Compras un rascador precioso. Lees opiniones, buscas uno resistente, eliges un color que no convierta el salón en una sucursal de una tienda de mascotas y lo colocas orgullosamente junto al sofá.
Tu gato se acerca, lo huele durante aproximadamente cuatro segundos y se marcha.
Cinco minutos después está arañando el sofá.
Si tu gato araña los muebles en vez del rascador, no significa que lo haga para fastidiarte ni que haya decidido despreciar personalmente los 60 euros que acabas de gastarte. Para los gatos, arañar es un comportamiento completamente normal y cumple varias funciones. El problema aparece cuando el lugar que ellos consideran perfecto coincide con un mueble que nosotros pretendíamos conservar entero.
La solución no suele consistir en conseguir que el gato deje de arañar. Consiste en descubrir por qué ese sofá le resulta mucho más atractivo que el maravilloso rascador que has elegido para él.
¿Por qué necesitan arañar los gatos?
Antes de declarar la guerra a las uñas, hay que entender algo importante: los gatos necesitan arañar.
No es una mala costumbre que podamos eliminar sin más. El rascado forma parte de su comportamiento natural y está relacionado con la forma en que perciben y marcan su entorno.
Al rascar una superficie utilizan y estiran diferentes músculos, mantienen sus uñas y dejan señales tanto visuales como olfativas. En sus patas existen glándulas que participan en esa comunicación mediante olores.
Arañar también puede aparecer en momentos de excitación. Hay gatos que se levantan de dormir, se estiran y van directamente al rascador. Otros lo hacen cuando sus humanos vuelven a casa o después de una sesión de carreras por el pasillo.
Por tanto, cuando un gato utiliza el brazo del sofá no está pensando: «Este humano parece demasiado tranquilo hoy».
Simplemente ha encontrado allí una superficie que satisface muy bien una necesidad natural.
¿A qué edad empiezan los gatos a utilizar un rascador?
Los gatos comienzan a arañar superficies desde que son muy pequeños. A medida que desarrollan la coordinación y empiezan a explorar su entorno, el rascado aparece de forma completamente natural, por lo que no es necesario enseñarles cómo utilizar un rascador.
Lo importante es ofrecerles uno adecuado desde el principio. Si el rascador es estable, tiene un tamaño suficiente y está colocado en una zona donde el gato pasa tiempo, es mucho más probable que lo incorpore a su rutina desde cachorro.
El rascador está en el lugar equivocado
Este es uno de los errores más habituales.
Nosotros solemos elegir dónde colocar el rascador pensando en dónde queda mejor. El gato tiene otros criterios.
Arañar también cumple una función de comunicación, por lo que muchos gatos prefieren hacerlo en lugares relevantes de su territorio. Un rascador magnífico escondido en una habitación que casi nadie utiliza puede tener bastante menos interés que el sofá situado en pleno salón.
Si siempre araña el mismo lateral del sofá, colocar inicialmente el rascador justo al lado puede aumentar mucho las posibilidades de que lo utilice.
Sí, quizá durante unas semanas la decoración quede un poco rara. Pero estamos negociando con un animal que considera las cajas de cartón elementos de interiorismo perfectamente aceptables.
Fíjate en dónde araña ahora
El lugar elegido por el gato nos proporciona información.
Puede rascar cerca de sus zonas de descanso, en lugares de paso o en determinadas áreas importantes de la vivienda. En vez de decidir dónde debería querer arañar, observa dónde lo está haciendo realmente.
Después coloca una alternativa adecuada en ese punto.
Una vez que utilice el rascador de forma habitual, si necesitas cambiarlo de sitio puedes probar a desplazarlo gradualmente. Moverlo de golpe al rincón que inicialmente habíamos elegido puede devolvernos exactamente al punto de partida.
Puede que el rascador sea demasiado pequeño
Hay rascadores que parecen diseñados teniendo en mente un gato imaginario del tamaño de una taza.
Para rascar cómodamente en vertical, muchos gatos quieren estirar el cuerpo. Si al hacerlo llegan fácilmente a la parte superior o el rascador resulta demasiado corto, el sofá ofrece una ventaja bastante evidente: tiene espacio de sobra.
Observa cómo araña tu gato.
Si se estira completamente contra el lateral del mueble, busca un rascador suficientemente alto para permitirle realizar ese mismo movimiento.
El tamaño también importa en los rascadores horizontales. El gato debería poder colocarse y rascar cómodamente sin quedarse sin superficie a mitad de la operación.
Si se mueve, puede no gustarle
Imagina que intentas estirarte apoyándote en una pared y la pared empieza a tambalearse.
Algo parecido puede ocurrir con un rascador poco estable.
Cuando el gato clava las uñas y tira con fuerza necesita una superficie que aguante el movimiento. Un poste ligero que se inclina, se desplaza o amenaza con caer encima de él puede perder rápidamente cualquier atractivo.
El sofá, en cambio, tiene una estabilidad envidiable.
Por eso un buen rascador vertical debería contar con una base suficientemente sólida para mantenerse firme mientras el gato lo utiliza.
Si tienes uno en casa que permanece completamente ignorado, prueba a sujetarlo y comprueba cuánto se mueve. Quizá acabas de descubrir parte del misterio.
Quizá prefiere otra textura
Los gatos también tienen preferencias respecto a los materiales.
Sisal, cartón, tejidos y otras superficies ofrecen sensaciones diferentes bajo las uñas. Un gato puede entusiasmarse con el cartón y mostrar un absoluto desinterés por determinado poste de cuerda.
Aquí no existe una textura universal que todos los gatos vayan a elegir.
Si el rascador actual no funciona, fíjate en qué muebles está arañando. La superficie elegida puede darte pistas sobre lo que busca.
También puedes ofrecer diferentes tipos de rascadores durante un tiempo y observar cuál utiliza con mayor frecuencia.
No hace falta llenar la casa de quince modelos. Un par de opciones bien elegidas pueden decirnos bastante sobre sus preferencias.
Algunos gatos prefieren arañar en horizontal
Cuando pensamos en un rascador solemos imaginar inmediatamente el típico poste vertical.
Pero no todos los gatos rascan de esa manera.
Algunos prefieren superficies horizontales y disfrutan especialmente con rascadores planos de cartón u otros materiales. Otros utilizan ambos tipos dependiendo del momento.
Si tu gato ignora sistemáticamente el poste pero destroza alfombras, felpudos o determinadas zonas horizontales, te está dejando una pista bastante clara.
En ese caso, comprar un poste todavía más espectacular probablemente no sea la solución. Prueba con una superficie de rascado horizontal.
También existen modelos inclinados, que pueden resultar atractivos para gatos con otras preferencias.
El sofá ya tiene algo que el rascador todavía no tiene
Si un gato lleva tiempo arañando un mueble concreto, ese lugar ya contiene sus señales visuales y olfativas.
Además, ha aprendido que funciona.
Tiene la altura adecuada, la textura le gusta, no se mueve y está exactamente donde quiere utilizarlo. Desde su punto de vista, abandonar semejante instalación para estrenar el objeto extraño que acabamos de dejar a dos metros no tiene demasiado sentido.
Por eso proporcionar un rascador no siempre basta.
Tenemos que conseguir que la nueva opción resulte cómoda y accesible y, al mismo tiempo, hacer que la superficie antigua sea temporalmente menos atractiva o menos accesible.
Cómo conseguir que un gato utilice el rascador
La estrategia más útil empieza por dejar de pensar en el rascador como un objeto decorativo y empezar a verlo desde el punto de vista del gato.
Tiene que estar en un lugar adecuado, ser estable, permitirle adoptar su postura preferida y ofrecer una superficie que le resulte agradable.
Si ya tiene un mueble favorito, coloca el rascador muy cerca de esa zona. Cuanto antes se coloque un rascador adecuado, más fácil será que el gato lo incorpore a su rutina. Si lleva meses o años utilizando siempre el mismo sofá, el cambio puede requerir algo más de paciencia.
Puedes intentar despertar su interés jugando alrededor del rascador o utilizando recursos que le resulten atractivos. Algunos gatos responden al catnip, aunque no todos muestran interés por él.
Cuando utilice el rascador, puedes reforzar ese comportamiento con algo que valore, como un pequeño premio, atención o juego.
Lo que no hace falta es cogerle las patas y pasarlas por el rascador para enseñarle cómo funciona. Él ya sabe perfectamente cómo se araña. Lo que necesitamos es convencerlo de que esa superficie merece la pena.
¿Cómo proteger los muebles mientras aprende?
Mientras el gato empieza a utilizar una alternativa, puedes proteger temporalmente las zonas que suele arañar.
Existen protectores para sofás y diferentes materiales que pueden cubrir las superficies problemáticas. La idea es modificar durante un tiempo la sensación que obtiene al arañar allí mientras ofrecemos inmediatamente al lado una opción mejor.
En determinados muebles también puede funcionar reorganizar temporalmente el espacio para dificultar el acceso a la zona concreta.
Pero simplemente bloquear su lugar favorito sin proporcionar una alternativa puede hacer que busque otro mueble.
El objetivo sigue siendo redirigir, no eliminar la conducta.
¿Sirve regañarlo cuando araña el sofá?
Puede conseguir que deje de arañar en ese momento.
El problema es lo que aprende realmente.
Si gritas, das una palmada o lo asustas, el gato puede asociar esa experiencia desagradable contigo. También puede aprender algo bastante sencillo: el sofá se araña cuando el humano no está mirando.
No le estamos enseñando dónde queremos que rasque.
El castigo tampoco modifica la necesidad que está detrás del comportamiento. El gato continúa necesitando una superficie donde utilizar las uñas, estirarse y dejar sus señales.
Es mucho más efectivo ofrecerle un lugar adecuado y premiar espontáneamente su elección cuando lo utiliza.
¿Y los sprays para evitar que arañe?
Los productos repelentes no deberían ser la base de la estrategia.
Aunque una determinada superficie deje de resultarle atractiva, el gato seguirá necesitando arañar en alguna parte. Si no tiene una alternativa que realmente le guste, puede limitarse a cambiar el brazo izquierdo del sofá por el derecho. O descubrir las maravillosas posibilidades de esa butaca que hasta ahora había respetado.
Además, hay que asegurarse de que cualquier producto utilizado en casa sea seguro para gatos.
Los aceites esenciales y otros remedios caseros aromáticos no son una buena opción para improvisar repelentes.
La pregunta principal siempre debería ser la misma: ¿qué le falta al rascador para competir con el mueble?
¿Hay que cortarle las uñas?
Mantener las uñas del gato adecuadamente recortadas puede reducir el daño que provoca cuando araña determinadas superficies, pero no eliminará la necesidad de rascar.
Son dos cosas diferentes.
Si decides cortárselas, hay que retirar únicamente la punta y evitar la zona vascularizada del interior de la uña. Si nunca lo has hecho o tu gato convierte cualquier intento de manicura en una batalla campal, pide al veterinario que te enseñe cómo hacerlo correctamente.
Y aunque lleve las uñas perfectamente cuidadas, sigue necesitando rascadores.
¿Cuántos rascadores necesita un gato?
No existe un número mágico que funcione para todas las casas.
Importa más disponer de superficies adecuadas en lugares estratégicos que acumular rascadores en una única esquina.
En una casa grande o cuando conviven varios gatos, puede ser útil ofrecer diferentes puntos de rascado. Esto permite que cada animal tenga acceso a recursos sin necesidad de atravesar zonas donde pueda sentirse incómodo por la presencia de otro gato.
También puedes colocar rascadores cerca de lugares donde duerme, ya que muchos gatos disfrutan estirándose y arañando después de levantarse.
Y, por supuesto, en aquellas zonas donde ya te ha comunicado de manera bastante explícita que necesita uno.
Si empieza a arañar muebles de repente, presta atención
Una cosa es que tu gato haya considerado el sofá su rascador oficial desde que llegó a casa y otra que un animal que nunca arañaba determinados lugares empiece a hacerlo repentinamente y con mucha frecuencia.
Los cambios de comportamiento pueden aparecer por modificaciones en el entorno, estrés o conflictos territoriales.
La llegada de otro gato, una mudanza, obras, cambios de mobiliario o incluso la presencia de gatos desconocidos en el exterior pueden alterar el comportamiento de algunos animales.
En estos casos merece la pena observar qué ha cambiado y si aparecen otras señales de estrés.
Si el cambio es muy marcado o viene acompañado de otros comportamientos inusuales, consultar con el veterinario ayuda a descartar problemas médicos y decidir si hace falta valorar el comportamiento con mayor profundidad.
El rascador perfecto es el que tu gato decide utilizar
Si tu gato araña los muebles en vez del rascador, probablemente el sofá esté cumpliendo mejor alguno de sus requisitos.
Puede estar mejor situado, ser más estable, tener la altura perfecta o simplemente ofrecer una textura que le encanta. En lugar de intentar convencerlo de que sus preferencias son incorrectas, suele funcionar mucho mejor utilizar esas preferencias a nuestro favor.
Observa dónde araña, en qué posición lo hace y qué tipo de superficie elige. Después busca un rascador que reproduzca esas características y colócalo exactamente donde resulta útil para él.
Cuando empiece a utilizarlo, habrás ganado una pequeña batalla doméstica.
Eso sí, no esperes agradecimiento.
Para tu gato no habrás salvado el sofá. Simplemente habrás tardado bastante en comprender dónde quería que instalaras su nuevo rascador.