Hay momentos en la convivencia con un gato en los que una se pregunta quién tuvo determinadas ideas. Cortarle las uñas ya puede requerir cierta negociación diplomática, pero meterle un cepillo de dientes en la boca parece directamente una prueba diseñada para comprobar cuánto valoras tus manos.
Y, sin embargo, limpiar los dientes de un gato en casa es una de las mejores formas de cuidar su salud bucal. La acumulación de placa puede favorecer problemas dentales y de encías, y el cepillado regular ayuda a reducirla.
El problema es conseguir que nuestro pequeño tigre doméstico colabore.
La clave no está en sujetarlo con todas tus fuerzas y terminar la operación antes de que consiga escapar. De hecho, eso suele ser la manera más rápida de lograr que la próxima vez desaparezca debajo de la cama en cuanto vea aparecer el cepillo.
Funciona mucho mejor acostumbrarlo poco a poco, respetando sus límites y convirtiendo el cepillado en algo bastante menos dramático de lo que inicialmente parece.
Importante: Este artículo tiene únicamente fines informativos y no sustituye la valoración de un veterinario. Si tu gato presenta dolor, mal aliento intenso, encías inflamadas o sangrantes, dificultad para comer u otros signos de enfermedad oral, consulta con un profesional antes de iniciar el cepillado.
¿Realmente hay que cepillar los dientes a los gatos?
Aunque durante muchos años apenas se hablaba de ello, los gatos también necesitan cuidados dentales.
Sobre los dientes se forma placa bacteriana que, si no se elimina, puede mineralizarse y convertirse en sarro. Con el tiempo pueden aparecer inflamación de las encías y otros problemas de la cavidad oral.
El cepillado ayuda especialmente porque actúa sobre esa placa antes de que se endurezca.
Eso sí, hay una distinción importante: cepillar los dientes sirve como prevención y mantenimiento, pero no elimina el sarro que ya está firmemente adherido. Si tu gato tiene una acumulación considerable, encías muy inflamadas o alguna enfermedad dental, necesitará una valoración veterinaria.
Dicho de otra forma: el cepillo es estupendo para mantener una boca sana, pero no sustituye al dentista… bueno, al veterinario.
Qué necesitas para limpiar los dientes de un gato en casa
No hace falta montar una clínica dental en el cuarto de baño.
Necesitarás un cepillo dental diseñado para gatos o un cepillo pequeño de cerdas suaves que permita limpiar cómodamente la superficie de sus dientes sin lesionar las encías. También existen dedales y otros aplicadores, aunque lo importante es que puedas utilizarlos de forma segura y que el gato los tolere.
Y necesitarás pasta dental específica para gatos.
Este punto sí es importante. Utiliza únicamente una pasta dental formulada para mascotas y adecuada para gatos. No utilices dentífrico humano, ya que está diseñado para ser escupido y puede contener ingredientes que no son apropiados para que un gato los ingiera. Los gatos, obviamente, tampoco van a cepillarse, hacer gárgaras y escupir educadamente en el lavabo.
Las pastas veterinarias están pensadas precisamente para utilizarse sin necesidad de enjuagar.
No empieces directamente con el cepillo
Este es probablemente el error más habitual.
Compramos el cepillo, conseguimos una pasta dental para gatos y pensamos: «Perfecto, esta noche empezamos».
El gato, por supuesto, no ha recibido el memorándum.
Si nunca le has manipulado la boca, empieza simplemente acostumbrándolo a que le toques alrededor del hocico. Elige un momento en el que esté tranquilo y acaríciale suavemente la cabeza, las mejillas y los labios.
Hazlo durante unos segundos y termina antes de que se moleste.
Durante los días siguientes puedes levantar ligeramente el labio para dejar visibles los dientes. No necesitas abrirle la boca como si estuvieras buscando las amígdalas. Para realizar el cepillado doméstico nos interesan principalmente las superficies exteriores de los dientes.
La idea es que esa manipulación deje de parecerle sospechosa.
Primero, deja que conozca la pasta dental
Antes de introducir el cepillo, puedes poner una pequeña cantidad de pasta dental veterinaria en tu dedo y dejar que el gato la huela o la pruebe.
Muchas están fabricadas con sabores pensados para resultar atractivos a los animales, aunque evidentemente nadie ha consultado a tu gato antes de decidir qué considera él delicioso.
Si la acepta bien, puedes pasar suavemente el dedo por la parte exterior de algunos dientes y encías durante unos segundos.
No intentes hacer toda la boca el primer día. Ahora mismo el objetivo no es conseguir una limpieza perfecta, sino enseñarle que tocarle los dientes no anuncia el fin del mundo.
Cómo cepillar los dientes de un gato paso a paso
Cuando acepte razonablemente bien que manipules sus labios y dientes, puedes introducir el cepillo.
Busca un momento tranquilo. Justo después de una persecución por el pasillo o cuando está vigilando una paloma desde la ventana probablemente no sea la ocasión ideal.
Colócate a su lado o ligeramente detrás de él, en una posición cómoda para ambos. A muchos gatos les resulta menos amenazante que tener a una persona sujetándolos de frente.
Levanta suavemente el labio y coloca el cepillo sobre la superficie exterior de los dientes. Realiza movimientos pequeños y delicados, prestando especial atención a la zona donde el diente se encuentra con la encía.
No hace falta abrir completamente la boca ni cepillar obsesivamente cada rincón.
Al principio quizá solo consigas limpiar dos o tres dientes. Perfecto. Termina ahí, prémialo con algo que le guste —una caricia, juego o un premio apropiado— y vuelve a intentarlo otro día.
Aumentar progresivamente el tiempo suele funcionar muchísimo mejor que intentar completar una sesión de dos minutos mientras el gato está planeando cómo denunciarte.
¿Cómo evitar que me arañe mientras le limpio los dientes?
La respuesta menos espectacular es también la más útil: evitando llegar al punto en el que sienta que necesita defenderse.
Observa su lenguaje corporal.
Si empieza a echar las orejas hacia atrás, mueve la cola con irritación, intenta apartar la cabeza, se pone rígido, gruñe o trata repetidamente de marcharse, la sesión debería terminar.
No necesitas «ganar».
Forzarlo hasta completar el cepillado puede conseguir que hoy limpies cuatro dientes más, pero también que mañana tengas un gato que no permita ni acercarle la mano a la cara.
Las sesiones cortas y frecuentes ayudan a construir tolerancia. Algunos gatos aceptarán rápidamente el proceso; otros necesitarán semanas para permitir un cepillado razonablemente completo.
Y habrá gatos que nunca lleguen a entusiasmarse. Tampoco podemos pedir milagros.
Si tienes dudas sobre cuándo tu gato está empezando a sentirse incómodo, puedes consultar nuestro artículo sobre las señales de estrés en gatos, donde explicamos algunos cambios en el lenguaje corporal y el comportamiento que pueden ayudarte a reconocerlo.
¿Es buena idea envolver al gato en una toalla?
La famosa técnica del burrito felino puede resultar útil para determinadas manipulaciones, especialmente cuando la realiza alguien que sabe hacerlo correctamente. Pero inmovilizar a un gato que está aterrorizado para poder cepillarle los dientes no debería convertirse en la rutina diaria.
Si necesitas envolverlo, sujetarlo con fuerza y contar con otra persona para impedir que escape cada vez que aparece el cepillo, probablemente haya que cambiar de estrategia.
El objetivo del entrenamiento es conseguir cierto grado de cooperación, no ganar un combate cuerpo a cuerpo.
Además, nunca lo sujetes de manera que dificulte su respiración ni ejerzas presión fuerte sobre el cuello o el pecho.
¿Cada cuánto hay que cepillar los dientes de un gato?
Lo ideal es realizar el cepillado con mucha regularidad y, si el gato lo tolera, diariamente.
La placa se acumula continuamente, de modo que un cepillado ocasional tiene un efecto preventivo bastante menor. Si al principio solamente puedes hacerlo durante unos segundos, es preferible mantener pequeñas sesiones positivas e ir aumentando progresivamente.
Aquí ayuda muchísimo convertirlo en una rutina.
Mismo lugar, momento parecido y procedimiento predecible. Los gatos suelen llevar bastante mejor aquello que saben que va a ocurrir que nuestras brillantes ideas improvisadas.
¿Y si mi gato no permite que le cepille los dientes?
No todos van a aceptarlo.
Si después de un proceso de adaptación paciente tu gato continúa mostrando muchísimo estrés o intenta morder y arañar seriamente, no merece la pena convertir cada cepillado en una batalla.
Puedes hablar con tu veterinario sobre otras medidas de higiene dental adecuadas para él. Existen dietas dentales, determinados premios, productos para el cuidado oral y otras alternativas, pero no todos tienen la misma eficacia ni sustituyen necesariamente al cepillado.
Cuando elijas productos de higiene dental, merece la pena buscar aquellos cuya eficacia haya sido evaluada específicamente para el control de placa o sarro.
Y, por supuesto, las revisiones veterinarias siguen siendo necesarias aunque consigas cepillarle los dientes perfectamente en casa.
Antes de empezar, comprueba que no le duela la boca
Este punto es especialmente importante si tienes un gato adulto que nunca ha recibido cuidados dentales.
Si tiene gingivitis, enfermedad periodontal, alguna pieza dental dañada u otra enfermedad oral, intentar cepillar una zona dolorida puede hacerle daño.
Además, desde tu punto de vista parecerá que «no se deja», cuando en realidad está intentando decirte que aquello duele.
Mal aliento intenso, encías rojas o sangrantes, babeo, dificultad para comer, dejar caer comida de la boca, masticar únicamente por un lado, pérdida de apetito o tocarse repetidamente la boca son señales que justifican una revisión veterinaria.
También hay enfermedades dentales felinas que pueden ser muy dolorosas y no resultan evidentes simplemente mirando la boca desde fuera.
Si sospechas que existe algún problema, primero veterinario y después cepillo.
Empieza despacio y piensa a largo plazo
Aprender cómo limpiar los dientes de un gato en casa tiene bastante menos que ver con dominar una técnica perfecta de cepillado y mucho más con conseguir que el animal tolere el proceso.
Primero tocar el hocico. Después levantar el labio. Más adelante probar la pasta y finalmente introducir el cepillo. Puede llevar días o semanas, y no pasa absolutamente nada.
Lo importante es avanzar al ritmo del gato y detenerse antes de que la situación termine en miedo, arañazos o mordiscos.
Porque conseguir cepillarle toda la boca el primer día puede parecer una victoria. Conseguir que dentro de seis meses siga viendo aparecer el cepillo sin salir disparado hacia otra habitación es bastante mejor.
Y si finalmente logras que se deje limpiar los dientes con tranquilidad, disfruta del momento. Has alcanzado uno de esos niveles secretos de convivencia felina que nadie te explicó cuando decidiste meter un gato en casa.