarios determinados que otro que deja comida en el plato porque está perdiendo el apetito. En el segundo caso, el vómito podría ser una consecuencia de otro problema y no simplemente de tener el estómago vacío.

Comer demasiado rápido

Hay gatos que comen como si alguien estuviera a punto de quitarles el plato.

Si este comportamiento es habitual en tu gato, puedes consultar nuestro artículo sobre por qué algunos gatos comen demasiado rápido y qué puedes hacer para ayudarles a reducir la velocidad al comer.

Cuando ingieren mucha cantidad demasiado deprisa pueden devolver la comida poco después. Aunque en estos casos también debemos distinguir entre vómito y regurgitación.

Al vomitar suelen existir náuseas y contracciones abdominales antes de expulsar el contenido. En la regurgitación, en cambio, el alimento vuelve hacia fuera de una manera más pasiva y muchas veces aparece prácticamente sin digerir.

Si sucede con frecuencia, merece la pena comentarlo con el veterinario en lugar de limitarse a comprar el comedero antivoracidad más complicado que encontremos.

Cambios en la alimentación y problemas digestivos

El aparato digestivo también puede reaccionar ante determinados cambios de alimentación, intolerancias o alimentos que no le sienten bien.

Una modificación brusca de la dieta puede provocar molestias gastrointestinales. Dependiendo de la causa, el vómito puede aparecer acompañado de diarrea, gases, pérdida de apetito u otros signos digestivos.

Si además presenta deposiciones blandas o líquidas, puedes consultar nuestro artículo sobre la diarrea en gatos para conocer sus causas más frecuentes y las señales que requieren valoración veterinaria.

Si acabas de cambiar de comida y los vómitos han empezado inmediatamente después, esa información puede ser muy útil para el veterinario.

Eso no significa que debamos cambiar otra vez la dieta por nuestra cuenta cada dos días intentando encontrar la comida perfecta. Si los vómitos continúan, hay que averiguar qué los está provocando.

Bolas de pelo

Ah, las famosas bolas de pelo. Las sospechosas habituales cada vez que un gato hace el más mínimo ruido extraño con el estómago.

Los gatos ingieren pelo mientras se acicalan y una parte puede acumularse en el aparato digestivo. Normalmente ese pelo continúa su camino y acaba eliminándose con las heces, pero en ocasiones el gato lo vomita formando las características bolas de pelo.

Durante estos episodios también puede expulsar líquido o bilis.

Que aparezca alguna bola de pelo ocasionalmente puede suceder, especialmente en gatos de pelo largo o durante épocas de muda. Sin embargo, los vómitos repetidos no deberían atribuirse automáticamente a ellas. Si el gato intenta vomitar con frecuencia, pierde apetito o presenta otros síntomas, necesita valoración veterinaria.

Gastritis e irritación del estómago

La inflamación del estómago puede provocar vómitos, y cuando este ya se encuentra vacío el contenido expulsado puede ser amarillento.

Una gastritis puede aparecer por diferentes motivos, desde algo que el gato haya ingerido hasta determinadas enfermedades, medicamentos o sustancias irritantes.

Aquí resulta especialmente útil pensar en las horas anteriores al episodio. ¿Ha podido comer restos de comida? ¿Ha mordisqueado alguna planta? ¿Ha tenido acceso a medicamentos, productos de limpieza o cualquier otra cosa que definitivamente no figuraba en su menú?

Si sospechas que el problema puede estar relacionado con algo que ha comido, puedes consultar nuestra guía sobre qué comidas pueden intoxicar a un gato. Ante una posible intoxicación, no esperes a que aparezcan más síntomas para contactar con un veterinario.

Parásitos intestinales

Algunos parásitos gastrointestinales también pueden producir vómitos.

Dependiendo del parásito y del grado de infestación pueden aparecer otros problemas como diarrea, pérdida de peso, alteraciones del apetito o un peor estado general.

Los gatitos y los animales con acceso al exterior pueden tener una exposición mayor a determinados parásitos, pero vivir exclusivamente dentro de casa no permite descartarlos por completo.

Cuando existen síntomas digestivos persistentes, el veterinario puede recomendar analizar una muestra de heces como parte de la investigación.

La pauta antiparasitaria debe adaptarse al riesgo y al estilo de vida de cada animal. En nuestro artículo sobre cómo desparasitar a un gato correctamente en casa explicamos las principales opciones y por qué conviene establecer la pauta adecuada para cada gato.

Enfermedad inflamatoria intestinal

Cuando los vómitos son recurrentes, una de las posibilidades que puede valorar el veterinario es la enfermedad inflamatoria intestinal.

Los gatos afectados pueden presentar vómitos crónicos, diarrea, pérdida de peso y cambios en el apetito. Los síntomas varían según la zona del aparato gastrointestinal afectada y pueden parecerse muchísimo a los de otras enfermedades.

Por eso no se puede diagnosticar una enfermedad inflamatoria intestinal simplemente porque el gato vomite bilis varias veces.

Normalmente es necesario investigar y descartar otras causas.

Un cuerpo extraño en el aparato digestivo

Hilos, cintas, gomas, trozos de plástico, juguetes pequeños… Si cabe en la boca, siempre existe algún gato dispuesto a comprobar si también cabe en el estómago.

La ingestión de un cuerpo extraño puede provocar vómitos y, si produce una obstrucción, convertirse en un problema serio.

El gato puede vomitar repetidamente, perder el apetito, mostrarse decaído o presentar dolor abdominal. Si sospechas que se ha tragado algún objeto, necesita atención veterinaria.

Y hay una precaución especialmente importante con los hilos: si ves uno saliendo de la boca o del ano del gato, no tires de él. Un cuerpo extraño lineal puede quedar atrapado en el aparato digestivo y tirar podría provocar lesiones graves.

Enfermedades que no empiezan en el estómago

Este es uno de los motivos por los que no conviene pensar que un gato que vomita tiene necesariamente «algo en el estómago».

Los vómitos también pueden aparecer asociados a enfermedades de otros órganos.

Problemas renales, hepáticos, pancreáticos o endocrinos pueden producir náuseas y vómitos. En esos casos suelen aparecer otros cambios que pueden darnos pistas, como pérdida de peso, aumento de la sed, alteraciones del apetito o menor actividad.

La enfermedad renal, por ejemplo, puede provocar náuseas, pérdida de apetito y vómitos a medida que se acumulan sustancias de desecho que los riñones ya no eliminan correctamente. En gatos mayores, pequeños cambios como beber más, adelgazar o comer peor merecen especial atención.

Si tu gato es mayor y además has observado que bebe más, pierde peso o ha cambiado su apetito, puedes consultar nuestro artículo sobre los síntomas de insuficiencia renal en gatos mayores para conocer otras señales que conviene vigilar.

Por eso el contexto importa mucho más que descubrir exactamente qué tono de amarillo tenía el charquito.

¿Cuándo hay que preocuparse por un gato que vomita amarillo?

Un único vómito no tiene la misma importancia que seis episodios en unas horas.

Si tu gato ha vomitado una vez pero después come, bebe, utiliza el arenero y se comporta exactamente como siempre, puedes vigilar su evolución. Si el episodio vuelve a repetirse, conviene consultar.

En cambio, necesita atención veterinaria cuanto antes si vomita repetidamente, no consigue retener agua, está muy decaído, tiene dolor, presenta sangre en el vómito, tiene el abdomen hinchado o existe la posibilidad de que haya ingerido un tóxico o un cuerpo extraño.

También merece especial atención un gato que deja de comer. Los gatos no deberían pasar periodos prolongados sin ingerir alimento, ya que una reducción importante de la ingesta puede favorecer problemas serios como la lipidosis hepática, especialmente en animales con sobrepeso.

Los gatitos, gatos mayores y animales que padecen alguna enfermedad también justifican un margen de espera menor ante vómitos repetidos.

Qué observar antes de acudir al veterinario

No necesitas montar un pequeño laboratorio forense en la cocina, pero prestar atención a algunos detalles puede ayudar bastante.

Intenta recordar cuándo comenzó, cuántas veces ha vomitado y qué había comido previamente. Observa también si el vómito contiene comida, pelo, espuma, sangre o algún material extraño y si existen diarrea, estreñimiento, cambios en la cantidad de orina, pérdida de apetito o alteraciones en su comportamiento.

Una fotografía del vómito puede ser útil para enseñársela al veterinario. Poco apetecible para la galería del móvil, sí. Útil, también.

No le administres medicamentos humanos ni remedios caseros para cortar los vómitos sin indicación veterinaria. Tampoco provoques el vómito en casa si sospechas que ha ingerido algo peligroso, salvo que un profesional veterinario te indique expresamente cómo actuar.

El vómito amarillo es una pista, no un diagnóstico

Cuando un gato vomita bilis, el color amarillo nos ayuda a identificar qué estamos viendo, pero por sí solo no nos dice cuál es la causa.

Puede ocurrir después de pasar demasiadas horas con el estómago vacío, pero también aparecer por una irritación digestiva, parásitos, bolas de pelo, un cuerpo extraño o diferentes enfermedades. La frecuencia de los episodios y el estado general del gato son mucho más importantes para valorar la situación.

Así que, si ocurre una sola vez y tu gato continúa haciendo su vida habitual, obsérvalo. Si los vómitos se repiten o aparece cualquier otro síntoma, toca hablar con el veterinario.

Porque los gatos tienen un talento especial para vomitar justo en la única alfombra de toda la casa. Pero que hayan elegido el peor sitio posible no significa que debamos acostumbrarnos a que vomiten con frecuencia.

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