Cómo prevenir la obesidad en gatos castrados

Castrar a un gato tiene muchas ventajas, pero también suele venir acompañado de una pequeña trampa doméstica: aquel animal que antes parecía quemar calorías simplemente respirando puede empezar a redondearse poco a poco.

Primero piensas que está más «hermoso». Después notas que la cintura ha desaparecido misteriosamente. Y un día intentas palparle las costillas y descubres que hay que buscarlas con bastante más entusiasmo que antes.

La obesidad en gatos castrados no es inevitable. Tras la esterilización pueden cambiar sus necesidades energéticas y también su comportamiento frente a la comida, pero engordar no tiene por qué formar parte del paquete.

La clave está en adaptar cuanto antes la cantidad de alimento, controlar su condición corporal y conseguir que siga moviéndose aunque su idea de una tarde perfecta consista en dormir seis horas encima del sofá.

Importante: Este artículo tiene únicamente fines informativos y no sustituye el asesoramiento de un veterinario. Si tu gato tiene sobrepeso, está ganando peso rápidamente o necesitas modificar de forma importante su alimentación, consulta con un profesional para establecer una pauta adecuada a sus necesidades.

¿Por qué los gatos castrados tienen más facilidad para engordar?

Después de la castración se producen cambios hormonales que pueden afectar tanto al metabolismo como al apetito.

En términos prácticos, podemos encontrarnos con un gato que necesita menos energía que antes pero tiene más ganas de comer. No parece precisamente la combinación ideal para mantener la línea.

Si seguimos llenando el cuenco exactamente igual que antes de la operación y el animal además reduce su actividad, el exceso de energía acaba almacenándose en forma de grasa.

Esto tampoco ocurre igual en todos los gatos. La edad, el nivel de actividad, la alimentación, la genética y el entorno influyen en el riesgo de ganar peso.

Por eso lo importante no es asumir que «como está castrado, engordará», sino empezar a vigilar su peso desde ese momento.

No esperes a que esté gordo para controlar su peso

Prevenir unos cientos de gramos de más es bastante más sencillo que conseguir que un gato con sobrepeso los pierda después.

Una buena costumbre es pesarlo periódicamente.

Puedes hacerlo en casa utilizando una báscula adecuada o pesándote primero tú y después con el gato en brazos si la báscula tiene suficiente precisión. Lo importante es utilizar siempre un método parecido para poder comparar la evolución.

El peso por sí solo, sin embargo, no cuenta toda la historia.

Dos gatos pueden pesar exactamente lo mismo y tener constituciones completamente diferentes. Por eso también debemos fijarnos en su condición corporal.

Si tienes dudas sobre si tu gato está empezando a ganar demasiado peso, puedes consultar nuestro artículo sobre el sobrepeso en gatos de interior, donde explicamos cómo reconocerlo y qué factores pueden favorecerlo.

Aprende a mirar el cuerpo de tu gato

El objetivo no es que puedas verle todas las costillas. Tampoco que parezca una pelota cubierta de pelo con cuatro patas.

En un gato con una condición corporal adecuada deberíamos poder palpar las costillas bajo una fina capa de grasa sin tener que presionar demasiado. Mirándolo desde arriba también debería apreciarse cierta cintura detrás de las costillas.

El pelo puede engañar muchísimo, especialmente en gatos de pelo largo.

Pasar las manos suavemente por los costados permite detectar cambios que a simple vista pueden pasar desapercibidos. Si cada vez cuesta más notar las costillas o la cintura desaparece progresivamente, probablemente sea el momento de revisar cuánto está comiendo.

Una pequeña bolsa abdominal tampoco significa automáticamente que el gato esté obeso. Muchos tienen un pliegue de piel y grasa en la parte inferior del abdomen conocido como bolsa primordial, incluso estando en un peso adecuado.

Mide la comida en lugar de llenar el cuenco a ojo

Aquí suele estar una de las diferencias más importantes.

«Le pongo solamente un poquito» es una unidad de medida bastante poco fiable.

Ese poquito de pienso por la mañana, otro poquito cuando el plato parece vacío, otro porque el gato lleva diez minutos explicándonos que jamás ha sido alimentado… Al final del día podemos haber ofrecido bastante más de lo que imaginamos.

Medir la ración diaria permite saber realmente cuánto come.

La cantidad adecuada depende del alimento, el peso, la condición corporal, la edad y la actividad del animal. Las indicaciones del envase pueden servir como punto de partida, pero no son una cantidad personalizada e inamovible.

Si tu gato empieza a ganar peso con la ración actual, habla con el veterinario para ajustar su ingesta.

¿Hay que darle un pienso especial para gatos esterilizados?

No necesariamente por el simple hecho de estar castrado.

Los alimentos comercializados específicamente para gatos esterilizados suelen estar formulados teniendo en cuenta sus necesidades energéticas, pero que aparezca la palabra «esterilizado» en el paquete no hace imposible que un gato engorde.

La cantidad total de energía que consume sigue siendo fundamental.

Un alimento perfectamente adecuado administrado en exceso también puede favorecer el aumento de peso.

Por eso interesa elegir una dieta completa y equilibrada apropiada para el gato y controlar las cantidades según sus necesidades reales. Si tienes dudas sobre qué alimento utilizar después de la castración, especialmente si ya tiene sobrepeso o alguna enfermedad, consulta con el veterinario.

Si estás valorando cambiar su alimentación después de la castración, puedes consultar nuestra guía sobre cómo elegir el mejor pienso para gatos esterilizados, donde explicamos qué aspectos conviene revisar más allá de la palabra «esterilizado» del envase.

Cuidado con dejar pienso disponible durante todo el día

El alimento a libre disposición funciona razonablemente bien con algunos gatos capaces de autorregularse.

Otros interpretan un cuenco lleno como un reto personal.

Después de la castración, si aumenta el apetito, dejar comida disponible permanentemente puede facilitar que el gato consuma más energía de la necesaria sin que nosotros seamos conscientes.

Dividir su ración diaria en varias comidas pequeñas permite controlar mejor cuánto come sin necesidad de reducirlo todo a dos grandes tomas.

Los comederos automáticos pueden resultar prácticos para repartir pequeñas cantidades durante el día, especialmente cuando pasamos muchas horas fuera de casa.

Eso sí, el aparato no hace desaparecer las calorías. Hay que programarlo para distribuir la cantidad diaria que corresponda, no para añadir varias comidas nuevas a las que ya recibía.

Si estás valorando utilizar uno, puedes consultar nuestra comparativa de los mejores comederos automáticos para gatos, donde analizamos diferentes opciones para programar y repartir sus comidas.

Los premios también cuentan

Esta parte suele dolernos más a los humanos que a ellos.

Un premio porque ha venido cuando lo llamamos. Otro después de cortarle las uñas. Uno porque nos ha puesto cara de gato abandonado y llevamos exactamente doce minutos sin darle nada.

Todo suma.

Los premios y pequeños extras aportan energía y deben formar parte de la cantidad total que recibe durante el día. Si utilizas muchos para entrenarlo o enriquecer su rutina, una opción sencilla es reservar parte de su propia ración diaria y emplearla como recompensa.

Así sabemos exactamente cuánto ha comido.

Y si varias personas viven en casa, conviene ponerse de acuerdo. No sería el primer gato que consigue desayunar tres veces fingiendo ante cada miembro de la familia que nadie se ha acordado de alimentarlo.

La comida húmeda puede ser una buena aliada

Incluir alimento húmedo completo dentro de una dieta bien planificada puede resultar interesante para muchos gatos.

Su elevado contenido de agua ayuda a aumentar la ingesta de líquido y, dependiendo del alimento concreto, permite ofrecer un volumen de comida diferente para una determinada cantidad de energía.

Pero tampoco podemos considerar cualquier lata como adelgazante por definición.

Los alimentos húmedos tienen composiciones y densidades energéticas distintas. Hay que contar sus calorías dentro de la alimentación total exactamente igual que hacemos con el pienso.

Si combinamos seco y húmedo, la clave es repartir la ración, no ofrecer la cantidad habitual de pienso y añadir una lata por encima como si esta no contara.

Haz que conseguir la comida requiera un poquito de trabajo

En la naturaleza, ningún ratón se presenta voluntariamente dentro de un cuenco a las ocho de la mañana.

En casa hemos hecho la alimentación extremadamente cómoda. Y aunque eso nos viene estupendamente, podemos aprovechar parte de la ración para estimular la actividad del gato.

Los comederos interactivos y juguetes dispensadores hacen que tenga que manipular, empujar o buscar para conseguir pequeñas cantidades de comida.

También puedes repartir parte de su ración por diferentes lugares de la casa para que tenga que localizarla.

No se trata de convertir cada croqueta en una oposición a funcionario. La dificultad debe adaptarse al gato y empezar siendo sencilla para evitar frustraciones.

Jugar también forma parte de prevenir la obesidad

Reducir comida sin prestar atención al movimiento es quedarse con media solución.

Los gatos domésticos pueden pasar muchas horas prácticamente inactivos, especialmente cuando viven exclusivamente dentro de casa. Y después de la castración algunos pueden volverse algo menos activos.

Por eso merece la pena provocar oportunidades de movimiento.

Los juguetes tipo caña son especialmente útiles porque permiten imitar secuencias de persecución. Muévelos como si fueran una presa: escóndelos detrás de un mueble, haz que aparezcan, escapen y permitan alguna captura.

Suele funcionar mejor realizar varias sesiones cortas repartidas durante el día que pretender mantener al gato haciendo ejercicio durante una eternidad.

Y deja que gane de vez en cuando. Perseguir durante diez minutos algo imposible de capturar tampoco parece el plan más divertido del mundo.

Si buscas otras formas de estimularlo y mantenerlo activo dentro de casa, puedes consultar nuestra selección de los mejores juguetes interactivos para gatos.

Adapta la casa para favorecer el movimiento

El ejercicio no tiene por qué ocurrir únicamente cuando sacamos un juguete.

Un entorno bien organizado puede hacer que el gato se mueva espontáneamente durante el día.

Rascadores altos, árboles para gatos, estanterías seguras, plataformas junto a las ventanas y distintos lugares de descanso crean recorridos verticales que obligan a caminar, subir y saltar.

También podemos colocar recursos en diferentes puntos de la vivienda en lugar de concentrarlo absolutamente todo en dos metros cuadrados.

No hace falta vivir en una mansión ni dedicar una habitación entera al gato. Incluso en un piso pequeño se puede aprovechar el espacio vertical.

Créeme, ellos no tienen ningún problema en considerar también de su propiedad las paredes.

Si quieres aprovechar el espacio vertical para favorecer que trepe y se mueva más, puedes consultar nuestra selección de los mejores árboles rascadores para gatos.

El aburrimiento también puede acabar en el comedero

Cuando en casa no ocurre absolutamente nada interesante, comer se convierte en una actividad.

Esto nos resulta sospechosamente familiar a los humanos.

El enriquecimiento ambiental ayuda a proporcionar otras cosas que hacer: observar el exterior desde una ventana segura, explorar cajas y escondites, trepar, rascar, perseguir juguetes o buscar pequeñas cantidades de comida.

También es buena idea rotar los juguetes en lugar de dejar veinte permanentemente tirados por el suelo. Cuando un objeto lleva tres meses junto al sofá suele adquirir aproximadamente el mismo interés que una pata de la mesa.

¿Qué hago si mi gato ya tiene sobrepeso?

Si la cintura desapareció hace tiempo, no intentes solucionarlo simplemente reduciendo drásticamente la comida.

Los gatos deben adelgazar de forma controlada. Una restricción excesiva de alimento o un periodo prolongado sin comer puede resultar peligroso, y los gatos con sobrepeso tienen especial riesgo de desarrollar lipidosis hepática si dejan de ingerir suficiente alimento.

Lo adecuado es acudir al veterinario para confirmar que realmente existe sobrepeso, establecer un peso objetivo y diseñar un plan de pérdida de peso apropiado.

En algunos casos también puede recomendarse una dieta específica para adelgazar. Estas dietas están formuladas para permitir una restricción energética manteniendo un aporte nutricional adecuado.

Después toca controlar periódicamente la evolución y realizar ajustes cuando sean necesarios.

Las dietas relámpago no son buena idea para nosotros y mucho menos para un animal que no entiende por qué ayer cenaba una cantidad y hoy su plato parece víctima de un recorte presupuestario.

La prevención empieza justo después de la castración

La mejor estrategia contra la obesidad en gatos castrados no consiste en esperar a que aparezca y poner al gato a dieta.

Consiste en anticiparse.

Controla su peso y condición corporal, mide la cantidad de comida, cuenta los premios, adapta la alimentación si sus necesidades cambian y procura que tenga oportunidades diarias para jugar, trepar, explorar y moverse.

Y no te fíes demasiado de sus opiniones sobre la cantidad de comida que necesita.

Puedes pesar cuidadosamente su ración, repartirla durante todo el día y comprobar que recibe exactamente lo que le corresponde. Él seguirá sentándose delante del cuenco vacío y mirándote como si llevara tres semanas sobreviviendo solo en mitad del bosque.

No es una valoración nutricional.

Es un gato negociando.

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