Cómo hacer la transición del pienso a la comida húmeda en gatos

Hay gatos a los que les pones una lata delante y reaccionan como si acabaran de descubrir el mayor invento de la humanidad. Y luego están los otros.

Los que se acercan, huelen durante dos segundos, te miran con profunda decepción y se marchan dejando intacta esa comida húmeda maravillosa que compraste convencida de que les iba a encantar.

Si tu gato lleva mucho tiempo comiendo pienso, esta reacción no es especialmente sorprendente. Está acostumbrado a un olor, una textura y una forma concreta de comer. Cambiar todo eso de repente puede provocar rechazo y, si hacemos la transición demasiado rápido, también molestias digestivas.

Por eso, para cambiar el pienso por comida húmeda en gatos, suele funcionar mejor olvidarse de las prisas. La idea no es conseguir que mañana coma una dieta completamente diferente, sino enseñarle progresivamente que esa cosa extraña que acaba de aparecer en su plato también es comida.

Importante: Este artículo tiene únicamente fines informativos y no sustituye el asesoramiento de un veterinario. Si tu gato tiene alguna enfermedad, sigue una dieta veterinaria, necesita perder peso o deja de comer durante la transición, consulta con un profesional antes de realizar cambios importantes en su alimentación.

¿Por qué puede costarle aceptar la comida húmeda?

Desde nuestro punto de vista parece sencillo: ambas son comida para gatos.

Para ellos las diferencias son enormes.

El pienso es seco, crujiente y bastante uniforme. La comida húmeda puede presentarse como paté, mousse, trocitos, fibras de carne o pedazos bañados en salsa. Su olor también es distinto y cambia según esté fría, templada o lleve un rato en el plato.

Un gato acostumbrado desde pequeño a una única textura puede mostrarse bastante desconfiado ante otras.

Este rechazo ante alimentos desconocidos está relacionado en algunos casos con la neofobia alimentaria. En nuestro artículo sobre la neofobia alimentaria en gatos explicamos por qué algunos aceptan peor los alimentos nuevos y cómo puede influir su experiencia previa con diferentes sabores y texturas.

Además, los gatos suelen llevar regular los cambios repentinos. Si lleva cinco años encontrando exactamente las mismas croquetas en el mismo cuenco y una mañana estas desaparecen para ser sustituidas por un paté, no podemos sorprendernos demasiado si presenta una reclamación formal.

Antes de cambiar, elige una comida húmeda adecuada

No todas las latas, sobres y tarrinas que encontramos en las tiendas están pensados para constituir por sí solos la alimentación diaria.

Si quieres sustituir el pienso, comprueba que la comida húmeda sea un alimento completo, adecuado para la etapa vital de tu gato. Un alimento complementario puede utilizarse en determinadas circunstancias, pero no está formulado necesariamente para proporcionar por sí solo todos los nutrientes que necesita.

Este detalle es especialmente importante cuando la intención es realizar una sustitución total y no simplemente ofrecer una pequeña cantidad como extra.

Si tu gato sigue una dieta veterinaria, tiene alguna enfermedad, necesita perder peso o presenta necesidades nutricionales particulares, el cambio debería plantearse con su veterinario.

Si todavía estás valorando qué tipo de alimentación utilizar, puedes consultar nuestro artículo sobre las diferencias entre pienso seco y comida húmeda para gatos, donde explicamos las ventajas y limitaciones de ambos formatos.

No sustituyas todo el pienso de golpe

Para un gato que acepta cualquier alimento, una transición puede resultar bastante sencilla. Con uno especialmente desconfiado, necesitarás más paciencia.

Puedes empezar colocando una cantidad muy pequeña de comida húmeda junto a su alimento habitual.

Ni siquiera es imprescindible mezclarlos al principio. Algunos gatos rechazan todo el plato en cuanto descubren que sus queridas croquetas han sido contaminadas por una sustancia sospechosamente húmeda.

Déjala cerca para que pueda olerla e investigarla.

Si la prueba, estupendo. Si solamente la huele y se marcha, también hemos avanzado algo: ya ha tenido contacto con ese alimento sin que desapareciera su comida habitual.

Aumenta la cantidad progresivamente

Cuando empiece a aceptar la comida húmeda, puedes incrementar poco a poco la cantidad mientras reduces proporcionalmente el pienso.

No existe un calendario obligatorio que funcione con todos los gatos.

Algunos gatos aceptan el cambio con bastante rapidez, mientras que otros pueden necesitar varias semanas para acostumbrarse a una nueva textura y forma de alimentación. Si aparecen heces blandas, vómitos o rechazo del alimento durante la transición, conviene frenar y valorar qué está ocurriendo.

La palabra importante es proporcionalmente.

Si añades comida húmeda pero mantienes exactamente la misma cantidad de pienso, no estás haciendo una transición. Estás añadiendo calorías.

Y tu gato probablemente estará encantado con este método, pero su cintura puede tener una opinión diferente.

¿Se puede mezclar el pienso con la comida húmeda?

Sí, si tu gato lo acepta.

Una vez que tolera el olor y el sabor de la comida nueva, mezclar una pequeña cantidad con su alimento habitual puede facilitar la transición en algunos animales.

Pero no es obligatorio.

Hay gatos que comen perfectamente ambas cosas por separado y otros que dejan el plato entero en cuanto una croqueta toca accidentalmente el paté.

Puedes probar distintas estrategias y observar cuál funciona mejor.

Lo importante es que el cambio sea progresivo y que puedas controlar cuánto está comiendo realmente.

Prueba diferentes texturas antes de rendirte

Este punto puede marcar una diferencia enorme.

Que tu gato rechace una comida húmeda no significa necesariamente que no le guste la comida húmeda.

Puede que no le guste esa textura.

Hay gatos enamorados de los patés que miran con desprecio cualquier trocito en salsa. Otros lamen toda la salsa y dejan los pedazos perfectamente limpios en el plato. Algunos prefieren mousse, otros texturas más fibrosas.

Si rechaza una opción, prueba otra presentación antes de concluir que el señor únicamente acepta pienso.

Eso sí, evita abrir cinco alimentos nuevos el mismo día. Introducir constantemente productos diferentes hace mucho más difícil saber qué tolera bien y puede favorecer molestias digestivas.

La temperatura de la comida también importa

Sacar una lata directamente del frigorífico y colocarla delante del gato puede no ser la mejor estrategia.

La comida fría desprende menos aroma, y el olor tiene mucha importancia para los gatos a la hora de decidir si algo resulta apetecible.

Puedes dejar que la ración pierda el frío antes de servirla o templarla ligeramente. Si utilizas microondas, remueve muy bien el alimento y comprueba la temperatura para evitar zonas demasiado calientes.

No necesitamos servirle un menú a 37 grados exactos con mantel y música ambiental.

Simplemente intenta que no esté helado.

Si utilizas latas o envases que duran varias raciones, puedes consultar también cuánto tiempo aguanta la comida húmeda de gatos abierta en el frigorífico y cómo conservarla correctamente una vez abierta.

Utiliza el olor a tu favor

Con gatos especialmente resistentes podemos hacer que la nueva comida resulte más familiar.

Una posibilidad es triturar unas pocas croquetas de su pienso habitual y espolvorear una pequeña cantidad sobre la comida húmeda. Así encontrará un olor que ya conoce mientras empieza a probar la nueva textura.

Después puedes ir reduciendo progresivamente ese pequeño «condimento».

También puede ayudar ofrecer la comida en un plato ancho y poco profundo. Algunos gatos se sienten más cómodos cuando sus bigotes no rozan continuamente los bordes de un recipiente estrecho.

A veces compramos cuatro sabores nuevos buscando el problema en la comida y resulta que el señor simplemente no aprueba la vajilla.

Establece horarios de comida

Si el gato tiene pienso disponible las 24 horas, convencerlo de que pruebe algo nuevo puede ser complicado.

¿Por qué iba a investigar ese extraño paté si puede esperar veinte minutos y volver a sus croquetas?

Establecer varias comidas durante el día permite presentar el alimento cuando tiene cierto apetito y también ayuda a controlar mejor cuánto consume.

Pero esto no significa retirar el pienso y esperar hasta que el hambre lo obligue a comer húmedo.

Con los gatos, esa estrategia puede ser peligrosa.

Nunca intentes que coma la nueva comida «por hambre»

Este es probablemente el punto más importante de toda la transición.

Un gato no debería pasar un periodo prolongado sin comer para obligarlo a aceptar un alimento nuevo.

Algunos son extraordinariamente testarudos con la comida y pueden mantener el rechazo bastante más tiempo de lo que esperamos. Una ingesta insuficiente puede convertirse en un problema serio, especialmente en gatos con sobrepeso, por el riesgo de lipidosis hepática.

Si rechaza la comida húmeda, vuelve a ofrecerle un alimento que sabes que come y continúa la transición de una manera más gradual.

Y si deja de comer incluso su comida habitual, ya no estamos ante un simple problema de adaptación. Consulta con el veterinario.

¿Cuánta comida húmeda debe comer un gato?

Aquí no existe una respuesta en número de latas.

Una tarrina de 85 gramos de un alimento puede aportar una cantidad de energía muy distinta a otra del mismo tamaño. Además, las necesidades dependen del peso, edad, actividad, condición corporal, estado reproductivo y salud del gato.

Por eso no podemos convertir directamente «50 gramos de pienso» en «50 gramos de comida húmeda».

Hay que comparar la cantidad de energía que aporta cada alimento y ajustar la ración a las necesidades del animal.

Las recomendaciones del fabricante pueden servir como orientación inicial, pero después hay que vigilar el peso y la condición corporal.

Si no tienes claro cuánto debería comer tu gato al sustituir completamente el pienso, tu veterinario puede ayudarte a calcular una ración apropiada.

¿Puedo combinar pienso y comida húmeda para siempre?

Claro.

No existe ninguna obligación de realizar una transición hasta llegar al 100 % de comida húmeda si no es lo que buscas.

Un gato puede recibir alimentación seca y húmeda siempre que ambos alimentos sean adecuados y la dieta total esté bien equilibrada.

Lo importante vuelve a ser controlar las cantidades.

Por ejemplo, si decides ofrecer comida húmeda por la mañana y por la noche y mantener una parte de pienso durante el día, debes ajustar ambas raciones para que el conjunto corresponda aproximadamente a sus necesidades.

La comida húmeda no tiene calorías invisibles, por mucho que algunos gatos intenten convencernos de lo contrario.

Una ventaja de la comida húmeda: aporta mucha agua

Una de las diferencias más evidentes respecto al pienso es su contenido de humedad.

Los gatos evolucionaron obteniendo buena parte del agua a través de sus presas y no siempre compensan completamente una alimentación seca bebiendo grandes cantidades. Incorporar comida húmeda puede aumentar la ingesta total de agua.

Si quieres entender mejor por qué la hidratación merece especial atención en esta especie, puedes consultar nuestro artículo sobre por qué los gatos necesitan más agua de la que beben.

Esto puede resultar especialmente interesante para determinados gatos y es una de las razones por las que muchos propietarios deciden introducirla.

Pero aumentar el agua de la dieta no significa que podamos retirar el bebedero. El gato debe continuar teniendo siempre agua fresca disponible.

Qué hacer si solo lame la salsa

Bienvenida a una situación extraordinariamente común.

Le pones delante unos estupendos trocitos de carne en salsa y cinco minutos después encuentras unos pedazos impecablemente secos. El gato ha realizado una intervención quirúrgica para extraer hasta la última gota de líquido sin ingerir prácticamente nada sólido.

En ese caso puedes probar con un paté o mousse.

También puedes aplastar los trozos y mezclarlos mejor con la salsa para conseguir una textura más uniforme. Si empieza aceptándolo así, más adelante puedes modificar gradualmente la consistencia.

Lo importante es descubrir qué características hacen que rechace o acepte el alimento.

Vigila el arenero durante el cambio

El arenero puede contarnos bastante sobre cómo está tolerando la transición.

Al cambiar la alimentación pueden producirse modificaciones en la cantidad, frecuencia o consistencia de las deposiciones. Una transición gradual suele ayudar al aparato digestivo a adaptarse.

Si aparece una diarrea importante o persistente, vómitos repetidos, sangre en las heces o cualquier deterioro del estado general, no continúes aumentando el alimento nuevo sin averiguar qué ocurre.

Si las deposiciones blandas o líquidas son el principal problema durante el cambio, puedes consultar nuestro artículo sobre la diarrea en gatos, donde explicamos sus causas más frecuentes y cuándo requiere valoración veterinaria.

Y presta atención también a la orina.

Al consumir una alimentación con más humedad es posible que aumente la cantidad de agua que ingiere a través de la comida y notes cambios en sus hábitos urinarios.

No confundas rechazo del alimento con falta de apetito

Un gato que rechaza el paté nuevo pero corre hacia su pienso en cuanto escucha abrir la bolsa está dejando bastante clara su opinión gastronómica.

Uno que rechaza ambas cosas es diferente.

La pérdida de apetito puede acompañar a numerosos problemas de salud. En gatos mayores, por ejemplo, comer menos puede aparecer junto a pérdida de peso, vómitos, aumento de la sed y otros signos de enfermedad.

Si tu gato comía normalmente y de repente empieza a rechazar alimentos que antes le encantaban, no des por hecho que simplemente se ha vuelto caprichoso.

Paciencia: algunos gatos necesitan mucho más tiempo

Para cambiar el pienso por comida húmeda en gatos, especialmente cuando llevan años comiendo exclusivamente alimento seco, suele funcionar mejor pensar en semanas que en horas.

Empieza ofreciendo cantidades pequeñas, experimenta con texturas, sirve el alimento a una temperatura agradable y aumenta progresivamente la proporción conforme el gato lo vaya aceptando.

Mientras tanto, controla que siga comiendo suficiente y ajusta las cantidades para no sumar las calorías del pienso y la comida húmeda.

Y si después de dos semanas tu gato continúa mirando el paté como si hubieras puesto cemento fresco en su plato, no desesperes.

Quien convive con gatos acaba aprendiendo que hay una diferencia enorme entre explicarles que algo les conviene y conseguir que les importe lo más mínimo.

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