Compartir casa con un gato significa compartir muchas cosas: sofá, pelos, alguna esquina de la cama y, dependiendo del nivel de autoridad que conserve el humano en ese hogar, posiblemente hasta la almohada.
Y entonces aparece una pregunta que puede resultar un poco inquietante: ¿qué enfermedades puede transmitir un gato a los humanos?
Sí, existen enfermedades e infecciones que pueden pasar de los gatos a las personas. Se conocen como zoonosis. Pero esto no significa que convivir con un gato sea peligroso ni que tengamos que empezar a mirarlo como si fuera una pequeña amenaza biológica con bigotes.
En un gato doméstico sano, con atención veterinaria, control de parásitos y unas medidas básicas de higiene, muchos riesgos pueden reducirse considerablemente.
Eso sí, merece la pena conocer cuáles existen, cómo se transmiten y qué podemos hacer para prevenirlos. Especialmente si en casa viven niños pequeños, personas embarazadas o alguien con el sistema inmunitario debilitado.
Importante: Este artículo tiene un carácter exclusivamente informativo y no sustituye el consejo de un veterinario o de un profesional sanitario. Si tu gato presenta síntomas de enfermedad o has sufrido una mordedura o arañazo con signos de infección, consulta con el profesional correspondiente.
¿Cómo puede un gato transmitir una enfermedad a una persona?
No todas las enfermedades de los gatos pueden afectarnos. De hecho, muchas son exclusivamente felinas y no representan ningún riesgo para las personas.
Cuando sí existe posibilidad de transmisión, tampoco significa necesariamente que ocurra simplemente por acariciar al animal.
Dependiendo del agente responsable, el contagio puede producirse mediante arañazos o mordeduras, contacto con heces, parásitos como las pulgas, contacto con determinadas lesiones de la piel o contaminación ambiental.
Por eso conocer la vía de transmisión es mucho más útil que tener miedo al gato.
No necesitamos dejar de darle besos metafóricos con la mirada. Necesitamos higiene, prevención y un poquito de sentido común.
Toxoplasmosis
Probablemente sea la enfermedad relacionada con los gatos que más fama tiene, especialmente durante el embarazo.
La toxoplasmosis está causada por el parásito Toxoplasma gondii. Los gatos pueden actuar como hospedadores definitivos y eliminar formas del parásito a través de las heces durante un periodo después de infectarse.
Sin embargo, tener un gato no significa automáticamente contraer toxoplasmosis.
La infección humana también puede producirse por otras vías, entre ellas consumir carne cruda o poco cocinada que contenga el parásito o entrar en contacto con tierra o alimentos contaminados.
El riesgo merece especial atención durante el embarazo porque una infección adquirida durante la gestación puede tener consecuencias para el feto.
Cómo reducir el riesgo de toxoplasmosis
Una de las medidas más importantes es retirar las heces del arenero diariamente y lavarse bien las manos después. Las personas embarazadas deberían, siempre que sea posible, dejar esta tarea a otra persona; si tienen que realizarla, conviene utilizar guantes y extremar la higiene.
También es recomendable utilizar guantes al manipular tierra y lavar correctamente frutas y verduras.
Y no, quedarse embarazada no significa tener que buscarle otra casa al gato.
Conocer cómo se produce la infección permite tomar precauciones mucho más razonables que separar a un animal de su familia por miedo.
Enfermedad por arañazo de gato
Con un nombre así, tampoco se han complicado demasiado.
La enfermedad por arañazo de gato está relacionada con bacterias del género Bartonella, especialmente Bartonella henselae. Los gatos pueden portar la bacteria sin parecer enfermos y las pulgas tienen un papel importante en su transmisión entre gatos.
Las personas pueden infectarse principalmente después de arañazos o mordeduras de un gato portador, especialmente si se rompe la piel.
Puede aparecer una lesión en el lugar afectado y posteriormente inflamarse los ganglios linfáticos cercanos. También pueden presentarse otros síntomas generales.
La mayoría de los arañazos de gato no provocarán esta enfermedad, por supuesto. Aun así, cualquier arañazo o mordedura que rompa la piel debe limpiarse correctamente con agua y jabón.
Controlar las pulgas del gato también forma parte de la prevención.
Tiña
A pesar de su nombre, la tiña no está provocada por un gusano. Es una infección causada por hongos dermatofitos y puede afectar tanto a gatos como a personas.
Un gato infectado puede presentar zonas sin pelo, descamación, pelos rotos u otras alteraciones cutáneas. Sin embargo, algunos gatos pueden tener signos muy discretos.
La infección puede transmitirse mediante contacto con el animal o con material contaminado por el hongo.
En las personas suele producir lesiones cutáneas características, aunque cualquier lesión sospechosa debería ser valorada por un profesional sanitario en lugar de diagnosticarla mirando fotografías en Internet.
Si un gato tiene tiña, el veterinario indicará el tratamiento y las medidas necesarias en casa. Además de tratar al animal, puede ser importante limpiar adecuadamente el ambiente porque las estructuras del hongo pueden permanecer en pelos y superficies.
Parásitos intestinales
Algunos parásitos intestinales de los gatos también pueden afectar a las personas.
Entre los más conocidos se encuentran determinados gusanos redondos, como Toxocara cati, y anquilostomas. La transmisión y las consecuencias dependen del parásito concreto.
En el caso de Toxocara, una persona puede infectarse accidentalmente al ingerir huevos presentes en un ambiente contaminado con heces de animales infectados. No hace falta decir que nadie se come voluntariamente tierra del arenero, pero los huevos microscópicos no vienen precisamente con una bandera avisando de su presencia.
Aquí los niños pequeños requieren especial atención porque juegan en el suelo y después pueden llevarse las manos a la boca.
La retirada frecuente de las heces, el lavado de manos y un programa de control parasitario indicado por el veterinario ayudan a disminuir el riesgo.
Pulgas
Las pulgas no respetan demasiado el concepto de propiedad.
Aunque algunas especies tienen hospedadores preferentes, las pulgas que infestan a perros y gatos también pueden picar a las personas. Normalmente producen pequeñas lesiones que pueden picar bastante.
Además, las pulgas pueden participar en la transmisión de determinados agentes infecciosos y parásitos.
Y cuando vemos una pulga paseando alegremente por el lomo del gato, el problema probablemente no se limite al animal. Parte del ciclo de estos parásitos ocurre en el ambiente, por lo que huevos y fases inmaduras pueden encontrarse en alfombras, camas, sofás y otros lugares de la vivienda.
Por eso, ante una infestación, normalmente hay que abordar tanto al animal como el entorno siguiendo las recomendaciones adecuadas. Mantener una buena prevención antiparasitaria es una de las mejores formas de reducir este riesgo.
Sarna y otros ácaros
Algunos ácaros que parasitan a los gatos pueden causar problemas temporales en las personas que entran en contacto con animales infestados.
Dependiendo del ácaro implicado, pueden aparecer lesiones y picor.
Pero «mi gato se rasca» no equivale automáticamente a «tiene sarna». El picor en gatos puede tener muchísimas causas, desde pulgas y alergias hasta enfermedades cutáneas.
Si el gato presenta picor intenso, costras, pérdida de pelo o lesiones en la piel, necesita una valoración veterinaria. Y si una persona de la casa desarrolla lesiones cutáneas, debe consultar con su médico.
Infecciones después de mordeduras
Una mordedura de gato merece más atención de la que su pequeño tamaño podría hacernos pensar.
Los dientes felinos son finos y afilados, y pueden producir heridas profundas que introducen bacterias bajo la piel. Una lesión exterior aparentemente pequeña puede terminar desarrollando una infección.
Si un gato te muerde y rompe la piel, lava inmediatamente la herida con abundante agua y jabón.
Las mordeduras profundas, especialmente en manos, articulaciones o zonas delicadas, y cualquier herida que empiece a mostrar enrojecimiento creciente, hinchazón, calor, dolor, secreción o síntomas generales necesitan valoración sanitaria.
También es importante que un profesional valore las medidas necesarias en función de las circunstancias de la mordedura y del estado de vacunación de la persona y del animal.
La mayoría de los casos evolucionan favorablemente, pero las personas con el sistema inmunitario debilitado pueden presentar complicaciones con mayor facilidad.
Rabia
La rabia es una enfermedad vírica muy grave que puede transmitirse a las personas mediante la saliva de un mamífero infectado, normalmente a través de una mordedura.
Los gatos pueden contraerla y transmitirla, pero el riesgo depende muchísimo del país, de la situación epidemiológica de la zona, de si el animal tiene acceso al exterior y de su vacunación.
Ante una mordedura de un animal sospechoso, desconocido o con un comportamiento neurológico anormal, no hay que esperar a ver qué ocurre. La rabia requiere valoración médica urgente porque, una vez aparecen los síntomas clínicos, la enfermedad es prácticamente siempre mortal.
En este caso las decisiones sobre profilaxis después de una posible exposición corresponden a los profesionales sanitarios y a las autoridades competentes.
¿Pueden los gatos transmitir enfermedades respiratorias a los humanos?
Aquí suele surgir otra preocupación, sobre todo cuando tenemos delante un gato estornudando como si hubiera pasado la tarde bajo la lluvia.
Muchas de las infecciones respiratorias habituales de los gatos están causadas por agentes adaptados a ellos y no se transmiten normalmente a las personas.
Esto significa que un gato con un cuadro respiratorio no tiene necesariamente «un resfriado que puedas coger tú».
Existen excepciones y situaciones particulares, especialmente en personas inmunodeprimidas, por lo que ante un diagnóstico concreto lo mejor es preguntar al veterinario si existe algún riesgo zoonótico.
¿Qué personas deben tener más precaución?
No todos tenemos la misma susceptibilidad frente a las infecciones.
Las personas con el sistema inmunitario debilitado pueden presentar un riesgo mayor frente a determinadas zoonosis. También hay que adoptar precauciones específicas durante el embarazo por infecciones como la toxoplasmosis.
Los niños pequeños merecen cierta supervisión adicional porque es más probable que se lleven las manos a la boca después de jugar, manipulen al gato de una forma que provoque un arañazo o todavía no tengan demasiado interiorizado aquello de lavarse las manos.
Esto no significa que estos grupos no puedan convivir con gatos.
Significa que puede ser conveniente hablar con el médico y el veterinario para conocer las precauciones apropiadas según las circunstancias concretas.
¿Puedo contagiarme por acariciar a un gato?
En la mayoría de los casos, no. Las zoonosis felinas no suelen transmitirse simplemente por acariciar a un gato sano.
El riesgo aparece sobre todo cuando existe contacto con heces, mordeduras, arañazos, determinados parásitos o lesiones cutáneas, dependiendo de la enfermedad de que se trate.
Cómo prevenir las enfermedades que los gatos pueden transmitir a humanos
La prevención no requiere vivir con un bote de desinfectante permanentemente enganchado a la cintura. Mantener al día las revisiones veterinarias permite detectar muchas enfermedades antes de que supongan un riesgo para el propio gato o para las personas que conviven con él.
Gran parte consiste en mantener unos hábitos bastante normales: controles veterinarios, medidas antiparasitarias adaptadas al gato, limpieza frecuente del arenero y lavado de manos después de manipular heces o limpiar zonas especialmente sucias.
También conviene controlar las pulgas, evitar que el gato cace y consuma presas cuando sea posible y no ofrecerle carne cruda sin conocer y gestionar adecuadamente los riesgos sanitarios asociados.
Los arañazos y mordeduras deben limpiarse rápidamente, y jugar directamente con las manos no es una costumbre demasiado recomendable. Una caña o un juguete permiten al gato perseguir y atrapar sin convertir nuestros dedos en la presa oficial de la casa.
¿Debo preocuparme por dormir o convivir estrechamente con mi gato?
Para una persona sana y un gato doméstico correctamente cuidado, la convivencia cotidiana no debería convertirse en una fuente constante de preocupación.
Acariciarlo, tenerlo en casa o compartir el sofá no son por sí mismos comportamientos peligrosos.
Lo importante es mantener al animal sano y aplicar unas normas básicas de higiene. Si aparecen parásitos, diarrea persistente, lesiones cutáneas u otros síntomas, conviene acudir al veterinario y averiguar qué está ocurriendo.
Y, por supuesto, nuestras propias enfermedades debe valorarlas un profesional sanitario.
Convivir con gatos no significa vivir rodeado de enfermedades
Sí, existen enfermedades de gatos que pueden transmitirse a humanos, y algunas requieren especial atención. Toxoplasmosis, enfermedad por arañazo de gato, tiña, determinados parásitos y las infecciones asociadas a mordeduras son buenos ejemplos de riesgos que merece la pena conocer.
Pero conocerlos debería servir para prevenirlos, no para tener miedo a nuestro gato.
Un buen control veterinario, la prevención de parásitos, una correcta higiene del arenero y algo tan sencillo como lavarse las manos solucionan buena parte de las situaciones cotidianas de riesgo.
Así que puedes seguir compartiendo casa tranquilamente con ese pequeño animal que se tumba encima de tu ropa limpia cinco minutos después de que termines de doblarla.
Solo recuerda que querer muchísimo a un gato y lavarse las manos después de limpiar su arenero son dos conceptos perfectamente compatibles.