¿Cuánto tiempo aguanta la comida húmeda de gatos abierta en el frigorífico?

Abrir una lata de comida húmeda, servir la mitad y guardar el resto en la nevera parece una operación bastante sencilla. Hasta que llega el día siguiente y empiezan las dudas.

¿Esto todavía estará bien? ¿La abrí ayer o anteayer? ¿Por qué no apunté la fecha? ¿Y por qué mi gata la huele como si estuviera intentando envenenarla si lleva perfectamente guardada desde anoche?

La comida húmeda para gatos abierta puede conservarse en el frigorífico durante un tiempo limitado, siempre que se haya refrigerado correctamente. No existe, sin embargo, una duración idéntica para todos los productos. Las indicaciones del fabricante son la referencia que debemos seguir porque el periodo recomendado puede variar según el alimento y su envase.

Y hay otro tiempo que debemos controlar: cuánto lleva esa comida en el plato. Porque una lata puede conservarse correctamente en la nevera y estropearse después si dejamos la ración durante horas a temperatura ambiente.

¿Cuánto dura la comida húmeda de gatos en la nevera?

Una vez abierto el envase, debemos tapar la comida que haya sobrado y guardarla en el frigorífico cuanto antes.

Como orientación práctica, muchos fabricantes recomiendan consumir la comida húmeda refrigerada en unos pocos días, pero no conviene aplicar automáticamente una cifra concreta a cualquier lata, sobre o tarrina.

Mira las instrucciones del propio producto.

Si el fabricante indica consumirlo dentro de las 24, 48 o 72 horas posteriores a la apertura, esa recomendación tiene prioridad.

Una costumbre muy sencilla es escribir en el envase la fecha en que lo has abierto. Especialmente útil cuando tienes varias latas empezadas y llega ese momento en el que todas parecen llevar «un par de días» dentro de la nevera.

Cómo guardar correctamente una lata abierta

No metas simplemente la lata abierta en el frigorífico y te olvides de ella.

La comida debería quedar bien cubierta para reducir su exposición al aire, evitar que se reseque y protegerla de contaminaciones y olores de otros alimentos.

Puedes utilizar una tapa diseñada para latas de comida para mascotas o pasar el contenido sobrante a un recipiente limpio con cierre hermético.

Después, directo al frigorífico.

No conviene dejar la lata durante mucho tiempo sobre la encimera pensando que ya la guardarás después. Una vez servida la ración, refrigera las sobras que quieras conservar.

¿Puedo guardar la comida dentro de su propia lata?

Sí, siempre que quede correctamente cubierta y las instrucciones del fabricante no indiquen otra cosa.

Las tapas reutilizables para latas resultan bastante cómodas cuando el envase tiene un tamaño que permite varias raciones.

Otra posibilidad es utilizar un recipiente hermético.

Lo importante es evitar que la comida permanezca destapada en el frigorífico. Además de resecarse, puede absorber olores.

Y teniendo en cuenta el extraordinario talento de algunos gatos para rechazar una comida porque hoy huele un 2 % diferente que ayer, tampoco necesitamos añadirle aroma a cebolla del cajón de al lado.

¿Cuánto tiempo puede estar la comida húmeda en el plato?

Aquí debemos ser más cuidadosos.

Una vez que servimos comida húmeda y permanece a temperatura ambiente, las condiciones cambian. La humedad del alimento favorece el crecimiento microbiano y, cuanto mayor sea la temperatura de la habitación, menos tiempo interesa dejarlo fuera.

Por eso no es buena idea servir por la mañana una gran cantidad de comida húmeda para que el gato vaya comiéndola durante todo el día.

Resulta preferible ofrecer raciones que pueda consumir en un periodo razonablemente corto y retirar las sobras.

Si hace mucho calor, debemos ser todavía más prudentes. Una casa fresca en invierno y una cocina a treinta grados en agosto no ofrecen precisamente las mismas condiciones de conservación.

Para saber el tiempo máximo recomendado para un alimento concreto, consulta también las indicaciones de su fabricante.

¿Puedo volver a guardar lo que el gato ha dejado en el plato?

Mejor no convertirlo en una costumbre.

La comida que ya ha permanecido a temperatura ambiente y que el gato ha estado lamiendo no está en las mismas condiciones que la parte que guardamos directamente en el frigorífico al abrir el envase.

Su saliva y el contacto con el recipiente y el ambiente pueden introducir microorganismos.

Por eso es preferible servir cantidades pequeñas y añadir más si las termina, en lugar de llenar el plato y devolver posteriormente las sobras al envase.

Además, así resulta bastante más sencillo saber cuánto está comiendo realmente.

¿Hay que calentar la comida después de sacarla de la nevera?

No es obligatorio, pero algunos gatos rechazan la comida muy fría.

La temperatura afecta al aroma. Una comida recién sacada del frigorífico desprende menos olor y puede resultar menos apetecible, especialmente para gatos acostumbrados a recibirla a temperatura ambiente.

Puedes sacar solamente la ración que vas a utilizar y dejar que pierda un poco el frío antes de ofrecérsela.

Otra posibilidad es templarla ligeramente. Si utilizas microondas, hazlo durante muy poco tiempo, remueve bien después y comprueba cuidadosamente la temperatura.

El microondas puede producir zonas mucho más calientes que otras aunque el alimento parezca templado por fuera.

No necesitamos cocinarlo otra vez. Solamente quitarle ese encantador efecto «paté recién salido del Polo Norte».

Añadir agua templada puede ayudar

Otra opción sencilla consiste en mezclar la ración refrigerada con una pequeña cantidad de agua templada.

Además de modificar la temperatura, aumenta ligeramente la cantidad de agua que ingiere el gato.

Esto puede resultar práctico con animales que disfrutan de texturas más húmedas. Eso sí, una vez añadida el agua, estamos hablando de una ración preparada para consumir en ese momento.

No prepares un recipiente enorme de comida diluida para volver a guardarlo varios días.

¿Cómo saber si la comida húmeda se ha estropeado?

La primera pista puede ser bastante evidente: el olor.

Si notas un olor desagradable o claramente diferente al habitual, no se la ofrezcas. También deberías descartarla si presenta cambios extraños de color o textura, moho, un envase anormalmente hinchado o cualquier otra alteración sospechosa.

Pero hay algo importante: que una comida parezca normal no garantiza que se haya conservado correctamente.

Si no recuerdas cuándo abriste la lata o sabes que ha permanecido demasiado tiempo fuera del frigorífico, lo más prudente es tirarla.

No merece la pena arriesgarse para aprovechar dos cucharadas.

¿Y si mi gato se niega a comerla al día siguiente?

Esto puede ocurrir aunque la comida se haya conservado perfectamente.

Algunos gatos son especialmente sensibles a los cambios de temperatura, textura y olor. Una lata recién abierta puede resultarles maravillosa mientras que la misma comida refrigerada recibe al día siguiente una inspección seguida de una retirada indignada.

Prueba a servirla menos fría y observa qué ocurre.

También puedes comprar formatos más pequeños si continuamente terminas tirando la mitad. Aunque el precio por cantidad pueda ser algo mayor, puede compensar si realmente aprovechas todo el contenido.

Pero si tu gato empieza de repente a rechazar también comida recién abierta que antes comía con entusiasmo, presta atención. Una pérdida de apetito inesperada no debería atribuirse automáticamente a que se ha vuelto exquisito.

Organiza las raciones antes de guardarlas

Si utilizas habitualmente envases grandes, puedes simplificar bastante el proceso.

Al abrir uno, calcula aproximadamente las raciones que vas a utilizar y conserva el resto inmediatamente en un recipiente limpio y bien cerrado.

Esto evita estar sacando todo el envase, dejándolo sobre la encimera, sirviendo un poco y volviendo a guardarlo varias veces.

También puedes tener un pequeño recipiente destinado exclusivamente a la comida del gato.

Y sí, etiquetarlo puede parecer excesivo hasta que alguien de casa abre la nevera y se encuentra un misterioso paté dentro de un táper sin ninguna explicación.

¿Se puede congelar la comida húmeda para gatos?

Algunos alimentos pueden congelarse, pero la congelación puede modificar su textura y hacer que determinados gatos los acepten peor después de descongelarlos.

Además, las recomendaciones pueden variar según el producto.

Si quieres congelar una comida húmeda concreta porque utilizas envases grandes, consulta primero las indicaciones del fabricante. Si permite hacerlo, dividirla previamente en pequeñas porciones resulta mucho más práctico que congelar toda la lata de una pieza.

La descongelación debería hacerse de manera segura, preferentemente en el frigorífico, y no dejando la comida durante horas sobre la encimera.

La higiene del plato también importa

Conservar perfectamente la lata sirve de poco si después utilizamos un plato con restos de la comida anterior.

Los recipientes de comida húmeda deberían lavarse regularmente con agua caliente y jabón y aclararse bien antes de volver a utilizarlos.

Esto cobra especial importancia cuando ofrecemos varias raciones diarias.

También conviene utilizar recipientes de superficies lisas y fáciles de limpiar, como los de acero inoxidable o cerámica en buenas condiciones, y sustituir aquellos que estén muy deteriorados o resulten difíciles de higienizar.

Mejor servir poco y repetir que llenar el plato

Una buena forma de evitar desperdicios consiste en ofrecer pequeñas cantidades.

Si el gato se las termina, siempre podemos servir un poco más. Si decide que hoy esa comida que ayer le apasionaba constituye una ofensa personal, habremos desperdiciado solamente una pequeña porción.

Esto resulta especialmente útil cuando estamos cambiando del pienso a la comida húmeda, porque algunos gatos necesitan tiempo para acostumbrarse a las nuevas texturas y olores.

Si estás realizando este cambio, puedes consultar nuestra guía sobre cómo hacer la transición del pienso a la comida húmeda en gatos, donde explicamos cómo introducirla progresivamente sin dejar de controlar cuánto está comiendo.

También permite controlar mejor cuánto comen, algo especialmente interesante en gatos esterilizados o con tendencia a ganar peso.

La nevera conserva la comida, pero no indefinidamente

La regla más sencilla para manejar la comida húmeda de gatos en la nevera es tratarla como lo que es: un alimento perecedero.

Una vez abierto el envase, tapa las sobras, refrigéralas rápidamente y respeta el periodo de conservación indicado por el fabricante. Cuando sirvas una ración, evita dejarla durante horas a temperatura ambiente y desecha aquello que presente cualquier signo extraño o cuya conservación te genere dudas.

Y apunta cuándo abriste la lata.

Parece una tontería, pero evita esa maravillosa escena de estar delante del frigorífico un miércoles por la noche sosteniendo un táper de paté mientras intentas reconstruir mentalmente los últimos tres días de tu vida.

Tu gato probablemente resolvería la duda de una manera mucho más sencilla.

Olerlo, mirarte con desprecio y exigir una lata nueva.

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