Hay gatos que parecen haber nacido para vivir encima de una persona. Los coges, se acomodan, empiezan a ronronear y podrían quedarse allí media tarde.
Y después está el tuyo.
Intentas levantarlo y, en cuestión de segundos, su cuerpo se pone rígido, las patas empiezan a buscar desesperadamente el suelo y esa mirada deja bastante claro que deberías reconsiderar inmediatamente tus decisiones.
Si tu gato no quiere que lo cojan, no significa necesariamente que no confíe en ti o que no disfrute de tu compañía. Para muchos gatos, estar en brazos simplemente no resulta cómodo. Pierden el control sobre sus movimientos, no pueden alejarse cuando quieren y quedan suspendidos en una posición que quizá nunca han aprendido a tolerar.
Otros pueden haber tenido malas experiencias, sentir miedo o incluso evitar que los cojamos porque alguna parte del cuerpo les duele.
Así que antes de tomárnoslo como algo personal, merece la pena intentar entender qué está diciendo el gato.
¿Por qué mi gato no quiere que lo cojan?
Para nosotros, coger a un gato puede ser una demostración de cariño.
Para el gato la experiencia es bastante diferente.
De repente sus cuatro patas dejan de tocar una superficie estable y otra criatura decide dónde va, cuánto tiempo permanece allí y cuándo podrá volver al suelo.
Hay gatos a los que esto no parece importarles demasiado. Otros toleran que los cojamos durante unos segundos y algunos quieren bajar prácticamente antes de haber terminado de subir.
La personalidad individual influye muchísimo. Por eso no existe una cantidad «normal» de tiempo que un gato deba tolerar estar en brazos.
Por eso comparar a nuestro gato con aquel que tuvimos anteriormente —el que se dejaba llevar por toda la casa como un bebé— suele servir de bastante poco.
Perder el control puede resultarle incómodo
Los gatos suelen valorar mucho la posibilidad de decidir dónde colocarse y cuándo alejarse de una situación.
Cuando está en el suelo, tu gato puede acercarse, retirarse, esconderse o subirse a un lugar elevado si algo le incomoda.
Cuando lo sostienes en brazos, esas opciones desaparecen.
Esto explica por qué algunos gatos disfrutan perfectamente de las caricias mientras permanecen junto a nosotros, pero empiezan a protestar en cuanto intentamos levantarlos.
No están rechazando necesariamente el contacto.
Están rechazando una forma concreta de contacto en la que tienen bastante menos control.
Puede que nunca se acostumbrara de pequeño
Las experiencias durante las primeras etapas de la vida pueden influir en cómo un gato responde posteriormente al contacto con las personas.
Un gatito que ha tenido interacciones positivas y respetuosas con humanos puede estar más acostumbrado a determinadas manipulaciones. En cambio, un gato que tuvo poco contacto humano durante su desarrollo puede mostrarse mucho más incómodo cuando alguien intenta sujetarlo.
Eso no significa que un gato adulto que no disfruta de los brazos esté condenado a huir de nosotros para siempre.
Puede aprender a tolerar mejor algunas manipulaciones mediante experiencias positivas y graduales.
Pero el objetivo no tiene por qué ser convertirlo en un gato al que le encante permanecer diez minutos en brazos.
A veces conseguir que tolere tranquilamente que lo levantemos unos segundos cuando sea necesario ya es un resultado estupendo.
También puede haber tenido una mala experiencia
Los gatos aprenden mediante asociaciones.
Si en el pasado alguien lo agarró bruscamente, lo sostuvo mientras intentaba escapar o lo cogía únicamente para hacer cosas desagradables, puede haber aprendido que unas manos aproximándose por debajo de su cuerpo anuncian problemas.
Incluso nosotros podemos crear esa asociación sin darnos cuenta.
Imagina que solo cogemos al gato para meterlo en el transportín, darle una medicación o cortarle las uñas.
Después de unas cuantas repeticiones, quizá no necesite esperar a descubrir qué tenemos planeado.
Ve nuestras manos acercarse y decide que tiene asuntos urgentísimos que atender debajo de la cama.
¿Hay razas de gatos a las que les gusta más estar en brazos?
Aunque la personalidad individual siempre es el factor más importante, algunas razas como el Ragdoll o el Maine Coon tienen fama de tolerar mejor el contacto físico con las personas.
Aun así, dentro de una misma raza pueden existir grandes diferencias, por lo que nunca debe darse por hecho que un gato disfrutará de estar en brazos únicamente por pertenecer a una determinada raza.
La forma de cogerlo importa
A veces el problema no es únicamente que lo levantemos, sino cómo lo hacemos.
Un gato necesita sentirse correctamente sostenido. Si dejamos parte de su cuerpo colgando o lo sujetamos de una manera inestable, puede intentar escapar porque simplemente no se siente seguro.
Al levantarlo, debemos proporcionar apoyo al cuerpo y evitar que quede suspendido de las patas delanteras.
Tampoco conviene apretarlo contra nosotros para impedir que se marche.
Una sujeción firme no significa inmovilizar al gato.
Si empieza a querer bajar, sujetarlo todavía con más fuerza suele aumentar su incomodidad y puede conseguir que la próxima vez proteste antes.
¿Por qué mi gato se deja acariciar pero no coger?
Porque son experiencias completamente diferentes.
Cuando acaricias a un gato que está tumbado a tu lado, conserva la posibilidad de levantarse y marcharse.
Si algo deja de gustarle, puede terminar la interacción.
En brazos depende de nosotros para volver al suelo.
Por eso un gato puede acercarse voluntariamente, dormir encima de ti, seguirte por toda la casa y pedir caricias constantemente, pero odiar que lo levantes.
No existe ninguna contradicción.
Simplemente ha decidido qué tipo de contacto físico le gusta y cuál no.
Y teniendo en cuenta que nosotros también tenemos preferencias bastante específicas sobre cómo queremos que nos toquen, tampoco parece una exigencia tan extraña.
¿Significa que mi gato no confía en mí?
No necesariamente.
La confianza de un gato no debería medirse por su disposición a convertirse en un peluche.
Puede demostrar una relación segura de muchas otras maneras: acercándose voluntariamente, descansando cerca de ti, jugando contigo, saludándote, buscando caricias o simplemente permaneciendo relajado en tu presencia.
Algunos gatos extremadamente afectuosos detestan que los cojan.
Otros toleran los brazos incluso con personas con las que no tienen una relación especialmente estrecha.
La preferencia por ser sostenido depende de muchos factores y no funciona como un medidor universal del cariño felino.
Hay gatos que solo toleran los brazos durante unos segundos
Quizá tu gato no odia que lo cojas.
Quizá simplemente tiene un límite muy corto.
Puede aceptar tranquilamente que lo levantes, mirar alrededor durante unos segundos y después empezar a moverse porque quiere volver al suelo.
En ese momento tenemos dos opciones.
Podemos bajarlo y demostrarle que cuando pide terminar una interacción respetamos su decisión. O podemos sujetarlo durante otro minuto mientras repetimos «pero si no te estoy haciendo nada».
La primera opción suele ser bastante mejor si queremos que la próxima experiencia resulte positiva.
Aprende a detectar cuándo quiere bajar
No hace falta esperar al bufido o al arañazo.
Un gato incómodo puede empezar a tensar el cuerpo, mover la cola, girar las orejas, buscar una superficie con las patas o desplazar su peso intentando escapar.
Algunos giran la cabeza hacia nuestros brazos. Otros empiezan a retorcerse.
Esas primeras señales ya cuentan.
Si las ignoramos y seguimos sujetándolo, puede descubrir que las peticiones educadas no funcionan y que necesita utilizar recursos más contundentes.
Cuando un gato aprende que puede bajar sin tener que luchar, las manipulaciones futuras pueden resultar bastante más sencillas.
Cómo acostumbrar a un gato a que lo cojan
Si necesitas que tolere mejor la manipulación, puedes trabajar de forma gradual.
Empieza en un momento tranquilo y con un gato receptivo. En lugar de levantarlo inmediatamente, acostúmbralo primero al contacto de las manos en las zonas donde necesitarás sujetarlo.
Después puedes realizar movimientos muy pequeños: ejercer una ligera sujeción, levantarlo apenas un instante y volver a dejarlo en el suelo antes de que empiece a protestar.
Asocia estas experiencias con algo que le guste, como un premio.
Según vaya mostrándose cómodo, podrás aumentar progresivamente la duración.
La clave está en avanzar mientras el gato continúa tranquilo, no esperar a que intente escapar para terminar.
No lo persigas para cogerlo
Si cada intento empieza con una persecución por el pasillo, ya tenemos un problema antes incluso de tocar al gato.
Perseguirlo puede hacer que nuestras aproximaciones resulten amenazantes y que empiece a huir en cuanto sospeche que pretendemos levantarlo.
Tampoco conviene sacarlo de un escondite para practicar.
Queremos que la experiencia sea predecible y segura, no convertirla en una captura.
Si se aleja, respeta la distancia y prueba en otro momento.
Habrá ocasiones en las que sea necesario sujetarlo por razones de seguridad o salud, por supuesto. Pero para acostumbrarlo a los brazos, cuanto menos se parezca la experiencia a una detención policial, mejor.
Nunca lo levantes por la piel del cuello
Todavía existe la idea de que coger a un gato adulto por la piel de la nuca es una manera natural de controlarlo porque las madres transportan a sus gatitos de una forma parecida.
No es una buena forma de levantar a un gato adulto.
Su peso es mucho mayor y este tipo de manipulación puede producir miedo e incomodidad. Si necesitas cogerlo, proporciona un soporte adecuado a su cuerpo.
En situaciones especialmente difíciles, como administrar tratamientos o introducirlo en un transportín, el veterinario puede enseñarte técnicas de manejo más seguras y menos estresantes.
Los niños necesitan aprender a respetar esta preferencia
En una casa con niños, este punto resulta especialmente importante.
Un niño puede querer muchísimo al gato y expresar ese cariño intentando cogerlo continuamente. El gato puede tener una opinión bastante diferente sobre el asunto.
Conviene enseñar a los niños a dejar que sea el animal quien se acerque y a reconocer cuándo quiere marcharse.
Si el gato no tolera los brazos, no debería convertirse en el muñeco de la casa.
Además de respetar su bienestar, esto reduce el riesgo de arañazos o mordeduras cuando intenta escapar.
Una relación bonita entre un niño y un gato no necesita incluir llevarlo de habitación en habitación.
Si antes se dejaba coger y ahora no, presta atención
Aquí la situación cambia.
Si tu gato nunca ha querido estar en brazos, probablemente estemos ante una preferencia personal, miedo o falta de habituación.
Pero si siempre se dejaba coger y de repente protesta, intenta escapar o incluso muerde cuando lo levantamos, hay que considerar la posibilidad de dolor.
Problemas articulares, lesiones, molestias abdominales y muchas otras condiciones pueden hacer que determinadas manipulaciones resulten dolorosas.
Esto es especialmente importante en gatos mayores, aunque puede ocurrir a cualquier edad.
Un cambio repentino en la tolerancia al contacto merece una consulta veterinaria, sobre todo si también notas que salta menos, se mueve de otra manera, se esconde, come peor o presenta cualquier otro cambio de comportamiento.
No fuerces el contacto para que «se acostumbre»
Existe una diferencia enorme entre habituar gradualmente a un gato y obligarlo a soportar algo hasta que deje de resistirse.
Sujetarlo mientras intenta escapar no le enseña necesariamente que los brazos son seguros.
Puede enseñarle que, cuando lo cogemos, pierde completamente la posibilidad de decidir cuándo termina la experiencia.
Para mejorar su tolerancia suelen funcionar mucho mejor las sesiones muy cortas y positivas.
Un segundo tranquilo vale más que treinta segundos de lucha.
Ya tendremos tiempo de avanzar cuando ese primer paso haya dejado de preocuparle.
¿Es necesario que un gato aprenda a estar en brazos?
No necesita disfrutar de los abrazos para llevar una vida feliz.
Pero sí resulta útil que tolere cierto grado de manipulación.
A lo largo de su vida tendremos que meterlo en el transportín, acudir al veterinario, revisar alguna zona del cuerpo o apartarlo rápidamente de una situación peligrosa.
Por eso trabajar una tolerancia básica al manejo puede facilitarnos mucho las cosas.
El objetivo práctico puede ser simplemente levantarlo de forma segura, mantenerlo unos instantes y volver a dejarlo en el suelo sin provocar una batalla.
Si después decide que quiere pasar las tardes enteras en tus brazos, estupendo.
Y si no, también.
Querer a un gato no significa tener que cogerlo
Si tu gato no quiere que lo cojan, no hace falta convertir esa preferencia en un problema que debemos solucionar a toda costa.
Puede sentirse inseguro al perder el contacto con el suelo, no estar acostumbrado, haber tenido experiencias desagradables o simplemente preferir relacionarse contigo de otra manera.
Podemos ayudarle a tolerar mejor las manipulaciones mediante experiencias breves, graduales y positivas. Y, sobre todo, podemos aprender a bajarlo antes de que necesite utilizar uñas y dientes para explicar que ya ha tenido suficiente.
Si además de intentar bajar tu gato utiliza pequeños mordiscos para comunicar que ya ha tenido suficiente, puedes consultar nuestro artículo sobre qué significa cuando un gato muerde suavemente sin razón.
Porque convivir con un gato también consiste en descubrir que el cariño no siempre se parece a lo que nosotros habíamos imaginado.
Quizá nunca quiera que lo lleves en brazos por toda la casa. Pero puede pasarse cada noche durmiendo pegado a tus piernas.
Y, viniendo de un gato, elegir voluntariamente estar a tu lado tampoco es precisamente poca cosa.