Cuando un gato recibe un diagnóstico de enfermedad renal crónica, una de las primeras preguntas suele ser bastante práctica: ¿y ahora qué le doy de comer?
Entonces empiezas a leer etiquetas, descubres que el fósforo se ha convertido de repente en un asunto importantísimo y acabas delante de una estantería de comida para gatos intentando descifrarla como si fuera un examen.
La dieta de un gato con enfermedad renal es una parte fundamental del manejo de la enfermedad. Las dietas renales veterinarias están formuladas específicamente para adaptarse a las necesidades que aparecen cuando los riñones pierden progresivamente parte de su capacidad para funcionar. La evidencia disponible respalda su utilización porque pueden reducir las crisis urémicas y mejorar la evolución de los gatos con enfermedad renal crónica.
Pero hay un detalle importantísimo: no basta con comprar una lata que ponga «renal». Hay que conseguir que el gato la coma, mantener una ingesta suficiente y adaptar la alimentación a su etapa de enfermedad, analíticas y estado nutricional.
Importante: Este artículo tiene únicamente fines informativos y no sustituye el diagnóstico, el seguimiento ni las recomendaciones nutricionales de un veterinario. La alimentación de un gato con enfermedad renal crónica debe adaptarse a su estado clínico, analíticas, peso, condición corporal y etapa de la enfermedad. No modifiques una dieta terapéutica ni añadas suplementos o medicamentos sin consultar con el profesional que realiza su seguimiento.
¿Por qué necesita una alimentación diferente?
Los riñones participan en numerosas funciones del organismo, entre ellas la eliminación de productos de desecho y la regulación del equilibrio de agua, minerales y electrolitos.
Cuando existe enfermedad renal crónica, esa capacidad va disminuyendo progresivamente.
Si quieres conocer mejor cómo puede manifestarse esta enfermedad, puedes consultar nuestro artículo sobre los síntomas de insuficiencia renal en gatos mayores, donde explicamos las principales señales que pueden aparecer y cómo se diagnostica.
Por eso las dietas renales no se limitan a quitar un ingrediente concreto. Su formulación busca controlar varios aspectos al mismo tiempo: especialmente el aporte de fósforo, pero también las proteínas y otros nutrientes, manteniendo a la vez una alimentación completa y suficientemente energética.
Y esto último merece atención.
Un gato renal que apenas come la dieta «perfecta» puede encontrarse en peor situación nutricional que uno cuyo plan ha tenido que adaptarse para conseguir una ingesta suficiente.
El fósforo es especialmente importante
Cuando empezamos a informarnos sobre cómo alimentar a un gato con enfermedad renal crónica, es fácil pensar que todo gira alrededor de las proteínas.
Sin embargo, el control del fósforo tiene un papel especialmente relevante.
A medida que disminuye la función renal, el organismo tiene más dificultades para mantener correctamente el equilibrio del fósforo. Las dietas renales están formuladas con un contenido reducido para ayudar a controlar sus concentraciones y disminuir las consecuencias asociadas a su acumulación.
Esto también explica por qué no podemos convertir cualquier comida convencional en una dieta renal simplemente eligiendo la que tenga menos proteína.
Hay que valorar la formulación completa. Tampoco conviene comparar alimentos únicamente por una cifra de fósforo aislada sin tener en cuenta cómo está expresado ese valor, la composición completa de la dieta y las necesidades concretas del gato.
Además, el veterinario puede controlar el fósforo mediante análisis periódicos y ajustar el tratamiento según los resultados. Si la dieta no permite alcanzar los objetivos adecuados, en determinados gatos pueden utilizarse medicamentos que se unen al fósforo de los alimentos en el intestino, conocidos como quelantes o captadores de fósforo.
Estos productos deben utilizarse bajo supervisión veterinaria, no añadirse a la comida por nuestra cuenta «por si acaso».
¿Un gato renal necesita comer poca proteína?
Esta pregunta genera muchísima confusión.
Las dietas renales suelen contener una cantidad de proteína modificada respecto a muchos alimentos convencionales, pero el objetivo no consiste en eliminarla.
Los gatos necesitan proteínas y aminoácidos esenciales para mantener sus tejidos y su masa muscular. Esto resulta especialmente importante porque algunos gatos con enfermedad renal pierden peso y músculo conforme avanza la enfermedad.
Las dietas terapéuticas buscan encontrar un equilibrio entre proporcionar una nutrición adecuada y reducir determinadas consecuencias metabólicas de la enfermedad renal. Actualmente, además, existen formulaciones con diferentes niveles de proteína que permiten individualizar mejor la alimentación.
Por eso intentar diseñar una dieta casera basándonos simplemente en «menos carne» puede acabar creando otros problemas nutricionales.
La comida renal veterinaria tiene una formulación específica
Una dieta renal terapéutica no es lo mismo que un alimento para gatos mayores.
Tampoco es simplemente un pienso normal con menos proteína.
Estas dietas suelen combinar un contenido restringido de fósforo con cantidades y características de proteína adaptadas a estos pacientes, además de otros ajustes nutricionales. Dependiendo de la formulación, pueden incluir cambios en el contenido de sodio, potasio, vitaminas, ácidos grasos omega-3 y otros nutrientes.
Por eso, una vez diagnosticada la enfermedad renal, el veterinario debería ayudarte a decidir qué alimentación resulta apropiada para ese gato concreto.
La enfermedad renal crónica se clasifica además en diferentes estadios, y las necesidades pueden cambiar según su evolución. Las recomendaciones actuales de IRIS contemplan las dietas renales dentro del manejo de la enfermedad, pero insisten en que el tratamiento debe individualizarse y ajustarse según la respuesta de cada paciente.
¿Es mejor comida húmeda o pienso renal?
Podemos encontrar dietas renales tanto secas como húmedas.
En un gato con enfermedad renal, la alimentación húmeda presenta una ventaja evidente: proporciona una cantidad considerable de agua con cada comida. Mantener una hidratación adecuada es especialmente importante en estos animales, y las dietas húmedas pueden ayudar a aumentar su ingesta total de agua.
Eso no significa que el pienso renal esté prohibido.
Hay gatos que solamente aceptan determinadas texturas o que comen mucho mejor el alimento seco. En esos casos, conseguir que ingieran suficientes calorías también importa.
Puede utilizarse comida húmeda, seca o una combinación apropiada según las necesidades y preferencias del animal, siguiendo el plan establecido con el veterinario.
Conseguir que beba suficiente agua
Además del agua presente en la comida, el gato debería tener siempre agua fresca disponible.
Puedes colocar varios bebederos en diferentes puntos de la casa y comprobar qué tipo de recipiente prefiere. Algunos gatos beben más de fuentes, mientras que otros prefieren cuencos amplios y tranquilos alejados de la comida o del arenero.
Si quieres conocer mejor cómo obtienen agua los gatos y qué estrategias pueden favorecer su consumo, puedes consultar nuestro artículo sobre por qué los gatos necesitan más agua de la que beben.
También puedes añadir una pequeña cantidad de agua a la comida húmeda si la acepta de esa manera.
No hace falta convertir cada lata en una sopa. Si añades tanta agua que el gato deja de comérsela, hemos conseguido exactamente lo contrario de lo que buscábamos.
En algunos gatos con enfermedad más avanzada, la hidratación puede necesitar otras medidas prescritas por el veterinario. La dieta y los bebederos no sustituyen esos tratamientos cuando son necesarios.
Si tu gato muestra preferencia por el agua en movimiento, puedes consultar nuestra comparativa de las mejores fuentes de agua para gatos para valorar diferentes opciones.
Cómo cambiar a una dieta renal sin que deje de comer
Aquí aparece uno de los mayores desafíos.
Puedes comprar una comida renal estupendamente formulada y descubrir que tu gato considera que preferiría alimentarse de aire.
Los cambios deberían realizarse gradualmente, especialmente si lleva años comiendo el mismo alimento. IRIS señala que muchos gatos aceptan mejor la dieta renal cuando la transición se realiza lentamente, durante varias semanas.
Puedes empezar introduciendo una pequeña proporción de la nueva comida junto a la habitual e ir aumentándola progresivamente mientras reduces la anterior.
En nuestra guía sobre cómo hacer la transición del pienso a la comida húmeda en gatos encontrarás también estrategias para introducir gradualmente nuevas texturas y conseguir que un gato acostumbrado al alimento seco acepte mejor la comida húmeda.
Con la comida húmeda también merece la pena experimentar con texturas y sabores. Un gato puede rechazar un paté renal y aceptar perfectamente otra presentación.
Templar ligeramente el alimento puede aumentar su aroma y hacerlo más atractivo. Ofrecer pequeñas comidas frecuentes también puede funcionar mejor que colocar una ración enorme delante de un gato con poco apetito.
Nunca intentes obligarlo mediante el hambre
Este punto merece estar escrito bien claro.
No retires su comida habitual esperando que, cuando tenga suficiente hambre, terminará aceptando la dieta renal.
Los gatos con enfermedad renal pueden presentar disminución del apetito y pérdida de peso, y mantener una ingesta nutricional suficiente es una prioridad. Cornell advierte específicamente de la importancia de asegurarse de que el gato siga comiendo durante la transición a una dieta terapéutica.
Si rechaza la dieta nueva, habla con el veterinario antes de convertir cada comida en una batalla.
Puede ser necesario probar otras formulaciones, investigar por qué ha perdido el apetito o tratar síntomas que estén dificultando que coma.
Si no quiere comer, quizá el problema no sea la comida
Un gato con enfermedad renal puede acercarse al plato con intención de comer y marcharse después de olerlo.
Es fácil interpretar la escena como «se ha cansado de esta lata».
Pero la propia enfermedad puede provocar náuseas y pérdida de apetito. Los gatos con enfermedad renal también pueden presentar vómitos, pérdida de peso, deshidratación y otros problemas que interfieren con su alimentación.
Si un alimento que ayer aceptaba deja de interesarle repentinamente, especialmente si ocurre con varias comidas diferentes, merece la pena comentarlo con el veterinario.
En algunos pacientes puede ser necesario tratar las náuseas, estimular el apetito o abordar otras complicaciones antes de esperar que vuelvan a comer adecuadamente.
El peso y la masa muscular importan muchísimo
No deberíamos valorar el éxito de una dieta para un gato con enfermedad renal mirando solamente los valores de la analítica.
También hay que mirar al gato.
Pesarlo regularmente permite detectar pérdidas que quizá resulten difíciles de apreciar a simple vista. Además del peso, interesa controlar su condición corporal y su masa muscular, porque un animal puede perder músculo sin que la báscula refleje inmediatamente un cambio espectacular.
IRIS considera el seguimiento del peso, la condición corporal, la masa muscular y la ingesta calórica una parte importante del manejo nutricional de estos pacientes.
Si cada vez pesa menos, no debemos felicitarnos simplemente porque esté comiendo exclusivamente comida renal. Hay que averiguar por qué no está cubriendo sus necesidades.
¿Puede comer premios?
Aquí podemos sabotear una dieta estupendamente planteada sin darnos cuenta.
Premios, trocitos de nuestra comida, snacks, suplementos y alimentos utilizados para esconder medicamentos también forman parte de lo que consume el gato.
Un pequeño extra ocasional puede parecer insignificante, pero si recibe varios cada día puede modificar la composición de la dieta total.
En un gato renal conviene preguntar al veterinario qué premios pueden utilizarse y en qué cantidad.
Esto es especialmente importante con alimentos ricos en fósforo. No merece demasiado la pena controlar cuidadosamente el fósforo de las comidas principales para después repartir extras sin tenerlos en cuenta.
¿Puedo prepararle una dieta casera?
Sí puede formularse una alimentación casera para un gato con enfermedad renal, pero no debería improvisarse.
Preparar simplemente pollo, pescado o carne con algunos ingredientes que hemos leído que son «buenos para el riñón» no garantiza una dieta completa.
El gato necesita cantidades adecuadas y equilibradas de aminoácidos, vitaminas, minerales, ácidos grasos y otros nutrientes. La enfermedad renal añade además restricciones y objetivos nutricionales específicos.
Si quieres utilizar alimentación casera, lo adecuado es hacerlo con una receta individualizada formulada por un veterinario especializado en nutrición.
Copiar una receta cualquiera de internet y modificar ingredientes según lo que haya esa semana en el supermercado puede alterar por completo su equilibrio nutricional.
Cuidado con los suplementos
Más tampoco significa mejor.
No añadas vitaminas, minerales, potasio, calcio, omega-3, captadores de fósforo ni otros suplementos simplemente porque hayas leído que pueden utilizarse en gatos renales.
Algunos efectivamente forman parte del tratamiento de determinados pacientes, pero se indican según sus necesidades y resultados analíticos. Las recomendaciones de IRIS, por ejemplo, contemplan suplementar potasio cuando existe hipopotasemia y utilizar captadores de fósforo cuando el control dietético por sí solo no permite alcanzar determinados objetivos.
Eso es muy diferente a administrarlos preventivamente sin saber si el gato los necesita.
La dieta debe adaptarse a las analíticas
La enfermedad renal crónica no permanece exactamente igual durante toda la vida del gato.
El veterinario realizará controles para valorar parámetros relacionados con la función renal y posibles complicaciones. También puede revisar la presión arterial, la orina, los electrolitos y las concentraciones de fósforo, entre otros aspectos.
Estos resultados ayudan a decidir si la alimentación actual sigue siendo apropiada o necesita ajustes.
Por eso no conviene pensar en la dieta renal como una receta que elegimos el día del diagnóstico y mantenemos automáticamente durante años.
Forma parte del tratamiento y, como el resto del tratamiento, necesita seguimiento.
Cuando el gato renal deja de comer
Una disminución importante del apetito requiere atención.
Si tu gato come cada vez menos, pierde peso, vomita repetidamente o rechaza incluso sus alimentos favoritos, contacta con su veterinario.
No esperes varios días confiando en que acabará teniendo hambre.
En algunos gatos con enfermedad renal avanzada puede resultar difícil cubrir las necesidades nutricionales únicamente mediante alimentación voluntaria. Cuando esto ocurre, existen diferentes estrategias veterinarias para controlar los síntomas y mejorar la ingesta y, en determinados pacientes, puede plantearse incluso alimentación asistida.
El objetivo no consiste únicamente en conseguir determinados números en una analítica. Queremos mantener al gato nutrido y con la mejor calidad de vida posible.
Alimentar los riñones sin olvidarnos del gato
La dieta de un gato con enfermedad renal debería estar formulada específicamente para sus necesidades, con especial atención al control del fósforo, una cantidad apropiada de proteína y suficientes calorías y nutrientes para mantener su peso y masa muscular. La hidratación también ocupa un lugar importante, por lo que la comida húmeda renal puede resultar especialmente útil cuando el gato la acepta.
Pero la mejor dieta sobre el papel sirve de poco si permanece intacta dentro del plato.
Hay que encontrar un equilibrio entre los objetivos nutricionales de la enfermedad, lo que muestran las analíticas y aquello que el gato realmente está dispuesto y es capaz de comer. Y ese equilibrio puede cambiar conforme evoluciona la enfermedad.
Así que si acabas con cuatro sabores de comida renal abiertos porque el señor ayer quería pollo, hoy prefiere pescado y mañana probablemente anunciará que no consume ninguno de los dos, bienvenida al club.
Con los gatos, hasta la nutrición clínica incluye negociación.