Seguro que alguna vez has visto uno de esos vídeos: un gato está tranquilamente comiendo, alguien coloca un pepino detrás de él sin que se dé cuenta y, cuando el animal se gira y lo descubre, pega un salto que parece desafiar las leyes de la física.
Durante un tiempo Internet se llenó de escenas así y nació la idea de que existe una especie de incompatibilidad ancestral entre gatos y pepinos.
Pero ¿realmente existe el miedo del gato al pepino?
No exactamente. Los gatos no parecen tener un temor especial hacia esta verdura. Lo que provoca esa reacción tan exagerada es, sobre todo, encontrarse de repente con un objeto desconocido que no estaba allí unos segundos antes, muchas veces colocado muy cerca mientras estaban distraídos comiendo.
Vamos, que probablemente tú también te llevarías un buen susto si estuvieras desayunando, te giraras y descubrieras silenciosamente una lámpara nueva a veinte centímetros de tu espalda.
¿Los gatos tienen realmente miedo a los pepinos?
No hay motivos para pensar que el pepino, por sí mismo, sea un objeto especialmente aterrador para los gatos.
Si colocas uno en una habitación y permites que el animal se acerque voluntariamente, lo más probable es que su reacción sea bastante menos espectacular. Puede olerlo, observarlo, ignorarlo o mantener cierta distancia porque es algo desconocido. Además de la vista y el olfato, los gatos utilizan sus bigotes para obtener información sobre los objetos que tienen delante.
La situación de los famosos vídeos es muy diferente.
El gato está concentrado en otra actividad, normalmente comiendo. Mientras tanto, una persona coloca a escondidas un objeto relativamente grande justo detrás de él.
Cuando se gira, encuentra algo inesperado dentro de un espacio que hasta ese momento consideraba seguro.
La sorpresa explica mucho mejor el salto que una supuesta fobia felina a la ensalada.
Entonces, ¿por qué un gato salta al ver un pepino?
Los gatos están constantemente atentos a lo que sucede en su entorno. Esta capacidad para analizar rápidamente lo que ocurre a su alrededor forma parte de la inteligencia felina. Si quieres saber cómo se compara con la de los perros, puedes leer nuestro artículo dedicado a este tema.
Aunque vivan cómodamente en casa y su mayor preocupación diaria sea conseguir que adelantemos cinco minutos la hora de la cena, conservan respuestas rápidas ante posibles amenazas.
Cuando aparece de repente algo desconocido muy cerca, reaccionar primero y comprobar después qué demonios era puede ser una estrategia bastante útil.
Ese salto permite aumentar inmediatamente la distancia respecto al objeto inesperado.
Una vez alejado, el gato puede observarlo desde una posición que considera más segura y decidir si representa realmente un peligro.
El pepino no necesita hacer nada.
Le basta con estar donde el gato no esperaba encontrarlo.
¿Es porque el pepino parece una serpiente?
Esta es probablemente la explicación más repetida sobre el fenómeno.
Según esta teoría, la forma alargada y el color del pepino harían que el gato lo confundiera inmediatamente con una serpiente y reaccionara de manera instintiva.
Suena convincente, sobre todo cuando vemos el salto.
El problema es que no podemos asumir que el gato esté pensando «¡serpiente!» simplemente porque nosotros encontramos cierto parecido entre ambos.
La reacción puede explicarse sin necesidad de esa interpretación: ha aparecido silenciosamente un objeto extraño a muy poca distancia.
De hecho, otros objetos inesperados pueden provocar también sobresaltos si se introducen de la misma manera.
Así que la teoría de la serpiente resulta llamativa, pero no hace falta recurrir a ella para entender por qué el animal sale disparado.
El lugar donde se coloca el pepino importa mucho
Hay otro detalle de estos vídeos que a veces pasa desapercibido: muchos ocurren junto al comedero.
Y eso hace que la situación sea todavía peor.
Cuando un gato está comiendo necesita sentirse suficientemente tranquilo para concentrarse en la comida. Si normalmente come en ese lugar sin problemas, espera que sea una zona segura y predecible.
Mientras tiene la cabeza metida en el plato, no ve que alguien se acerca y coloca un objeto detrás.
Cuando termina, se gira y descubre que su entorno ha cambiado sin que lo haya percibido.
No estamos enseñándole un pepino.
Estamos sorprendiéndolo deliberadamente en un momento en el que se encontraba relajado.
¿Es malo asustar a un gato con un pepino?
Sí, y no merece la pena hacerlo para comprobar si nuestro gato también salta.
Provocar miedo intencionadamente no aporta nada positivo al animal. Aunque para nosotros sean unos segundos divertidos, para él la reacción es real.
Además, un gato asustado puede salir corriendo sin prestar demasiada atención a lo que encuentra por delante. Puede golpearse con muebles, tirar objetos, resbalar o hacerse daño durante la huida.
También existe otro problema menos visible: estamos introduciendo una experiencia desagradable en un lugar donde debería sentirse tranquilo.
Si hacemos la broma mientras está comiendo, por ejemplo, podemos conseguir que empiece a mostrarse más vigilante o inseguro en torno a esa zona.
Un vídeo gracioso de diez segundos no compensa provocar estrés innecesario.
¿Qué otros objetos suelen dar miedo a los gatos?
Los pepinos no son los únicos objetos que pueden provocar una reacción de sobresalto. Aspiradoras, secadores, cajas recién colocadas, bolsas de plástico o cualquier objeto grande que aparezca de forma inesperada pueden generar una respuesta similar.
Lo que suele desencadenar el susto no es el objeto en sí, sino la sorpresa y la imposibilidad de anticipar su presencia.
El problema no es solo el susto
A veces pensamos que asustar a un gato no tiene demasiada importancia porque unos minutos después parece estar perfectamente.
Pero los gatos valoran mucho la posibilidad de controlar su entorno.
Los cambios inesperados, especialmente cuando ocurren muy cerca y no tienen posibilidad de anticiparlos, pueden generar estrés. Si estas experiencias se repiten, el animal puede empezar a mostrarse más desconfiado en determinadas situaciones.
Esto es especialmente relevante en gatos tímidos o sensibles.
Uno muy seguro puede recuperarse rápidamente de un sobresalto. Otro puede tardar bastante más en volver a acercarse al lugar donde ocurrió.
No todos reaccionan igual.
¿Por qué algunos gatos ni siquiera se asustan?
Porque los gatos no vienen de fábrica con un botón que diga «pepino».
Unos son especialmente sensibles a los objetos nuevos. Otros sienten curiosidad. Algunos mantienen cierta distancia durante unos minutos y después se acercan a investigar.
Y también existen esos gatos que mirarían el pepino, te mirarían a ti y continuarían comiendo con una expresión bastante clara de decepción hacia la inteligencia humana.
La personalidad, las experiencias previas y el contexto influyen en la respuesta.
Incluso un mismo gato puede reaccionar de manera diferente dependiendo de cómo aparezca el objeto. Encontrarlo inesperadamente detrás de su cuerpo no es lo mismo que verlo desde varios metros mientras entra en una habitación.
Los gatos pueden desconfiar de objetos nuevos
El pepino entra además en una categoría bastante amplia: cosas nuevas que aparecen en casa.
Una bolsa, una caja, un juguete, una maleta o un electrodoméstico pueden despertar precaución inicialmente.
Algunos gatos se acercan enseguida y empiezan a olfatear. Otros prefieren observar desde lejos antes de decidir que el objeto no representa ninguna amenaza.
Esta prudencia ante la novedad puede ser perfectamente normal.
Lo ideal es permitir que el gato investigue a su ritmo, sin empujarlo hacia aquello que le preocupa ni colocárselo encima para demostrarle que «no pasa nada».
Para nosotros puede ser evidente que una aspiradora apagada no va a atacarlo.
Él quizá necesite un poco más de tiempo para llegar a la misma conclusión.
Qué hacer si tu gato tiene miedo de un objeto nuevo
Si introduces algo en casa y notas que tu gato desconfía, no hace falta obligarlo a enfrentarse a ello.
Déjale espacio.
Permite que observe el objeto desde una distancia en la que se encuentre cómodo y asegúrate de que tenga posibilidad de alejarse. Según vaya comprobando que no ocurre nada peligroso, puede decidir acercarse voluntariamente.
Puedes mantener una rutina normal alrededor del objeto y, cuando resulte apropiado, asociar su presencia con experiencias agradables como juego o premios, siempre sin forzar el acercamiento.
Lo que queremos es que tenga control sobre la situación.
Arrastrarlo hasta aquello que le da miedo o encerrarlo junto al objeto puede conseguir justamente lo contrario.
¿Cómo saber si un gato está asustado?
No todos los gatos reaccionan dando un salto espectacular.
El miedo puede expresarse de formas diferentes.
Un gato asustado puede agacharse, intentar esconderse, quedarse inmóvil, mantener las orejas hacia atrás, dilatar las pupilas o colocar la cola cerca del cuerpo. Si considera que no puede escapar, también puede bufar, gruñir o intentar defenderse.
Otros simplemente aumentan la distancia y observan.
Aprender a reconocer estas señales permite dejar de insistir antes de que el gato necesite llevar su mensaje a un nivel bastante menos diplomático.
Cuando se aleja de algo, no hace falta volver a acercárselo para comprobar si realmente le daba miedo.
Ya nos ha contestado.
No castigues una reacción de miedo
Esto se aplica al pepino y a cualquier otra cosa que asuste a un gato.
Si bufa, corre o intenta esconderse, no está comportándose mal. Está respondiendo a algo que percibe como una posible amenaza.
Regañarlo puede añadir una segunda experiencia negativa a una situación que ya le resultaba desagradable.
Tampoco es buena idea sacarlo de su escondite a la fuerza.
Si el lugar es seguro, deja que salga cuando esté preparado y reduce aquello que esté provocando el miedo siempre que sea posible.
La confianza se construye mucho mejor dando opciones que obligando al gato a soportar algo.
¿Y si mi gato se asusta de casi todo?
Una reacción puntual ante un objeto que aparece repentinamente es una cosa. Vivir permanentemente en alerta es otra.
Si tu gato se esconde constantemente, se sobresalta ante estímulos cotidianos, evita zonas de la casa o parece vivir con miedo, merece la pena analizar qué está ocurriendo.
Puede haber problemas ambientales, conflictos con otros animales o experiencias que estén generando estrés.
Además, un cambio repentino de comportamiento siempre merece especial atención. Si un gato que antes era tranquilo empieza a mostrarse muy asustadizo sin una explicación clara, conviene consultar con el veterinario para descartar que exista un problema médico detrás.
Una vez descartadas las causas físicas, un profesional especializado en comportamiento felino puede ayudar en los casos más complejos.
El famoso miedo al pepino tiene bastante poco de pepino
Cuando vemos a un gato con miedo a un pepino, resulta tentador pensar que hemos descubierto uno de esos misteriosos botones secretos que vienen instalados en todos los felinos.
La explicación es bastante más sencilla.
El gato estaba tranquilo, apareció algo desconocido silenciosamente a pocos centímetros y reaccionó aumentando rápidamente la distancia. El protagonista podría ser un pepino, pero la sorpresa y el contexto tienen mucho más que ver con el susto que la verdura en sí.
Por eso no merece la pena repetir el experimento en casa.
Tu gato ya tiene suficientes acontecimientos inexplicables en su vida: aspiradoras que cobran vida, timbres que suenan sin previo aviso y humanos que deciden meterlo en un transportín justo el día que él tenía pensado dormir dieciséis horas.
El pepino puede quedarse tranquilamente en la nevera.