Cuando convives con un gato todos los días, los cambios de peso pueden pasar bastante desapercibidos. Lo ves constantemente y quizá no notas nada extraño hasta que un día lo acaricias y piensas: «Un momento… ¿siempre se le notaban tanto los huesos?».
O lo coges en brazos y parece pesar bastante menos.
Si un gato adelgaza rápido, las causas pueden ser muy diferentes. Algunas tienen que ver con que está comiendo menos, mientras que otras provocan pérdida de peso incluso cuando el animal conserva el apetito o parece comer más que antes.
Lo importante es no asumir que simplemente «se está haciendo mayor» o que ha adelgazado porque últimamente está más activo. Una pérdida de peso involuntaria, especialmente si es rápida o evidente, merece una valoración veterinaria.
El peso es solo una señal. Ahora toca averiguar qué está provocando el cambio.
Importante: Este artículo tiene un carácter exclusivamente informativo y no sustituye la valoración de un veterinario. Si tu gato está perdiendo peso sin una causa aparente, especialmente si además deja de comer, vomita, tiene diarrea o muestra otros síntomas, es importante acudir a un veterinario para determinar la causa.
¿Por qué un gato puede adelgazar de repente?
Para mantener su peso, el organismo necesita obtener y utilizar correctamente la energía y los nutrientes que recibe.
Si el gato empieza a comer menos, no absorbe bien los nutrientes, sus necesidades energéticas aumentan o existe una enfermedad que altera su metabolismo, puede empezar a perder peso.
También puede perder masa muscular, algo especialmente importante en gatos mayores. A veces la báscula muestra un cambio relativamente discreto, pero nosotros notamos que el animal está mucho más delgado al tocar el lomo, las caderas o las patas.
Por eso, cuando aparece una pérdida de peso inexplicable, conviene observar algo más que el número de la báscula.
¿Come igual? ¿Bebe más? ¿Vomita? ¿Tiene diarrea? ¿Está más activo o más apagado? ¿Orina más? ¿Le cuesta masticar?
Esos pequeños detalles pueden dar al veterinario pistas muy útiles.
Problemas dentales: quiere comer, pero le duele
Una causa que puede pasar desapercibida está dentro de la boca.
Los gatos pueden sufrir diferentes enfermedades dentales y problemas orales que hacen que comer resulte doloroso. El animal puede acercarse al plato porque tiene hambre, intentar comer y abandonar poco después.
Otros empiezan a preferir alimentos blandos, mastican de una manera extraña, dejan caer comida de la boca o parecen tardar muchísimo en terminar una ración.
El mal aliento, el babeo o la dificultad para masticar también pueden indicar que algo no marcha bien.
El problema es que muchos gatos siguen intentando comer aunque tengan molestias, así que desde fuera podemos pensar que su apetito es prácticamente normal.
Una revisión de la boca puede ayudar a descubrir qué está ocurriendo.
Enfermedad renal
La enfermedad renal crónica es especialmente frecuente en gatos de edad avanzada y la pérdida de peso puede formar parte de sus síntomas.
También podemos observar que el gato bebe más agua y produce una mayor cantidad de orina. Conforme la enfermedad progresa pueden aparecer pérdida de apetito, náuseas, vómitos, debilidad y un deterioro del estado del pelaje.
Lo complicado es que estos cambios suelen desarrollarse de forma gradual.
Rellenamos el bebedero un poco más a menudo, encontramos bolas de orina mayores en el arenero y vemos al gato algo más delgado, pero cada cambio por separado puede parecer poco importante.
Cuando se juntan varias de estas señales, merece especialmente la pena comentarlas con el veterinario.
Si quieres conocer con más detalle cómo afecta la enfermedad renal a los gatos y qué cuidados suelen necesitar, puedes ampliar la información en nuestro artículo sobre la insuficiencia renal felina.
Hipertiroidismo: adelgaza aunque coma mucho
Hay una situación que desconcierta bastante: el gato pierde peso, pero sigue comiendo perfectamente. De hecho, algunos parecen tener más hambre que nunca.
Una posible causa en gatos adultos y mayores es el hipertiroidismo.
Esta enfermedad aparece cuando la glándula tiroides produce una cantidad excesiva de hormonas tiroideas, lo que acelera el metabolismo.
Además de perder peso a pesar de tener buen apetito, algunos gatos pueden mostrarse más inquietos o activos, vocalizar más, beber y orinar con mayor frecuencia o presentar vómitos y alteraciones digestivas.
No todos mostrarán exactamente los mismos síntomas.
La buena noticia es que existen pruebas veterinarias que permiten investigar esta posibilidad y diferentes opciones de tratamiento cuando se confirma el diagnóstico.
Diabetes mellitus
La diabetes también puede provocar pérdida de peso.
Cuando existe diabetes mellitus, el organismo no puede utilizar la glucosa de manera adecuada. Algunos gatos mantienen o incluso aumentan el apetito pero, aun así, adelgazan.
Otro cambio muy característico es el aumento de la sed y de la cantidad de orina.
Esto puede notarse antes en el arenero que en el bebedero. Si las bolas de arena aglomerada son considerablemente mayores o tienes que limpiar mucha más orina que antes, apunta ese dato para comentarlo durante la consulta.
Pérdida de peso, mucha hambre y aumento de la sed constituyen una combinación que merece una revisión veterinaria.
Enfermedades intestinales y problemas de absorción
No basta con introducir nutrientes en el organismo. El aparato digestivo tiene que procesarlos y absorberlos correctamente.
Diferentes enfermedades gastrointestinales pueden interferir con este proceso y provocar pérdida de peso.
En algunos casos aparecen también vómitos o diarrea, pero no siempre los síntomas son tan evidentes. Puede haber cambios en las deposiciones, variaciones del apetito o episodios digestivos que aparecen y desaparecen.
Un episodio aislado de vómito no siempre indica una enfermedad grave, pero si los vómitos se repiten y además el gato pierde peso, conviene acudir al veterinario para averiguar la causa.
Parásitos intestinales
Los parásitos intestinales también pueden influir en el estado nutricional de un gato, dependiendo del parásito y del grado de infestación.
Tendemos a relacionarlos con gatitos o animales que viven en la calle, pero los gatos adultos también pueden infectarse.
El riesgo dependerá de su estilo de vida, si tiene acceso al exterior, si caza, su alimentación y otras circunstancias.
Puede haber pérdida de peso acompañada de diarrea u otros signos digestivos, aunque la apariencia de las heces no siempre permite saber si existen parásitos.
Y tampoco debemos asumir que un gato está libre de ellos simplemente porque nunca hemos visto un gusano en el arenero.
El veterinario puede decidir si resulta conveniente analizar una muestra de heces o realizar otras pruebas.
Conoce más sobre este tema en nuestro artículo.
Estrés y cambios en casa
No todas las causas de adelgazamiento son enfermedades orgánicas.
El estrés puede alterar considerablemente la conducta alimentaria de algunos gatos.
Una mudanza, la llegada de otro animal, conflictos entre gatos, obras, cambios importantes en las rutinas o incluso una modificación de la ubicación del comedero pueden hacer que un gato coma menos.
En hogares con varios felinos ocurre además algo bastante fácil de pasar por alto: creemos que todos comen porque los platos terminan vacíos, cuando en realidad uno está comiendo la ración de los demás.
Si sospechas que un gato está adelgazando, observarlo durante las comidas puede proporcionar información muy valiosa.
Aun así, no deberíamos atribuir una pérdida de peso rápida al estrés sin descartar primero un problema médico.
Cáncer y otras enfermedades crónicas
La pérdida de peso también puede acompañar a enfermedades graves, entre ellas determinados tipos de cáncer.
Esto no significa que debamos pensar inmediatamente en lo peor cuando un gato pierde unos gramos. El adelgazamiento es un signo muy poco específico y aparece en muchas enfermedades diferentes.
Pero precisamente por eso requiere investigación cuando es significativo, progresivo o no tiene una explicación clara.
También existen enfermedades hepáticas, pancreáticas, infecciosas y otros trastornos capaces de provocar cambios de peso.
Mirar al gato desde el sofá no permite distinguir entre todas estas posibilidades. Para eso hacen falta una exploración veterinaria y, cuando está indicado, pruebas diagnósticas.
¿Y si mi gato come menos porque se ha cansado de su comida?
Puede ocurrir que un gato rechace un alimento concreto. Todos los que convivimos con ellos conocemos esa maravillosa capacidad de adorar una comida durante semanas y decidir un martes cualquiera que aquello resulta absolutamente incomible.
Pero si está perdiendo peso, no conviene limitarse a probar sabor tras sabor esperando encontrar uno que le apetezca.
La disminución del apetito puede estar relacionada con dolor, náuseas, enfermedad dental y numerosas enfermedades sistémicas.
Además, un gato que deja de comer durante un periodo significativo puede desarrollar complicaciones importantes. Los gatos con sobrepeso tienen especial riesgo de sufrir lipidosis hepática cuando reducen drásticamente la ingesta.
Por eso una pérdida marcada de apetito necesita atención veterinaria, especialmente si el gato prácticamente no está comiendo.
Fíjate en si pierde grasa o masa muscular
Cuando pensamos en adelgazar solemos imaginar únicamente una reducción de grasa corporal, pero los gatos también pueden perder músculo.
Puedes empezar a notar más prominentes la columna, las caderas o los hombros. En gatos mayores, la pérdida de masa muscular puede resultar especialmente evidente sobre el lomo y las extremidades.
El pelaje puede engañar bastante.
Un gato de pelo largo puede perder una cantidad considerable de condición corporal mientras por fuera continúa pareciendo una nube perfectamente redonda. Al acariciarlo es cuando descubrimos que debajo de todo ese pelo hay mucho menos gato del que recordábamos.
Las revisiones veterinarias periódicas permiten controlar tanto el peso como la condición corporal y muscular.
Cómo controlar el peso de tu gato en casa
Pesar periódicamente al gato puede ayudarnos a detectar tendencias antes de que el adelgazamiento resulte evidente a simple vista.
Si dispones de una báscula apropiada, intenta utilizar siempre la misma y hacerlo en condiciones similares. Anota los resultados para poder comparar.
Más importante que una pequeña variación aislada es observar una tendencia descendente mantenida.
También puedes registrar cuánto está comiendo realmente. En lugar de llenar el plato aproximadamente, mide la cantidad ofrecida y comprueba cuánto queda. Si viven varios gatos juntos, puede ser necesario alimentarlos por separado durante un tiempo para saber cuánto consume cada uno.
Esa información puede resultar muy útil durante la consulta.
¿Cuánto peso puede perder un gato antes de preocuparnos?
No existe una cantidad de peso que pueda considerarse «normal» para todos los gatos. Lo importante es que la pérdida sea involuntaria.
Si notas que cada semana pesa menos, se le marcan más los huesos o la pérdida continúa durante varios días o semanas, conviene consultar con el veterinario aunque el gato siga comportándose aparentemente con normalidad.
Qué síntomas junto con la pérdida de peso deben preocuparnos
Una pérdida de peso rápida ya merece atención por sí misma, pero determinados síntomas hacen todavía más importante acudir al veterinario.
Presta especial atención si el gato deja de comer, vomita repetidamente, tiene diarrea persistente, bebe u orina mucho más, está débil o muy apagado, presenta dificultades para respirar o parece sentir dolor.
También conviene consultar ante cambios importantes de comportamiento o un deterioro general evidente.
Si prácticamente ha dejado de comer, está muy débil, tiene problemas respiratorios o presenta cualquier empeoramiento grave, necesita atención veterinaria con rapidez.
¿Qué pruebas puede necesitar un gato que está adelgazando?
Dependerá de su edad, historial, síntomas y lo que encuentre el veterinario durante la exploración.
Además de comprobar el peso y la condición corporal, puede ser necesario revisar la boca, palpar el abdomen y valorar su estado general.
Los análisis de sangre y orina permiten investigar muchas causas frecuentes de pérdida de peso. Según el caso también pueden recomendarse análisis de heces, pruebas hormonales, estudios de imagen u otras pruebas más específicas.
No todos los gatos necesitan exactamente el mismo estudio.
Un gato mayor que come muchísimo, bebe más y adelgaza plantea unas sospechas diferentes a las de un gato joven que tiene diarrea desde hace semanas.
No intentes hacerle engordar sin saber por qué está adelgazando
Cuando vemos a nuestro gato demasiado delgado, la reacción lógica es intentar que coma más.
Pero aumentar las raciones o empezar a ofrecer alimentos especialmente calóricos no soluciona necesariamente el problema que existe detrás.
Si tiene hipertiroidismo, diabetes, enfermedad renal, dolor dental o un trastorno intestinal, lo prioritario es diagnosticar y tratar esa causa. Después podrá establecerse la alimentación más adecuada para recuperar o mantener una buena condición corporal.
La báscula nos está enseñando el resultado del problema, no necesariamente el problema en sí.
Cuando un gato adelgaza rápido, merece la pena investigar
Si tu gato adelgaza rápido, no existe una única explicación. Los problemas dentales, la enfermedad renal, el hipertiroidismo, la diabetes, las enfermedades digestivas, los parásitos y otros trastornos pueden estar detrás de la pérdida de peso.
La forma en la que come puede ofrecernos pistas importantes. Un gato que adelgaza porque apenas toca el plato no plantea exactamente las mismas posibilidades que uno que pierde peso mientras parece tener hambre constantemente.
Pero ninguna de esas pistas sustituye un diagnóstico.
Así que, si notas que pesa claramente menos o que cada vez se le marcan más los huesos, no esperes a que esté «realmente delgado» para consultar.
En muchas enfermedades, la pérdida de peso puede ser uno de los primeros signos visibles. Nuestros gatos son expertos en esconder que algo no marcha bien. A veces no maúllan, no se quejan ni hacen nada especialmente llamativo. Simplemente van dejando unos gramos por el camino.
Y esos gramos pueden ser precisamente la primera pista que necesitábamos para descubrir que algo está ocurriendo.