Qué significa cuando el gato te muerde suavemente sin razón

Estás acariciando tranquilamente a tu gato. Parece encantado con la situación, quizá incluso está ronroneando, y de repente se gira, te coge la mano y te da un pequeño mordisco.

No aprieta demasiado. No te hace daño. A veces incluso continúa tumbado a tu lado como si nada hubiera ocurrido.

Y tú te quedas mirando la mano intentando averiguar qué parte de la conversación te has perdido.

Cuando un gato muerde suavemente, normalmente sí existe una razón, aunque nosotros no siempre sepamos verla. Puede formar parte del juego, aparecer durante una interacción social o ser una manera bastante eficaz de decirnos que ya ha tenido suficientes caricias.

Para entender qué quiere comunicar no basta con fijarse en los dientes. Hay que observar qué estaba ocurriendo justo antes y qué hace el gato inmediatamente después.

¿Por qué mi gato me muerde suavemente?

Los gatos utilizan la boca para muchas cosas además de comer.

Desde pequeños juegan, exploran e interactúan con otros gatos utilizando tanto las patas como la boca. Durante esas interacciones aprenden a controlar, en mayor o menor medida, la intensidad de sus mordiscos.

Por eso no todas las mordeduras significan agresividad.

Un mordisco suave, controlado y que no produce lesiones es muy diferente de una mordedura defensiva en la que el gato está tenso, asustado o intentando conseguir desesperadamente que nos alejemos.

El contexto es lo que nos permite distinguirlas.

Puede estar diciéndote que pares de acariciarlo

Esta es una situación tremendamente habitual.

El gato se acerca buscando contacto. Empiezas a acariciarlo y todo marcha perfectamente. Cinco minutos después te da un pequeño mordisco.

Desde nuestra perspectiva ha ocurrido «sin razón».

Desde la suya quizá llevábamos treinta segundos ignorando todas las señales que nos indicaban que la sesión había terminado.

Algunos gatos disfrutan de las caricias durante mucho tiempo. Otros tienen un límite bastante más corto y pueden sentirse sobreestimulados cuando el contacto continúa.

El mordisco puede ser la última parte de una conversación que empezó mucho antes.

Aprende a reconocer las señales anteriores al mordisco

Antes de utilizar los dientes, muchos gatos muestran cambios bastante sutiles.

La cola puede empezar a moverse con mayor intensidad, las orejas pueden girarse hacia los lados o hacia atrás y el cuerpo puede ponerse más tenso. También puede girar la cabeza hacia nuestra mano o empezar a seguir nuestros movimientos con mucha más atención.

Si paramos en ese momento, quizá nunca llegue el mordisco.

El problema es que nosotros estamos pensando: «Mira qué a gusto está».

Mientras tanto, el gato está pensando algo más parecido a: «Esta es tu tercera y última advertencia».

¿Los mordiscos suaves son una muestra de cariño?

A los pequeños mordiscos controlados durante interacciones amistosas se les suele llamar popularmente «mordiscos de amor».

Es una expresión bonita, pero puede simplificar demasiado lo que está ocurriendo.

Un gato puede utilizar la boca durante una interacción social sin intención de hacer daño. Algunos mordisquean suavemente mientras están relajados, durante el acicalamiento o cuando buscan contacto con una persona con la que tienen confianza.

En ese contexto, el comportamiento puede formar parte de una interacción amistosa.

Pero no deberíamos interpretar automáticamente cualquier mordisco suave como una declaración de amor felino.

Si aparece después de muchas caricias y va acompañado de tensión corporal, movimientos bruscos de la cola o intentos de apartarse, probablemente el mensaje sea mucho más sencillo: basta por ahora.

También puede estar jugando contigo

Otra explicación frecuente es el juego.

Los gatos son depredadores y buena parte de sus juegos incluyen acechar, perseguir, agarrar y morder.

Una mano que se mueve debajo de una manta puede convertirse rápidamente en una presa estupenda. Los dedos que se agitan delante de su cara también tienen bastantes posibilidades de acabar entre sus patas.

Si desde pequeño hemos jugado directamente con las manos, puede haber aprendido que nuestros dedos forman parte del juego.

El problema es que un mordisquito adorable de un gatito de tres meses resulta bastante menos divertido cuando ese mismo animal pesa cinco kilos y dispone de una dentadura adulta perfectamente funcional.

Evita utilizar las manos como juguetes

Si el gato empieza a agarrarte y morderte durante el juego, no necesitas castigarlo.

Simplemente conviene cambiar la manera de jugar.

Utiliza cañas, pelotas y otros juguetes que permitan perseguir, saltar y atrapar manteniendo cierta distancia entre sus dientes y tu piel.

De esta forma puede practicar comportamientos normales de caza sin aprender que tus manos son algo que se puede capturar.

Y procura que toda la familia siga la misma norma.

Es difícil enseñarle que los dedos no son juguetes cuando una persona utiliza una caña y otra considera divertidísimo dejar que el gato le ataque la mano debajo del edredón.

Puede formar parte del acicalamiento social

Si alguna vez has observado a dos gatos que se llevan bien acicalándose, habrás visto que el proceso no consiste únicamente en pasar la lengua.

En ocasiones pueden aparecer pequeños mordisqueos entre lamidos.

Algunos gatos reproducen comportamientos similares con las personas. Pueden lamerte la mano, mordisquear suavemente y continuar lamiendo después.

Cuando ocurre en un contexto tranquilo, con un gato relajado y sin otras señales de incomodidad, no suele tener el mismo significado que una mordedura defensiva.

Eso sí, no todos los gatos lo hacen.

Y que el tuyo prefiera demostrar su afecto sentándose a dos metros y observándote desde una estantería tampoco significa que vuestra relación tenga ningún problema.

¿Por qué me lame y después me muerde?

Esta combinación desconcierta bastante.

El gato empieza lamiéndote y, cuando todo parece indicar que estás siendo oficialmente aceptado dentro de su ritual de higiene, aparecen los dientes.

Puede tratarse precisamente de esa mezcla de lamidos y pequeños mordisqueos que aparece durante el acicalamiento.

Pero también puede ocurrir que la interacción se esté volviendo demasiado intensa para él.

Una vez más, observa el resto del cuerpo.

Si está relajado, el mordisco es muy suave y después continúa tranquilamente con lo que estaba haciendo, la situación es muy diferente a la de un gato que empieza a mover la cola, se tensa y termina apartándose.

No existe un diccionario en el que «lamido + mordisco» tenga una única traducción.

¿Por qué me muerde cuando dejo de acariciarlo?

También tenemos el caso contrario.

Paras de acariciar y el gato te toca, te agarra o te da un pequeño mordisco.

Puede haber aprendido que esa conducta consigue que vuelvas a prestarle atención. Si cada vez que te mordisquea respondes hablando con él, tocándolo o retomando las caricias, el comportamiento puede resultar bastante eficaz desde su punto de vista.

Los gatos aprenden perfectamente qué acciones producen determinados resultados.

Esto no significa que esté manipulándote mediante un complejo plan psicológico.

Simplemente hace algo, ocurre una consecuencia que le interesa y aumenta la posibilidad de que vuelva a hacerlo.

¿Y si me muerde los tobillos al pasar?

Aquí probablemente estemos hablando de otra situación.

Un gato que se esconde, espera a que pases y se lanza sobre tus tobillos puede estar mostrando comportamiento de juego relacionado con la persecución.

Es especialmente habitual en gatos jóvenes y activos.

Si ocurre con frecuencia, revisa cuánto juego interactivo tiene a lo largo del día y si dispone de oportunidades suficientes para correr, trepar, explorar y perseguir objetos apropiados.

Los ataques a los tobillos pueden resultar bastante menos interesantes cuando existen alternativas mejores para desarrollar toda esa energía.

Pero evita reaccionar convirtiendo la situación en una persecución por la casa, porque para algunos gatos eso puede hacer el juego todavía más emocionante.

¿Por qué mi gato me muerde y luego sale corriendo?

Algunos gatos combinan el mordisco con una rápida carrera por la casa. En muchos casos forma parte del juego o de una descarga repentina de energía, especialmente en gatos jóvenes.

Si el mordisco es suave, no va acompañado de señales de agresividad y el gato adopta inmediatamente una actitud juguetona, suele tratarse de un comportamiento normal.

Cómo diferenciar un mordisco suave de una mordedura de advertencia

La intensidad proporciona información, pero no es suficiente.

Observa al gato completo.

Un animal relajado puede acercarse voluntariamente, mantener una postura cómoda y utilizar la boca de manera controlada sin intentar alejarse después.

Un gato incómodo puede presentar el cuerpo rígido, orejas hacia atrás, movimientos intensos de la cola, pupilas dilatadas, gruñidos o intentos de escapar.

Si esas señales aparecen, deja de tocarlo y permite que se aleje.

No sigas acariciándolo para comprobar «si realmente está enfadado».

Los gatos suelen agradecer bastante que aceptemos sus primeras respuestas y no les obliguemos a pasar al siguiente nivel de negociación.

¿Debo regañarlo si me muerde?

Los gritos, golpes o castigos físicos no son una buena forma de solucionar las mordeduras.

Si el gato estaba jugando, no le enseñan una alternativa apropiada. Si estaba incómodo o asustado, pueden aumentar todavía más esa sensación y hacer que empiece a desconfiar de nuestras manos.

Resulta mucho más útil identificar qué desencadena el comportamiento.

Si ocurre después de cierto número de caricias, termina las sesiones antes. Si aparece durante el juego, utiliza juguetes apropiados. Si sucede cuando tocas una parte concreta del cuerpo, presta atención porque puede existir dolor.

La idea no es enseñarle que morder está «prohibido», sino entender por qué necesita recurrir a la boca en esa situación.

Si empieza a morder de repente, puede haber dolor

Este punto merece especial atención.

Un gato que siempre ha disfrutado de las caricias y de repente empieza a girarse para morder cuando le tocamos una determinada zona puede estar intentando evitar una molestia.

Problemas articulares, heridas, enfermedades dentales, alteraciones de la piel y muchas otras condiciones pueden hacer que el contacto resulte desagradable.

Los gatos no siempre muestran el dolor de una manera evidente.

A veces continúan comiendo, caminando y haciendo aparentemente una vida normal, pero dejan de tolerar que los cojamos o acariciemos como antes.

Si el comportamiento aparece repentinamente, aumenta de intensidad o viene acompañado de otros cambios, conviene consultar con el veterinario.

¿Qué hago justo cuando me da un mordisco suave?

Si parece estar pidiendo que terminen las caricias, haz precisamente eso.

Retira la atención con calma y dale espacio.

No necesitas reaccionar de forma exagerada ni iniciar una discusión que, por otra parte, tienes pocas posibilidades de ganar.

Si está jugando, deja de ofrecer las manos y redirige la actividad hacia un juguete apropiado.

Con el tiempo también puedes aprender a anticiparte. Cuando reconoces las señales que aparecen antes del mordisco, puedes terminar la interacción cuando el gato todavía está cómodo.

Eso resulta mucho mejor para ambos que esperar sistemáticamente a que tenga que utilizar los dientes para hacerse entender.

¿Cuándo debería preocuparme por las mordeduras?

Un mordisco ocasional, suave y perfectamente contextualizado durante el juego o las caricias no tiene el mismo significado que un cambio repentino hacia mordeduras frecuentes o intensas.

Consulta con el veterinario si el comportamiento aparece sin antecedentes, parece relacionado con dolor, el gato muestra otros cambios físicos o conductuales o la agresividad aumenta claramente.

También hay que tomarse en serio las lesiones que nos produce.

Los dientes de los gatos pueden introducir bacterias profundamente bajo la piel. Si una mordedura la perfora, lava bien la zona con agua y jabón y busca valoración sanitaria cuando la herida sea profunda, afecte a zonas delicadas como las manos o empiece a presentar dolor creciente, hinchazón, calor, enrojecimiento o secreción.

Un agujerito diminuto puede parecer poca cosa por fuera y no serlo tanto por dentro.

Tu gato probablemente sí tiene una razón

Cuando un gato muerde suavemente, rara vez necesitamos imaginar una explicación misteriosa.

Puede estar jugando, participando en una interacción social, buscando nuestra atención o comunicándonos que ya no quiere más caricias. Lo importante es observar qué sucede antes, durante y después.

Cuanto mejor aprendemos a reconocer su lenguaje corporal, menos «repentinas» empiezan a parecernos muchas de sus reacciones.

Y quizá ahí esté la parte más interesante de convivir con gatos.

Al principio pensamos que nos han mordido sin ningún motivo. Después de conocerlos un poco mejor descubrimos que llevaban un rato explicándonos perfectamente lo que querían.

El problema era que nosotros todavía no hablábamos suficiente gato.

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